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sábado, 20 de julio de 2013

Luces.




Qué ganas de no dormir esperando, hoy, justamente tan cerca de que me huelas el pánico. Si llegaste hasta aquí, cómo, desde lejos y todos tus otros años ignorándote. Porque Ceci se cruza de piernas sobre el sillón y parece más chiquita aún. Vamos, que nadie puede olvidar tu mano sobre tu cara y de repente que todo se instale en la realidad.

- Tapetum lucidum, bien a lo Harry Potter, qué tal. Viste que los gatos, cuando los ves de noche, parece como si le brillaran los ojos. Los perros también, pero menos. Todo se debe a una membrana que tienen detrás del ojo, que vendría a ser como un espejo donde se reflejan los rayos de luz.
- Por eso el rojo de las fotos.
- No, mon chérie, eso es otra cosa. Es por la pupila dilatada, entonces la luz entra e ilumina los vasitos sanguíneos. El ser humano no tiene el tapetum porque no tiene hábitos nocturnos.
- Voilà, para eso inventamos la linterna.
- Digamos.
- ¿Y cómo es que sabés tanto?
- Sé mucho de algo, no de todo.
- Bueno, yo sé de todo, ejem.
- Ahora sabés del tapetum.

Entonces pasa todo en un segundo. La yerba, por ejemplo, que Ceci acomoda en el mate de forma casi obsesiva. Sus dedos huesudos, sin anillos, que aprendieron muchas más cosas. Con la mirada atenta, me habla de los conos y los bastones, como dirigiéndose al aire, al espacio entre ella y yo, que es la distancia que nos agobia y negociamos. Yo sé poco, y ella también, pero nos divertimos abriendo las tapitas para ver qué hay dentro de los frascos. Y así pasa el frío. 

Over.
 

lunes, 15 de abril de 2013

Perdiendo trenes.




La tarde cesa más rápidamente, se desmorona de repente cuando el reloj no llega ni a las seis y media. Creo que Ceci tarda más de la cuenta cuando en realidad llega a la hora de siempre. Cansada y con una mochila que no abandona aun contra mi insistencia. Se rinde artísticamente  sobre mi cuerpo y suspira o dice que está muerta.

El gato la rodea sin reparos y ella lo levanta con fuerza. Me dice que no es la primera vez que escucha que alguien dice que los gatos y los perros no tienen páncreas, que por eso no hay que darles cosas dulces. Me mira y hace un gesto de abatimiento, de que hay mitos que giran y ganan porque tienen un fundamento interesante. Como debe tener un mito, agrego con cierta displicencia. Sí, dice, pero hay burradas y burradas. Le digo que los caballos no tienen vesícula, y ella, sin asombro, me contesta que no lo sabía, pero que tampoco suena extraño. Por lo que comen, perfectamente pueden prescindir de una vesícula biliar, como de hecho lo hacen los carnívoros cuando se les extirpa.

Me explica la función de la vesícula biliar, cómo trabaja cuando uno ingiere muchas grasas, hace como si uno tuviera un globo lleno de agua en la mano y lo aprieta con fuerza para que salga el líquido. Hace un ruido también, “fffffff”, y se le hinchan los cachetes y yo me río y la quiero.

Hay gente que más que vivir en la ignorancia, se rodea de certezas equivocadas, cosa que no pocas veces es mucho peor.

No sé por qué Ceci se puso tan vehemente con el tema. Supongo que debe escuchar muchas cosas. Y también estoy seguro de que viene a escucharme a mí, para olvidar o perderse.

Me quedo con el mate en la mano y me pierdo yo también. Levanto la mirada y le pregunto si conoce el disco de Chet Baker, Let´s get lost, el de la peli. Conozco la canción, me contesta. No, hay un disco, el soundtrack de la peli, que es hermoso, canta canciones menos conocidas. Está Everything happens to me, cantada con esa voz tan áspera, donde dice I guess I'll go through life, just catching colds and missing trains. Ceci me mira y entrecierra los párpados. Espera que siga. Sigo. Es tan hermosa esa letra, la música no tanto quizás, pero el tipo dice que encima se enamoró una sola vez y justo fue ella, a quien le canta. ¿Te das cuenta Ceci, el tipo dice que todo le pasa él, incluso enamorarse de quien lo deja?

Yo nunca voy a dejarte, va a ser al revés. Esas cosas que se dicen, le contesto, la gente a veces dice cualquier cosa. Idiota, me dice Ceci, ¡largá ese mate de una vez!

Over.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Todos los gatos del mundo.

