miércoles, 14 de mayo de 2008

Y uniré las puntas de un mismo lazo...

Sueño que estoy en la puerta del aula de la escuela. El maestro dice: adentro, chicos. Busco un asiento y veo a mis compañeros. Le pido a uno que se siente a mi lado, a otro, a otro. Parecen no escucharme. Mi miedo es que se siente alguien que no quiero, que no me interesa. Obviamente, pasa eso. Le digo algo a ese símbolo de la angustia. Trato de no ponerme mal pero por dentro me da bronca. Al despertar trato de unir. Saco conclusiones, me satisfacen y pongo la taza con leche en el microondas.

Horas más tardes, veo una pareja de viejitos. Ella está sentada y el parado. Ella le dice algo. Lo repite más fuerte. Él se da vuelta y la escucha con fastidio. Ella baja la cabeza y la mirada y las manos. No se hablan por un buen rato. Ella le dice algo y él asiente, con indiferencia. Ella se va.

Ya sé que la sincronicidad es poco fiable, que no hay pruebas, que no hay método científico, ok, pero queda clarito, ¿no?


Over.


PD: Amit, recibí tu mail, prometo no publicar lo "no publicable", no te preocupes. Y te agradezco por esa aclaración, que "publicar" es "hacer público", y que además de que uno no debe olvidarse que esa acción tiene un lado peyorativo, también es bueno recordar que tampoco es gratuito. Hay un intercambio de magias, y no pocas veces, se pierde en el cambio.

martes, 13 de mayo de 2008

Pozo negro



Ya pasadas las horas de tus días, Días, digo, tú sabes, no las lentas noches del infierno, ni el torpe engaño de aquel amor, pues vengo a recordarte las palabras del enamorado Ovidio, atención:
“Ático, créeme, es soldado todo amante. La edad idónea para la guerra, conviene también al amor”.
Y sé, porque lo sé y lo he sabido, que al leer esta línea dirás que es preciosa y una estupidez al mismo tiempo.
Como yo.


Over.

domingo, 11 de mayo de 2008

Telarañas

El verano ya planeaba sobre todas las terrazas, sórdido, anunciando en cada ventana que ese año sería el peor. Thaos, que ya había decidido suicidarse, concluyó que la muerte sólo podía elegirse en uno de esos días. Pero antes había observado otra cosa. Al abrir los pensó que aquella mañana era distinta por tres razones: 1) no recordaba ningún sueño, 2) no tenía ganas de fumar, 3) la ventana estaba sana. Lo primero era una sorpresa fingida; aunque no le gustara aceptarlo ya hacía varias semanas que los sueños se le esfumaban antes de rescatarlos, que las pesadillas no lo golpeaban minutos antes de despertar. Lo segundo era extraño, es verdad, porque hacía tiempo que le había agarrado la sucia costumbre de encender un cigarrillo incluso antes de tomar un poco de agua. Ahora lo tercero era inconcebible. Él mismo había visto los vidrios desparramados y quietos debajo del espacio abierto que se veía en la ventana. Él mismo ya se había sorprendido de no haber escuchado nunca el ruido de la rotura, de la piedra inexistente, del viento entrando de madrugada, de la decisión de dejar los pedazos ahí, como quien deja señales de que algo diferente ha sucedido.

Thaos insultó al clima, al clima de la ciudad, a la ciudad que nunca había despreciado lo suficiente como para asociarla a lo prescindible. Se levantó y fue directo a la ventana. Tocó el vidrio para corroborar lo que sus ojos ya habían aceptado. No podía ser, hacía como..., cuánto hacía que estaban los vidrios rotos ahí, desparramados y quietos. Fue hasta la cocina, buscó un vaso de agua, miró el agua, agitó el vaso y recién después la bebió. Apoyó las manos en el frío mármol que formaba la mesa de la cocina y se le juntaron las palabras que Ligia le había arrancado de la boca aquella noche cuando lo abrazó por última vez, envuelto en el sudor de otra pesadilla: “Hay telarañas en todo el pasillo. Cuando camino las hago a un lado y sigo hasta la habitación. Enciendo la televisión para callar el ruido monstruoso que viene desde el comedor. Sé que es inútil pero igual lo hago. Se está haciendo tarde y miro el reloj y va cada vez más rápido. Me rindo sobre la cama y miro el techo. No quiero ir. No quiero volver a ver las telarañas y llegar al comedor”. Pensar que Ligia se quedó mirándolo, lejana ya, simulando piedad delante del desinterés y la urgencia que le dictaba irse para siempre. Pensar que Thaos se lo dijo y no se lo quería decir. No. Quería que ella lo escuchara sin que él lo dijera. Thaos. Y después fue un elástico segundo, todo el tiempo hecho un péndulo que le hacía repetir la primera palabra, mirarle la cara a Ligia y terminar.

El calor desde temprano, una tortura recién iniciada, y Thaos que debía salir, enfrentarse al sol, porque además había salido el sol como si ya no fuera suficiente, carajo. Y entonces sonó el teléfono, y cada rítmico silencio desbordaba de imágenes, secuelas, corridas, y hola y del otro lado cortaron. Eso era peor, porque nadie era cualquiera y cualquiera era una persona, era la elección en la nada. Hay gente que intenta espantar a la soledad de muchas maneras. Algunos miran televisión, algunos viajan, algunos hacen cuentas, algunos sospechan de todo, algunos hablan por teléfono, algunos se despiertan, algunos no duermen, algunos callan, algunos duermen, algunos se casan, algunos tienen hijos, algunos abren los ojos y piensan que las mañanas fingen el fiel engranaje de un comienzo, una sombra que no empieza ni termina nunca, nunca.

