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jueves, 4 de abril de 2013

Hoy





Hay hilos. Células atadas por hilos. Si las bañamos en alcohol, los primeros que aflojan son los hilos. Después se afloja todo y se pierde el sentido. Hay un momento en medio. Ahí Lina me dice que cuando era chica vivía en una casa en el norte. Una casa cuadrada, bien italiana, y en el fondo había un cuartito donde el padre guardaba herramientas oxidadas y tarros de pintura. Hacia un costado, había una tapa de metal que al abrirla dejaba ver la escalera que te llevaba al sótano. Le tenía terror a esa escalera. No sé, decía, si el miedo es anterior a tantas películas, pero yo era chica, no puede ser, más vale que las películas se basan en mi terror, en nuestro terror.

-         En nuestro terror - repite Tini, todo es un emergente, toda obra artística.
-         ¿Vos decís que ninguna obra de arte puede ser arquetipo de lo que vendrá? – pregunto sin demasiada convicción
-         No, porque entonces el arquetipo somos nosotros mismos, y así emergería de uno como parte de la obra – responde Tini.

Muchos años después, yo tuve una conversación con Ceci, pero entonces debería ser anterior, visto del modo que hablábamos. El arte moldea la materia, pero no la crea. El arte no descubre, demuestra. Expone.

-         Para mí, las conversaciones sobre arte son una idiotez, como las del amor – define Lina
-         Las conversaciones que buscan definirlos, no los temas en sí – susurra Tini.
-         No sé.

Y sigue el no sé, de Lina, tan racional y tan verosímil. Pero hoy qué, Lina, desde tu lugar y con los años quemados, qué pasa hoy, decime, por dios decime, qué es todo esto.


Over.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Los muros.






Con poco esfuerzo vuelvo a la tarde de calor imposible y cuando ella dijo “reloj”, sólo imaginé la punta de su lengua cayendo, libre, y la parte posterior apretando el paladar, obligando al aire que viene desde atrás, a empujar y empujar, y entonces la letra se raspa con la saliva y la “j” golpea en mi mente para que yo, diez años después, la recuerde. Recuerde que la empecé a amar a esa hora de la tarde de calor imposible, tan lejos de todo esto.

Tini ya no escribe cartas. Tini envía e-mails. Tini dice que Aristimuño ya lo escribió: Quise volver, dar un paseo en febrero / Pero las máquinas crearon una torre / De cemento y piel.


Los muros y los días. 



Over.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Tini.





Tomatoe (to my toe)

La Alondra (A Londra)

Tanat Tanato (Tan ático)

Low slow snow

Le paso a Lina las primeras palabras de mi cadáver.
- No son al azar, eh!- aviso
- Ningún cadáver es al azar, querido - sentencia Lina

Tini abre su cuaderno de espirales y lee:  
“Amor es el deseo real de haberte conocido antes de conocerte. Es, en su visceral eternidad, la búsqueda de un solo tiempo detenido, donde no tenga que contarte nada que haya hecho ni nada de lo que vendrá. Es adulterar la memoria y ubicarte en mi infancia, no como testigo sino como parte indivisa. Porque es, en definitiva, ser yo misma aunque jure verte frente a mí, con otra cara y otros ojos”.

Silencio.

Lina enciende un cigarrillo (aún fumaba): “Visceral eternidad, no sé si me gusta. El resto es así.”

Tini cierra el cuaderno. Toma un poco de agua. El agua en el vaso llega a sus labios, retrocede un poco al chocar contra los dientes y finalmente se escurre dentro de su boca. Después hace un movimiento con el labio inferior, lo saca hacia fuera y lo trae contra al superior, para secarlo. Le pide un cigarrillo a Lina.

Creo que tosí o no hice nada. Estoy seguro de que no dije que en algún momento seríamos más grandes y diríamos que el amor no es eso. Tampoco dije que lo diríamos porque éramos grandes, o porque no lo habíamos sentido jamás.

Tini.


Over.


Subir.


Tini bien podría haber dicho:


"Hoy tu cuerpo ya no es mi rincón"



Over.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Nace.




Cuando comenzó a romperse la noche, pudimos adivinar la isla desde la playa. Tini abrió los ojos y yo le seguí la mirada. El vino estaba un poco caliente pero brindamos lo mismo. 