Estoy leyendo La Conciencia de Zeno. El gato duerme a mi derecha. Miro al gato, vuelvo al libro. Con clara influencia borgeana, pienso: el gato está soñando que yo estoy leyendo La Conciencia de Zeno. Pienso otra vez: Si despierto al gato y yo sigo aquí, estoy equivocado. Despierto al gato. Sigo aquí. Algo no me conforma.

El gato me mira adormecido y fastidioso. Sigo: en realidad no es mi gato el que me sueña sino que es una conciencia onírica felina, y basta con que un solo gato se mantenga dormido para que todo siga su curso.

Se lo cuento a Ceci que aparece por la escalera. Lejos de asombrarse, me cita a Borges y me dice que el sueño parece demasiado prolijo, y me pregunta por qué sospecho de los gatos. Porque duermen tres cuartas partes del día. Está bien, me dice Ceci, pero por qué los gatos están dentro del sueño, pregunta.

El gato vuelve a dormirse. Pienso en el sueño del cual es parte, y en la inutilidad de despertarlo para corroborar mi fantasiosa sospecha.

¿Y si despertamos a todos los gatos del mundo al mismo tiempo? - pregunta Ceci y guiña un ojo. ¿En qué se convertirían si ya no son parte del mismo sueño? La veo venir, juro que puedo sentir su hermosa conclusión. Entonces hay un gato que jamás se despierta, el que sueña a todo el resto como un espejo. Si despertamos a todos los gatos, eso sería parte del sueño también. Y como no pasaría nada, en algún momento se dormiría alguno, y punto.

- ¿Sería algo así como un Dios? - pregunto tan tontamente.

- No, Dios es otra cosa, qué estás diciendo - contesta Ceci y me golpea - Además, si fuera así, jamás podríamos despertar a ese gato único.

- ¿Por qué? - y me quiero morder los labios.

Cecia me mira y abre los ojos. Mueve al gato hacia los pies y me pide que le haga un lugar. Sigo con Zeno, su conciencia y su padre que muere. Algo cambió.


Over.

viernes, 29 de julio de 2011

A ver, un poco más de este lado.


Ceci vino a la tarde, la mejor hora de su atávica nostalgia.

Quizás haya sucedido que estaba en el aula, ya del otro lado del mostrador, y uno de los alumnos me dijera: a vos que te gustan los juegos de palabras, leé este cuento: “Marcela reclama.”

A diferencia de los adultos, que relacionan hechos y observaciones, los niños tienden a clasificar y memorizar con pasmosa urgencia, vírgenes todavía de las suspicacias e intrigas. A lo mejor, yo era el maestro que juega con las palabras: un actor atado a un escenario lúdico que nos ponía a todos en el mismo lugar. Espejados desigualmente, ellos viendo en mí el futuro: yo siendo el futuro, asombrado por la realidad de haber sido.

Ceci vino a la tarde, y yo le conté que alguna vez me quedé pensando en todo esto que digo, y ella me perdió de vista, perdida ella en otro pueblo, otro año, fuera de mí.

Ceci vino a la tarde, desde otro barrio, sin odiar el odioso calor: la odio. Homeostasis de la vida, dije, el sospechoso equilibrio, terminé.

¿La vida no es un sistema cerrado?, pregunto. No, dice Ceci. Sí, digo yo.

Marcela reclama.



Over.

viernes, 4 de febrero de 2011

Mermelada.

Ceci dice que ve tanta realidad, tanto dolor “ubicable”, que se le hace difícil entrar en la atmósfera. La “atmósfera” no es más que la inclusión del todo, la temeraria redundancia del ser . El jazz mental que nos pulsa a los dos.

Por eso, cuando en medio del humo, yo dije: “es cuando se disuelve el yo, ahí se pierde el hilo del misterio, la creación. Sólo existe la creación individual, y en ese caso, la opción por la conducta gregaria no implica error, es más, suele encarnar la mejor forma de la felicidad”, Ceci se rió.

Ceci se rió, porque hay que reírse cuando uno verbaliza lo que debe ser escrito. Porque en el discurso hay tonos, no hay comas, hay mi cara de sabiondo beligerante, mi cerebro acelerado. Tu indiferencia. Tu risa indiferente. Tu caricia indiferente a mi combate mental contra un enemigo fantasma.

Ceci, te ubicás en algún lugar que desconozco, porque ando resumido en alguna alcoba de la torre de cristal. La distancia es miedo. El soporte existencial a tiempo completo es una excusa. Todo es una excusa y un reclamo.
Me hablás, es música, un tono sobre otro, mayor y menor, del espíritu gregario, que un ser humano no es un tigre. Los tigres, te dije, tan asombrosos. Tenés razón, Ceci, pero es esto que me toca entre las manos. Ya nos pusimos de acuerdo en que no hay salida, no hay sentido, no hay contrato. Es esto.