La luz le pisó los pies a la noche, la desafió, y Thaos creyó que no llegaría nunca el respiro de estrellas calientes. No quería volver a su casa, no quería atravesar el pasillo, no quería que su la mirada viera la ventana entera, porque no podía ser que los vidrios no estuvieran quietos en el piso, él mismo los había visto y dejado ahí, aunque todo el tiempo hubiese querido barrerlos, sacarlos, llevarlos a otro sitio. La calle se vaciaba y el calor aflojaba un poco. La leve brisa era mejor que la leve nada. Definitivamente no quería volver.

A su izquierda, Ligia estaba inmóvil, con los ojos quietos en el techo y murmurando algo en su respiración, cierto canto imperceptible. Thaos tenía calor y aunque lo intentara no podía dejar de buscar constantemente la zona fría de la cama. Sin mirarla, le dice a Ligia: “ Por suerte está rota la ventana y entra algo de fresco. Todavía están los vidrios ahí, ¿no?, habría que barrerlos algún día.” Ligia lo mira. Thaos se da vuelta. Ligia le sonríe como quien quiere contestar y no dar una respuesta.

viernes, 9 de mayo de 2008

Te sigue remando la noche


Vas remando en la noche, agobiado de rumbos y pretenciosamente libre de escrúpulos.
Vas remando la noche acatando ese rancio sistema de coordenadas que papi te contó antes de irte a dormir.
La noche te rema a distancia, hinchada de penumbras y traiciones. Baila el bote el baile de la duda, cuando tu discurso se cae a pedazos, cuando la fase rem te suelta las amarras. Apenas tolerás el sueño de tu vida pero doblás la espalda ante esta noche que rema tu mente. Todo es falso. Todo es una construcción, de ladrillos reales para techos fingidos.
Cada segundo de cada minuto, la lucha contra lo real. La oscuridad oye esas palabras: La madurez es la cara bonita de la resignación.
La noche recuerda tus antojos y tus planes.
Te sigue remando la noche.
Te sigue obligando a decir estupideces.


Over.


Pd: Amit, agradeciendo tus deseos, mazel tov para ti también.

jueves, 8 de mayo de 2008

Pozo negro



Colapsan las banderas, los signos
Los apátridas son mis camaradas
Las camas ya no arden
Los corazones braman olvidos.
Todo esto, y sin embargo,
nada parece quebrar tu pulso
de óxido y nieve


Over.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Mira quién mira







"A walking doll
" se puede parafrasear como "a doll that walks". Del mismo modo, "a washing machine" sería "a machine that washes". También está "fishing rod" que sería "a rod for fishing". Siguiendo lo último, "a looking-glass" sería "a glass for looking". Ahora bien, por qué no puede ser "a glass that looks"?

Ese tipo de preguntas que los profesores no entienden y la dan por incorrecta. No insistas, no-lo-entienden!


Over.

martes, 6 de mayo de 2008

Mejor, Carver.




Iba a escribir algo sobre el miedo, pero Carver lo escribió mejor. Casi siempre escribe mejor, será posible.


Fear of seeing a police car pull into the drive.
Fear of falling asleep at night.
Fear of not falling asleep.
Fear of the past rising up.
Fear of the present taking flight.
Fear of the telephone that rings in the dead of night.
Fear of electrical storms.
Fear of the cleaning woman who has a spot on her cheek!
Fear of dogs I've been told won't bite.
Fear of anxiety!
Fear of having to identify the body of a dead friend.
Fear of running out of money.
Fear of having too much, though people will not believe this.
Fear of psychological profiles.
Fear of being late and fear of arriving before anyone else.
Fear of my children's handwriting on envelopes.
Fear they'll die before I do, and I'll feel guilty.
Fear of having to live with my mother in her old age, and mine.
Fear of confusion.
Fear this day will end on an unhappy note.
Fear of waking up to find you gone.
Fear of not loving and fear of not loving enough.
Fear that what I love will prove lethal to those I love.
Fear of death.
Fear of living too long.
Fear of death.

I've said that.

Miedo a que el coche de la policía estacione en la puerta.
Miedo a dormirme esta noche.
Miedo a no dormirme esta noche.
Miedo a que el pasado se levante.
Miedo a que el presente vuele.
Miedo a que el teléfono suene en medio de la noche.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo a la mujer de la limpieza que tiene una mancha en su mejilla.
Miedo de los perros que me han dicho que no morderían.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo a no tener más dinero.
Miedo a tener demasiado, aunque nadie me creería esto.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y miedo a llegar antes que nadie.
Miedo a las letras caligráficas de los niños en los sobres.
Miedo a que mueran antes que yo y sentirme culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre en su ancianidad y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine sin un toque de felicidad.
Miedo a levantarme para comprobar que te has ido.
Miedo a no amar o miedo a no amar lo suficiente.
Miedo a que lo que amo sea mortal para quienes amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado.
Miedo a la muerte.

He dicho eso.







Over.


PD: Con aroma a Leonard Cohen, pero con la pulsión magistral del gran Raymond. Algunas líneas del poema, electrizan. Salud