Lina había desaparecido unas horas antes, de la mano de un brasilero rubio y poco amigable. En algún momento, Tini me dijo: “Viste que París, también, para nosotros, es el verbo, de parir, ¿entendés?” Mirando la isla, le contesté: “Una ciudad que también significa nacer”, pero Tini me ganó: “Dar a luz, corazón, de ahí a la Ciudad Luz, ¡todo un hallazgo!”

Tini se había hecho un corte de pelo un tanto extraño. Delante usaba flequillo, pero después, detrás, el pelo era demasiado largo. Se lo dije. Le ofrecí cortarlo. “¿Estás loco?”, me ladró.

Al otro día, volvió Lina. Habló del rubio como si fuera un Adonis versión portuguesa, y encima que cantaba parecido a Djavan. Después de unos días, Tini me diría que era todo mentira, que el tal blondo djavan era un fiasco, y que todo se lo había inventado por mí.
“¿Por mí?, ¿por qué?”, le pregunté. “Yo qué sé, viste como es Lina, si le llegás a decir que estuvo con un imbécil, se muere”.

Una noche, mientras Tini se cambiaba, le dije a Lina que yo había salido con chicas un poco tontas, que no les interesan los libros, ni la música, ni nada de lo que nos gusta a nosotros. “No me extraña, los hombres suelen perder el filtro”, me contestó y yo callé. Después le conté lo de París. “Uy, nene, eso es obvio, seguro que son cosas de Tini. Ustedes dos juntos sí que hacen dúo, eh!” 


Over.


sábado, 19 de mayo de 2012

No mires.


Lina vivía en una casa enorme. La cocina daba a un jardín de invierno que su madre cuidaba todo el tiempo. Lina fumaba todo el tiempo. Lina nos miraba a Tini y a mí y, masticando humo, nos decía: Siempre con esas plantas, se termina mimetizando, pudo ser una gran mujer, todo es culpa de papá. O de ella. Voy cambiando las culpas con el tiempo.
Tini me largaba sus ojos de hartazgo. Yo le contestaba con indiferencia. Después nos íbamos al parque a perder el tiempo.

Aquella vez, Tini habló del basilisco. Es como un ser mitológico, que según dicen, te podía matar con la mirada.
Lina dijo que le sonaba a varias mitologías. Tini preguntó cuáles, pero Lina dijo no recordarlas en ese momento.
 Tini agregó: Es como una serpiente con alas, y con cabeza de pájaro. Qué fantasía tan eterna, ¿no? Cualquiera dice eso de “te mató con la mirada”. Sólo que éste te mataba en serio. Qué bueno tener ese don.

Lina tosió dos veces y pisó el cigarrillo. “No, sería terrible, lo que mirás se muere, o vivís con los ojos cerrados o terminás como Edipo”.

Sería como el mito del Rey Midas, por lo del don falsamente positivo, digo.

Lina encendió otro cigarrillo y Tini deslizó un “puede ser”. Cuando volvimos, buscamos unas fotos de ese basilisco. Al final no las encontramos y terminamos jugando al dominó. Y yo perdí. Y Lina ganó. 


Over.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Ni después.

La dulce sorpresa que regala la ignorancia, ese espacio incomprobable que nos desliza en goce, nos abre felices a toda la Posibilidad.
Tini tan vehemente en sus disparates. Sus pensamientos que obligan a protegerla.

Tini dice: “El beso es lo básico en el humano, imaginate el primero, un choque involuntario que da asco y placer, como algo que se transgrede. Imaginate el placer inmenso de las lenguas conociéndose. La primera vez del beso impacta más que la cópula, ¿no les parece?”

Lina miraba para otro lado, pero escuchaba. Sé que no aprobó el uso de la palabra cópula. Sé que no le gusta que hablen como si estuvieran escribiendo. Pero también sé, sin lugar a dudas, que quiso haber dicho lo mismo que Tini, de un modo u otro. Y que yo quise besar a Tini aquella vez como casi nunca quise algo antes en mi vida. Ni después.


Over.

martes, 1 de noviembre de 2011

Aunque exista.


Era muy de noche. Tini dijo: “Es muy de noche”. Lina dijo: “Qué buena imagen, che, muy de noche, suena bien” Tini levantó las cejas y me miró. Yo la miré. Lina iba del lado de la ventanilla y Tini me pasó una botellita de agua. Así es la escena, así se presenta en mi memoria: Lina mirando para un lado y Tini estirando la mano. “No quiero, gracias”.