Es esto.



Over.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Uno, dos. Uno, dos.






Tu gato tiene pesadillas – dice Ceci, - mirá los espasmos que tiene, ¿con qué soñara?

Ceci vino a mi casa nueva y vio mucha luz, a vos te va a hacer bien, aunque no te guste, sabés lo que daría yo por una de estas ventanas.

Ceci ya no vive enfrente, ni nadie escucha a Sviatoslav Richter y dice: este tipo tiene una mano de más. Nadie viene del sur. Nadie me toca el timbre para avisarme que Keith Jarrett sacó un disco. Llega todo por teléfono. Todo se hizo remoto. Algo no encaja pero tu cabeza recortada por el ventanal, sube y baja las escaleras, esto es así.

El mate es igual. Los cuerpos son iguales. Me toca la nariz y dice “polidipsia psicogénica” y arranca. No, nunca supe de nadie que la sufriera, pero se da. Después te ponés de pie y empezás con la marcha tabética, y los milicos, y yo digo Horowitz. Palabras mayores. No, no tengo ningún disco. No te puedo dejar solo. No.

Mi gato tiene pesadillas y lo despierto y me mira y creo que ya está.


Over.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Esos labios podrán mentir

Volvió Ceci. Una acción imposible. Pero volvió a darle sentido a los cinco metros de distancia, puerta a puerta. El pueblo no cambia. Yo justo había leído sobre el Mundo de Margaritas y le empecé a contar sobre las flores blancas y las flores negras, el equilibrio, un yin yang hipercientífico con ecuaciones y todo. Me da tanta vida verla vivir, el correrla del tiempo por unas horas, como ella a mí.

Claro, a la doctora le salió lo de la homeostasis, como si nada, y encima me noqueó con histéresis. Sí, intenté con resiliencia, en vano, es otra cosa, nene.

- ¿En qué tiempo vivirá tu gato?, me pregunta, - Ahora que te vas quizás no quiera seguirte.
- ¿Hablás de vos o del gato? 1 a 1

Este disco era de mi abuela, la Celi, y me lo regaló a mí. Flores Negras, me dijo. Alucinaba, la nona.

Flores negras antes del frío de arroz y las manos rápidas. ¿Si me siento mal vendrás a curarme?






Over.






domingo, 4 de abril de 2010

Para Ceci.


Volvió Ceci y vuelve mi oráculo galeno. Vuelve el piano de Jarret y la voz de Etta James. Y vuelve también, por qué no, la hora suave de la nostalgia, mi pasado imposible en un pueblo del sur, el amor bajo la sombra, el desgarro de ver que todos se van.

Volvió Ceci y me cuenta sobre una amiga que se "quedó". Que el esposo tiene una farmacia y ella se dedicó a los dos hijos, que habla de libros que enseñan a educar, y que recita de memoria lo que le sucederá a cada uno de sus niños mientras vayan creciendo. Vos me entendés lo que te quiero decir, ¿no? No hablo del eterno adolescente, que quede claro. ¿Vos qué opinás?

Opino esto Ceci ( y la mitad te lo debo):


El litio te salva o te mata, según de qué lado estés. Eutimia, Distimia, Eulogia, Eugenesia.(¿Eugenia nombre-estigma? Eu viene del griego “correcto” “bien”. Piense: Eutanasia.

Thanatos. (Ático - tanático – tan ático, ja!)

Génesis, origen, creación. Genes, genético. Teratogénico. ¿No es fuerte que terat signifique “monstruo”? Todavía viven los niños de la talidomina; mamá evitaba las náuseas, papá se sedaba, y después del primer llanto comenzaban las sospechas de focomelia. Ok, todo bien, pero por más que venga del griego, lo de “miembro de foca” es poco feliz. Feliz. Eutimia. Timia – tímida – timo. (Por 150 euros, le enseñan el uso del timo en el test del estrés, o el significado de Koriki, y a estar mejor. Eso dicen.)

Volviendo a focomelia, dismelia es menos agresivo, no es lo mismo, pero bueno, ok, sí, qué tanto con la palabra, ¿no?

Inhibidores de la recaptación de la 5-HT, se puede vivir sin saber qué son. ¿Y el citocromo P450? Se puede vivir también. Y usted quizás esté muy nervioso, y la píldora que traga tiene algo que ver con el ácido gamma-aminobutírico, o bien que la glándula suprarrenal esté segregando cortisol como loca, y que usted no sepa nada de esto no le hace nada a su vida, Ud. puede vivir lo más bien. Y que los priones no son seres vivos. Y ni hablar de los islotes de Langerhans o de la torsade de pointes.

Ud. puede ignorar tranquilamente todo eso y aún así vivir. Ah, y que los perros y los gatos tienen un temperatura promedio de 38º a 39º, y que por fin se descubrió la razón específica por la cual la mujer no rechaza el feto por tratarse de un cuerpo extraño con sangre del padre. O bien, que durante la fase REM su temperatura, respiración y frecuencia cardiaca pierden un poco el control. Qué más da, qué importancia tiene todo esto.

¿Si es útil saberlo? Bueno, no, si Ud es electricista o arquitecto, puede prescindir totalmente de su utilidad. Se puede vivir sin saber nada, mucho tiempo, y muy bien. Se puede prescindir de toda información, de interés, de búsqueda, de iniciativa. Hasta puede prescindir de respirar, que si se desmaya, el SNA lo va a hacer respirar a la fuerza. Puede actuar como su cuerpo, por impulsos eléctricos que allá en lo hondo trabajan el tejido sin pedirle permiso. No sepa nada, no averigüe nada, no insista. Ud. puede vivir lo más bien, preparar la cena y comerse un heladito. Ir a la reunión de padres y a la esquina a ver si llueve. Por lo de solipsismo, te llamo mañana. Epiplón!


Over.

Ladies and gentlemen, Etta James:










miércoles, 3 de febrero de 2010

Dos en uno, dos no son uno, uno y vos.









Ya era tarde, y encima el calor tan degradante, pura injusticia, el gato y la coca-cola light.

Me cuenta: hoy tuve un paciente que me preguntaba sobre la evolución de su enfermedad, y quería saber si se iba a curar definitivamente. Pero antes de que le conteste, me dice: doctora, yo siento que no me voy a curar, y usted no me lo diría nunca, porque si me dijo que me iba a poner bien, no me puede mentir ahora. Así que si me dice que me voy a curar, no le voy a creer.

Me quedé absorta, qué tal la palabra, dice Ceci, como que me reí y el paciente se rió y yo lo único que le pude decir es: entonces no hay salida.

No hay salida, dijo Ceci, y yo repito: no hay salida. Un eco a destiempo nos equilibra casi absurdamente. No tan absurdo como el quimerismo, le arrojo.

Ceci ya me ve venir, me anticipa con dulzura, cara de maestra ante alumno curioso. El quimerismo es un mito médico, alucinante dirías vos, con una teoría muy convincente, te diría yo, pero un mito. ¿Un mate o un mito? Me pregunta sagaz.

Mate y no jaque, le respondo tontamente, y qué receptor se abre para abrigarte, Ceci, qué flor cerebral me obliga a no dejar de desearte. Yo no te pregunto nada, Ceci, porque me anticipás dulcemente y por algo callás. Por ese pueblo, alguien en ese pueblo, tu pueblo pasado y los años que jamás nos cruzaron.

Mate, Ceci. Mate.



Over.


viernes, 4 de diciembre de 2009

Solos y juntos.

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No sé si es más importante que la temperatura adecuada para cebar mates, pero Ceci me lo cuenta y yo me hago más pequeño.

"Viste que en el prospecto de muchos medicamentos aparece la advertencia sobre su acción colinérgica o anticolinérgica. Bueno, a ver, colinérgico sería de algún modo la capacidad del organismo para producir acetilcolina, que es un neurotransmisor, pero que a la vez se encuentra en muchas partes del organismo.
Por ejemplo, vos cerrás el brazo, entoncés se libera una cantidad de acetilcolina para que el músculo se contraiga. A vos te duele la panza y te tomás una pastilla que seguramente será anticolinérgica, ya que al ser antagonista de la acetilcolina, relaja tota la zona gástrica. Eso sí, si tomás muchas pastillas, comenzarás a sentir la boca seca, ya que la glándula que segrega saliva, será relajada y no la producirá. ¿Queda claro, o me enrede mucho?”

Ceci hace así con las cejas, con un miedo actuado que no es más que ternura infantil. Acetilcolina, le digo, repetimos, me rebota colina, viste que al repetir se pierde el significado y el sonido arma otra cosa. Qué cosa. No, no es “cosa”, la palabra, me entendés. Aunque yo quería hablarle de Artie Shaw, o de la idea de irse al medio de la montaña y encerrarse unos meses, como en la novela de Murakami, y escribir todo lo que tenga por escribir, y bajar de la montaña. “Como el mensajero de la paz”, me dice Ceci guiñándome un ojo y me pregunta quién es Artie Shaw. Un escritor mediocre, le digo, esperá, y voy a casa y traigo un disco y le digo, escuchá, esto es tremendo.