Lina dijo: “A veces pienso que lo peor que pudo haber pasado es nacer después de que el hombre llegó a la luna. Porque la luna es una cosa que no debe pisarse, no debe ser ese globo de tierra firme donde algo se apoya. A la luna no se debe llegar nunca, es ida y vuelta, o te la regalo, pero es como un imposible. Para variar, la realidad mató a la metáfora.”

Lina dijo todo eso sin dejar de mirar la ventana, sabiendo, claro está, que las palabras flotarían hasta nuestros oídos y algunos de nosotros dos diríamos algo. Callamos. Pero de repente Tini habló. “La luna es el único satélite que no existe aún cuando todos los hombres del mundo se posen sobre ella”.

Lina giró la cabeza y reprobó la frase con la mirada. Yo hice como que no escuché nada. Pero había escuchado todo. Tini casi nunca hablaba así.


Over.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Hoy y ahora.



Tini escribía en su cuaderno. Era uno de esos con espirales que si no se lo trataba bien, iba desprendiéndose de las hojas. Las tapas, rara vez duraban. El de Tini estaba como nuevo.

Busca el mate, chupa la bombilla, lo deja a un costado, abre el cuaderno, dice: “A ver, escuchen: Hace heces a veces. “heces” con h y con c”. “Muy forzado”, dice Lina. “Se hace caca, viejo.” Tini junta rabia pero la filtra.”Es por el juego de de letras, dejá, no tenés pasta vos, querida.” Y como dije que Tini filtra la rabia, uno no responde, por miedo a que ella conteste con una carita de ángel imbatible.
“Dame el mate”, pide Lina. Tini dice: “Ven, no les parece que la palabra “ahora” es muy larga, que representa algo demasiado fugaz como el presente como para que dure tanto”. Entro yo. “Como que atrasa a su misma representación, pierde su eficacia.” Lina hace muecas, sé que le gusta el tema. Sigo: “Tendría que ser un sonido corto, seco, como algunas palabras en guaraní, algo gutural” Lanza Lina: “Con ese concepto, no habría palabra, sonido o lo que quieras, que pueda usarse para representar el instante presente, así que da lo mismo, como no hay forma de encontrar un buen símbolo, lo mejor es usar lo que se convenga y ya”.

Tini está  cansada. Hoy Tini escribió demasiado en su cuaderno, y tiene la guardia muy alta: “Si no hay símbolo, no existe lo simbolizado, o lo simbolizable. Si escapa al lenguaje, no existe, ya lo dijimos. Y más, nena, desde “tu” concepto, lo que no existe es el presente, digamos que sólo hay pasado, lo único que existe, porque el ahora es tan intangible, que apenas lo querés asir, se hizo pasado, viniendo de un después que no existe” Lina no se queda quieta: “Nada puede existir y no existir al mismo tiempo. Si el futuro no existe, no se puede transformar en nada, porque justamente no es, y no puede ser de repente.” Tini: “Yo no era, y de repente fui. Nacer vendría a hacer eso, no ser y de repente ser.” Lina lanza la piedra: “Eso es un error lógico, sólo salvable por la existencia de una conciencia más elevada. Existimos siempre en esa conciencia”. Tini remata: “Historia vieja, idealismo. Berkeley se lo adosó a Dios. Y si existe esa conciencia que vos decís, entonces existe el futuro, porque está ahí. Y la palabra ahora, más que extensa, es demasiado corta.”

“Puede ser”. Alguien dijo “puede ser”. Después siguió alguna serie de la tele, alguna amiga de Lina que me encantaba, y mi mirada de reojo a la cara de Tini. Seguro que fue así, más no me acuerdo. No me acuerdo de nada más.

Over.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Espejos en los ojos.



Fue hacia el final, cuando nuestros cuerpos nos expulsaron por los años. A ver, cuando la combinación es dulce por la intensidad, el baile sobre la ola se torna simple, todo placer, nadie mide la caída, si falta poco o mucho para que se desarme el agua bajo los pies. Todavía había agua.

Tini nos dice que venía caminando y vio a una mujer ciega con los ojos muy abiertos. Eran lechosos, como si tuviera dos vidrios equivocados. Como espejos, tenía un espejo en cada ojo.