Mientras sueña Nightmare, le propongo a Ceci que imagine el humo de varios puros, un cognac, sillones de pana, muchos hombres. “Si hay algo que no me gusta, es el cognac”, me dice Ceci. Acetilcolina Ceci. Después, todo es amor y sueño. En ese orden, siempre.


Over.


lunes, 2 de noviembre de 2009

The living dead

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Hablamos de la duermevela, pero yo le digo que no, que quiero decir otra cosa, y ella ensaya palabras y casi sonriendo se justifica, no puedo evitar los libros. Me quedo pensado en esa línea: no puedo evitar los libros. Metamensaje, le digo, lo que no podés es evitar, son las definiciones que leíste en los libros, las clasificaciones, no los libros en sí. Por eso yo soy médica y vos escritor, me dice Ceci, si fuera al revés, la gente se moriría de dolor y de aburrimiento. Evitamos la muerte, exagero. Exagerás, cariño.

Algo que vela el sueño, esos minutos previos antes de caer. Por ejemplo la veo frente a mí, ensayando una respuesta para todo. Le lleno los labios con palabras, yo le digo, ella me dice. Yo le hago decir. Insiste con lo mismo. Entonces yo le digo que me queda mi mitad y su mitad, y que la mitad que ella niega, termina cansándome. Gracias que puedo con mi cuerpo, como para andar con lo que ella niega. En verdad no lo niega, lo rebaja o le quita importancia. Es como amar a un muerto, todo el trabajo lo hace uno sólo. O bien el muerto es uno, y ni se da por enterado.

Síndrome de Cotard, me interrumpe Ceci. Tan literario, ¿no? Me explica el síndrome. Me dan bronca sus acotaciones. LE digo que me dan bronca su acotaciones, y ella me entiende y se besa los dedos y se los lleva a cada mejilla. Tendrías que quitarle el velo a los sueños, diría el psicólogo. ¿Para vos el psicoanálisis es una ciencia? Ni para mí, ni para nadie, pero qué importa. Es cierto, no importa. Nos miramos y repetimos a coro: resultados.

Vamos a comer algo rico, dale. Pará las rotativas. Qué antigua, nena. Habló el adolescente, andá a lavarte las manos, querés.


Over.




lunes, 22 de junio de 2009

Ay!




Ceci me contó sobre la túnica albugínea, y remató: “el mito no es tal, se te puede quebrar. A que te da un dolorcito ahí, ¡eh!”
Con la boca gesticulé el posible sufrimiento y le pasé otro mate. “¡Otra que cálculos o dolor de muela, mamita!”.

“Che, y el noviecito ese que tenías, ¿nunca más?”, le pregunté con tono de vieja mala. “No hablo, más o menos, desde la última vez que me contaste de esa noviecita tuya que tenías, estudiaba contabilidad, ¿no?”, me contestó guiñándome un ojo, con esa lacónica fiereza que sólo una mujer puede alcanzar.

Después de la carcajada, le repetí la pregunta, cambiando un poco las palabras, en el fondo quería saber otra cosa, pero Ceci entiende todo.

“Vos sabés que en Chos Malal, cuando tenía quince años, me puse de novia con un chico que estudiaba en otra escuela. Un día me dijo que me pasaba a buscar al mediodía. Eran como las dos y no llegaba, y me acuerdo que vino Nina, la señora que atendía en la panadería de la vuelta, llorando y tapándose la cara al mismo tiempo. Cuestión que me abrazó y me dijo: hija, tenés que ser fuerte. Te imaginás que no entendía nada. Resulta que mi noviecito quedó atrapado debajo de un camión con bici y todo.

Fue tremendo, porque te imaginás que el pueblo entero estuvo consternado durante un mes. Lo peor es que todo el mundo venía y me consolaba y yo no sabía qué hacer. Te lo digo ahora aunque suena mal, pero a mí mucho no me importaba, claro que es feo que se muera alguien así, y encima de tu edad, tan chico, pero a nivel sentimental, ni bola, me entendés. Me queda como un gusto amargo de fingir angustia, algo que se repitió varias veces después, con los años. Peor es estar angustiada en serio, ya lo sé, pero fingirla, tampoco es nada lindo, te lo aseguro.”

Chupó la bombilla y me tocó la mano como quien intenta que alguien regrese de algún lugar muy lejano donde fue condenado a no moverse. “Esta yerba está lavada, esperá que la cambio y seguimos.”


Over.


lunes, 25 de mayo de 2009

Oscurece.