Lina soltó la galletita con mermelada y dijo: “uau”. Después tragó con dificultad y agregó: Tini, eso es hermoso, digo, horrible, pero hermoso, que los ciegos tienen espejos en los ojos. Pero se lo podríamos aplicar a otra gente, como una metáfora. Para una canción es demasiado fuerte, muy obvio, es más para un cuento, pero hay que agregarle algo.”

Esa noche nos íbamos a una fiesta en la casa de unos amigos de Lina. A mí me iban a presentar a una chica de Filosofía que había leído el Ulises en inglés. En aquella hora esa información me bastaba para suponer una mujer imbatible. Todavía no aceptaba que rara vez sucedía algo así. En fin.

Nos pasamos la tarde buscando algo que se equilibrara con lo de los espejos en los ojos. Se dispararon cosas como puños en la boca, cristos en las manos, nubes en los oídos, y no recuerdo qué más ridiculeces. Nada, no llegamos a ningún lado.

Sólo siguió la noche en la casa, vino barato y cerveza nada fría, y la chica del Ulises. Me la pasé hablando con Tini, que se la pasó escuchando mis comentarios de chico superado. ¿Y, te gusta? ¿Quién? La amiga de Lina. Sí, está buena. ¿Querés ir a hablarle?, por mí todo bien. ¿Hablarle de qué? Del Ulises, yo qué sé. Es que no lo leí. Yo tampoco. Tenemos que leerlo, che. Sí. ¿Lo compramos esta semana? Yo lo tengo, no hace falta. ¿Me traés un poco de seven-up, dale? Dale.

Y se terminó.

Over.

domingo, 30 de enero de 2011

No llegaban a girar


Tini se había comprado un scalextric, pero nunca pudo terminar de armarlo, porque en algún lugar de la pista tenía una famosa vuelta al mundo, y los coches, por la velocidad, terminaban cayéndose. O no llegaban a girar.
¿Cómo pueden vender algo que ya se sabe que no funciona
Lina legó a la noche y la trató de inmadura, que se quería hacer la rara y terminaba pasando por tonta. El tono, de algún modo, moldeó la agresividad, y Tini pareció aceptarlo.

Ala noche comimos pizza y vimos La Conversación, de Coppola. Apenas comenzó, Lina dijo algo de Sed de Mal, que el travelling o el picado, y con Tini la miramos y le exigimos silencio. Mientras veía a Fredo con vida, sólo pensaba en cómo lograr que esos cochecitos dieran la vuelta sin caerse. Se me ocurrió algún tipo de anclaje por debajo de la pista, como los que tienen las montañas rusas verdaderas. Pensé en alambres, plásticos, ruedas. Terminó la peli y fui directo a la pista.

No hubo caso, no supe o no pude arreglar el problema. Tini se paró a mi lado y me dijo que no importaba, que lo dejara. Tini se había puesto unas botas recién compradas, me acuerdo perfecto, y me vuelve el perfume del cuero nuevo. Y su cara de resignación. “Lina no entiende nada”, le dije. “Puede ser, vamos”, contestó.

La Conversación la volví a ver algunos años después. Lina tenía razón.


Over.

domingo, 7 de marzo de 2010

Suena lógico

“Una lumbre cenicienta.” Entonces le digo a Tini que eso no se dice, se escribe. El tema está echado: “las fronteras de lo decible y la estética inmueble del rigor escrito”. Así lo titulamos. Los dos lo titulamos. El ensayo que nunca escribimos.

Tini tiene el pelo lacio, aburrido y oscuro. Un negro que brilla, como la tapa de Azabache, el Black Beauty de Anne Sewell, ese color más o menos. Discuto con Tini porque no encuentro otra manera de acercarme. “La erótica confrontación”, la titularíamos. Los dos la titularíamos.

Entonces Tini dice que los fuegos artificiales no deberían existir en los países donde se libraron guerras en el pasado cercano, es lógico. Le digo que Miller decía lo contrario: "que los países que sufrieron guerras, suele festejar con más ahínco las fiestas populares, especialmente usando todo tipo de explosivos y fuegos artificiales, como una forma de cambiar el recuerdo, o bien asociarlo a la libertad y la alegría y no a la muerte y al miedo. También suena lógico, ¿no?"