Uma ladra su alegría y le junto las patas de adelante y se queda inmóvil, como diciendo: así no, entonces la suelto y vuelve a la carga y es toda una vuelta al mundo. Entonces llega Ceci, y Uma se asusta por la puerta del ascensor pero al reconocerla repite lo mismo, ladra su felicidad. Nos vemos.

Ceci tiene una mano ocupada con la cartera. Usa la otra para señalarme con el dedo índice: “Usted, a casa, tengo información”. No lo dudo.

Hoy tratamos un caso de amaurosis fugaz, ¿le dice algo? Repito: “amaurosis, a-mau-ro-sis” No, doctora.

“A usted que le gusta, se trata nada más ni nada menos que de una ceguera monocular, es decir, no ves de un ojo.”, dice con su tonito de maestrita. “Y supongo que lo de fugaz es porque se va rápido. ¿Una basurita en el ojo?”, arriesgo sin miedo.

“Bueno, podría decirse, pero la “basurita” viene por dentro. Básicamente es por el desprendimiento de un pedazo de placa que sube por la carótida y llega hasta la arteria de la retina, ¿qué tal?”, dice Ceci con satisfacción. Yo sé que sabe que me iba a gustar el cuadro, y más por la palabrita usada: fugaz.

Me pregunto por qué a Ceci le interesa contarme todo lo que me cuenta. Digo, bastante tiene con su profesión mal paga, como para encime tener que aguantarme a mí, preguntándole de todo. Se lo pregunto. Me responde: “Sabés por qué”. Acto seguido, me echa de su casa, que se va duchar y que tiene una cena, mañana hablamos, chau.

Me quedo del otro lado de la puerta. Querría preguntarle con quién y adónde. Pero estoy del otro lado de la puerta y Ceci se va a duchar.

Entro a casa. “Amaurosis: del griego “amauros” (ἀμαυρός), ensombrecer, oscurecer”.


Over.


miércoles, 15 de abril de 2009

One of these mornings You're goin' to rise up singing



Bueno, que Ceci se levanta todos los días a las ocho y que sueña con volver al pueblo. Y no siempre en ese orden.

Por mi parte, ya le regalé la pava de acero, que según ella es “taaan porteña”, pero bien que le gusta y no me lo dice.

Le pregunto sobre el dengue. Me mira y me hace cara de ¿te-parece-tema-de-conversación? ¿Conocés a Wolfgang Haffner?, me pregunta de la nada. Cierro los ojos y oculto la bronca. “Es un baterista alucinante. Se mandó el disco Acoustic Shapes, que se consigue en vivo, y es tremendo. Es una mezcla de jazz Standard y nu jazz, algo muy personal. Esperá que busco el disco y te lo hago escuchar.

Pienso: es médica y sabe de jazz. Es linda y triste. Se ríe de verdad y no sabe olvidar. No pienso más.

La miro y trato de hacer cotizar un poco mi ego de supermacho. “¿No tenés algo de Jarret?” Se da vuelta y mira hacia arriba como si buscara el disco en algún lugar inaccesible. “Uy, sí, tengo una versión de Summertime que te saca de las casillas. El tipo está poseído.”

Empiezan esos dedos a hacer de las suyas. Impactante lo de Keith Jarret. Impactante como Ceci que me mira a cada rato y me dice: “Escuchás, qué locura!”.

La veo bailar a contratiempo, ida. Hasta que se calma y se sienta y me invita, tomamos unos mates.
Ceci, ¿cuál es la diferencia entre decir que estás angustiado y decir que hay una fuerte recaptación de serotonina? Me mira y me contesta: “Mucha o poca, no lo sé. Pero sí te puedo decir que no hay neurotransmisor que sepa quién te dejó, eso es seguro?

Summertime and the livin’ is easy…





Over.

domingo, 1 de marzo de 2009

Apagarse.







En la casa de Ceci, la lluvia se escucha pero no se ve.


- Ayer estaba en “Gineco” y baja una enfermera y nos dice que un terapista se sentía mal y que si alguien podía subir a dar un mano. Sabiendo que no me quedaba otra, me levanté y fui con la enfermera para el cuarto piso.

Antes de llegar a terapia, hay una puerta que da a una sala para pacientes en estado de coma. Le dije a la enfermera que ya iba y me metí en ese lugar.

Me quedé mirando a uno de los pacientes. Era joven, ponele treinta años, con el tubo en la boca, la pantalla que medía las pulsaciones y la saturación, el ruido mecánico del respirador y la sábana hasta el cuello. Leí la tabla: accidente en moto, paro, resucitación, pérdida de bazo y riñón derecho, coma. Seis años. Hacía seis años que estaba ahí o en otro lugar, yo qué sé, pero seis años tendido en una cama sin despertar. Pensé que si se despertara ahora, su ayer sería hace seis años, tendría las mismas dudas, los mismos apuros, hasta quizás amara a la misma mujer.

“- ¿Vos decís que el amor en el recuerdo es lo mismo? – pregunté sabiendo que hacía la pregunta más imbécil y vulgar de toda mi vida”

- No sé. Lo que te digo es que de repente, algo pasa, tan fuerte que te voltea pero no te deja morir. Quedás suspendido, a partir de ese momento las cosas siguen igual pero para vos el tiempo queda flotando, no va para ningún lado. Es como que vas para adelante pero sin moverte. Es terrible, es como que te parte un rayo y seguís como la gallina sin cabeza.


Yo sé de lo que hablaba Ceci. Sé perfectamente que no tenía nada que ver son la medicina, ni la metáfora. Y sé que ella no pasó por alto que a mí también me sacudirían sus palabras. Porque Ceci es médica, pero es mucho más Ceci, algo que muy pocos doctores logran ser. Muy pocos.


Chau Ceci, mañana te llamo.



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viernes, 16 de enero de 2009

Hippo...



Miramos la tele y comemos maní salado, o tomamos mate, y a veces me gustaría volver a fumar. O no saber lo que sé. Dije: no saber. No dije: olvidar. Por alguna razón que no tengo ganas de explicar, “no saber” y “olvidar” son dos cosas distintas.

Ceci me habla del hipocampo. Me habla de memoria secuencial, de memoria semántica, de su participación en la consolidación de la memoria.

Le digo: “Siempre me lo confundo con el hipotálamo.”
“Uy, nada que ver, mirá, pensalo así, hipotálamo - ASTER: alimentación, sueño temperatura, riñón, eso te puede ayudar”, me contesta con dulce tono docente.
“Eso es Mnemotécnica, y el control de esa función estaría en el hipocampo, ¿digo bien?”, le digo ,entrecerrando los ojos y dándome gala de perspicaz."
"Muy bien, alumno, ve, eso es justamente lo que debe hacer para aprender”, me responde bajándose los anteojos hasta la punta de la nariz. - Eso sí, como porteño, jamás aprenderá a hacer un mate como la gente, mejor siga con la hipófisis.”

Ceci ya llegó a mi vida. Bien.



Over.


viernes, 9 de enero de 2009

Sueña soñando.






La llamo a Ceci y le digo que voy para allá. Abro la puerta, empujo al gato para adentro, cierro y ya veo abierta la puerta de enfrente. Costumbre que por suerte todavía no perdió. Ceci viene del sur, de un pueblo de Neuquén llamado Chos Malal. “Siempre me quise ir, pero no pude dejar de volver, no sé, sentí que volver siendo médica era una forma de demostrarle algo a todo el mundo. Otro día te cuento más, sí.” Y otro día me contó más, pero justo había llegado para hacerle unas preguntas y ella ya estaba con el mate. “Escuchá, Ceci, yo te hago unas preguntas y vos me contestás, dale”. A Ceci le encanta este juego. Se le borra la oscuridad que sobrevive en sus ojos, y eso ya está bien. A ver, ahí vamos:

- ¿Podés soñar con cosas que no existen?
- Sí, podés soñar con gente que vuela, y la gente que vuela no existe.
- Bien. ¿Podés soñar con cosas que nunca viste?
- Sí, bueno, podés soñar con cosas que no viste específicamente, pero seguro que sus partes sí pertenecen a algo que viste alguna vez. Lo que no podés, es soñar con cosas que inventás. Si nunca supiste, ni oíste o viste un sapo, nunca podrás soñar con un sapo, ni nada tendrá partes de un sapo.
- ¿Se estudiaron todos los sueños del mundo?
- Bueno, tampoco se contaron todas las neuronas, una por una, del cerebro. Pero te puedo decir cuántas hay.
- ¿Cuántas hay?
- Tonto.
- ¿Estás en condiciones de negar que pueda heredarse genéticamente alguna experiencia visual?
- No, pero no cambiaría. De algún modo, la imagen fue vista, no inventada. ¿No serás genéticamente preguntón?
- Las preguntas las hago yo, doctora. ¿Cuánto tiempo puedo vivir sin dormir?
- Algunos días, cuatro, cinco, después depende de cómo estés. A los diez días quedás frito para siempre.
- ¿Sabés cocinar tortas fritas?
- Y de las buenas, bien tostaditas. ¿Querés?


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sábado, 27 de diciembre de 2008

Los ojos de Anton






Como su padre, Ceci es médica clínica, aunque siempre quiso ser pediatra. Bueno, en realidad, Ceci siempre quiso ser una estrella de rock, y a decir verdad, por su belleza y voz, no estaba lejos de conseguirlo. El año pasado se disolvió la banda que durante los últimos seis años, la tuvo como cantante oficial. Se llamaban “Breton y su afásicos”, y su música es indefinible, porque a saber por las palabras de Ceci: le dábamos para adelante con cualquier ritmo.

Las letras las componía casi todas Ceci, a excepción de un puñado de canciones escritas con el bajista, de quien Ceci se enamoró y se desenamoró perdidamente. Mientras convenzo a Ceci para que me deje subir las canciones a youtube, conseguí el permiso para publicar la letra de unas de las mejores canciones. Se llama Los ojos de Antón, y dice así:

Una luz embarrada, te guía hacia mí / Quiero creerte, quiero aceptarte / Qué ves a través del falso placer / Qué ves, ciegamente, sin corazón

Antón, los ojos de Antón / Miran y no ven, ven nada / Antón, los ojos de Antón / Miran y no ven, ven nada

Porfiado, callado, mentira, ilusión / Me niego a callarte, tengo razón / Qué ves a través del vidrio sin pez / Qué ves, falsamente, te siento llegar

Quién tiene razón, no ves y no mientes / Yo veo y te niego, / Dame tus ojos, / Dame tus ojos

Antón, los ojos de Antón / Miran y no ven, ven nada / Antón, los ojos de Antón / Miran y no ven, ven nada



PD: "El síndrome de Anton", clave de la letra, claro!


Over.

martes, 9 de diciembre de 2008

Ceci sabe un montón.





Vive en el “D” y es médica. Se corta una fase de la luz y el ascensor no funciona. Entonces me encuentro con Ceci y le digo: “El edificio sufre una afasia elevadora”. Ceci se ríe y me dice que vaya a su casa que tiene algo interesante pra mí.

Ceci vive en un dos ambientes, y si abre la puerta cuando yo salgo, puedo ver la biblioteca llena de libros de medicina, y una importante colección de discos entre los que se destacan Marvin Gaye y Keith Jarrett. “No conozco a ninguna mujer que se interese tanto por estos músicos.” Ceci, para hacerte sentir un imbécil, se ríe, se pone seria, y abre los ojos, en ese orden, y lo logra. Pero esa vez me dijo: “Está bien, de todas las mujeres que conocés, ninguna se interesa. Pero vos querés decir otra cosa, hablás de las mujeres en general. Si conocés un puñado de mujeres, no las estereotipes.” Pum, al blanco!

Ceci prepara mate y le mete cáscara de naranja. ¿Quién inventó esa asquerosidad? Pero es buena, y cuando estoy yo, ni azúcar le pone. “Tengo algo que te va a gustar. Empiezo por la “Alexander’s disease”. Hay registrados unos quinientos casos desde que fue descubierta como enfermedad, en todo el mundo te hablo. Y te conseguí la dirección de una web que te va a enloquecer, http://www.rarediseases.org/. Sí, sí, “enfermedades raras” tal cual. Igual te digo que incluyen muchas que yo no llamaría “raras”, pero en fin, hay un listado alucinante.”

Tomo el mate y como unos bizcochitos horribles, y la veo hablar con ese ambo blanco y las lapiceras en el bolsillo de la chaqueta. Pienso: “que viva a seis metros de mi casa, es pura y sencillamente una cuestión de suerte. Que tengo suerte, eso.”

“En cuanto a lo que me preguntaste de la hipomimia, todavía no te conseguí nada interesante, pero sobre la afasia nominal, tengo para hablarte un rato largo. Te cuento, Broca descubrió la famosa área en el cerebro, y te digo que a partir de allí, se asociaron problemas físicos con afecciones en el cerebro. Por ejemplo, cuando un tipo no podía hablar bien por algún ACV previo, se creía que tenía problemas en la lengua, boca, o alguna parte del lugar exacto donde se veía el síntoma. Broca descubrió más que esa “área”. Te decía, existen dos áreas muy importantes, cuya afección provoca dos síntomas bien diferentes. Está el área de Wernicke y la de Broca. Tengo unas fotos, esperá que las traigo.”

Ceci es médica clínica, sabe un montón, y está triste. Yo le digo, con todo lo que sabés, no podés estar triste. Ella me dice, para que me decís eso si sabés que no tiene nada que ver. ¿vos no estás triste acaso?

Para Navidad le voy a comprar un esqueleto de esos que son muy caros, con los órganos y luces. En realidad es un regalo para mí, pero ella no se enoja. Y una pava de acero nuevita, la que tiene tiene todo el esmalte saltado, no es justo.


Over.