Tini baja la mirada y se muerde las comisuras de los labios pero del lado interior, torciendo la boca a un lado. Yo quiero besarla, como en las películas, tomarla de la cabeza y llegar a su boca atónita. Y que luego de un frágil forcejeo, se rinda a mí, para seguir discutiendo desde otro lado.

Tini sube la mirada y me dice: ¿Ese Miller no es el que decía que los psicoanalistas se convertirían, con el tiempo, en meros sacerdotes? "No lo sé, Tini." “Sí, decía eso, y por ahora no veo que se cumpla para nada”. "Tampoco lo sé, no tengo idea. Igual, no suena tan descabellado". “Para vos, pero andá a decirle a un psicoanalista que de repente será parte de una religión, justo a un freudiano”. “Eso tampoco suena tan descabellado, Tini”.

“Dejá”. Odio que Tini me diga “dejá”. La odio porque me calla, y si respondo me paso de rosca y termina teniendo razón. Tuve que haberla besado esa noche. Ése era el momento. Nunca puedo saber cuál es el momento. Nunca. ¡Será posible!



Over.

lunes, 8 de febrero de 2010

Tierra, puaj!








No sé nada, pero recuerdo el hotel rodeado de mar. Es increíble, o quizás esa palabra es menos grave de lo que parece. Hay que volver al mismo sitio tan pronto, tan lejos y con el mismo amor. Y encima, vos no estabas.

Todo leímos a John Berger. Pocos adoran sus poemas. Yo no. Pero el tipo escribió:

Soy escritor: mi escritura es al mismo tiempo un vínculo y una barrera (…) el acto de escribir no es más que el acto de aproximarse a la experiencia sobre la que se escribe”

Lina perjuraba que eso de vínculo y barrera lo había leído en otra parte, aplicado a otra cosa. No importa, lo que dijo Berger alcanza. Aunque yo creo que no es para nada equilibrado, para mí es más una barrera que un vínculo.
¿No es un puente un vínculo y al mismo tiempo una barrera? Qué difícil.

Vos no estabas cuando volví al hotel, sereno de mar y lento de amor. No te extrañé, claro, porque ya te llevaba en los huesos. Como dijo Lina: tres o cuatro cosas, algunas personas, una canción, después vivir es alejarse y volver a lo mismo. La ilusión de trasladarse a algún sitio, hacia otra persona, otro amor. Zenó, la tortuga, y la gran siete



Over.

viernes, 22 de enero de 2010

Suele pasar.



Para Lina (aunque debería ser para Tini)




Doce años y miles de kilómetros. Encontrarse en el medio no era mala idea, más cuando el punto de encuentro sería el medio del océano, probablemente en una de esas islitas con dos palmeras que los humoristas dibujan paras sus chistes.
Pero no había medio ni isla ni océano, y por eso mientras viajaba iba imaginándome tu casa, tu ropa, tu corte de pelo, la sonrisa tonta al vernos, tu cara. Tu cara.

Manejé horas de dudas, me daba la sensación de estar repitiendo lo que repiten todos, otra historia para el anecdotario mundial de la humanidad, en todos los idiomas, con o sin agregados. Pensé en algo que te tomara por sorpresa, recordarte cuando perdí el número de teléfono del hotel y la noche nos dejó en la plaza, o la muerte de tu abuelo antes de tiempo.

Fue diferente. Demasiado cordial, o amable, como dos personas que vencieron su querer. Hubo momentos, claro, pero en la danza de los años se deslizó el olvido, el código roto, la atracción.
Sí, todo eso, pero de repente, dijiste: “quizás el amor real sólo se dé en escenas, como la felicidad, si lo estirás, es costumbre, y la costumbre nunca es buena compañera. El refrán debería cambiarse, y dejar en paz a la soledad.”

Palabras como ésas, en otro tiempo, me hubieran dictado otra respuesta, amarte o sonreír, pensar que nos hacíamos grandes en el buen sentido. ¿Alguien se hace grande en el buen sentido? No importa, ya fuimos cruzados por el deseo, y quizás tengas razón en sugerir que fue una osadía quebrar el pacto.

No prefiguramos a dios ni incendiamos iglesias, ni siquiera pintamos la paredes con el ardor de lo que pensábamos. Yo me voy a ir por donde vine, vos nunca terminarás la novela y yo siempre te preguntaré por qué no la escribís de una buena vez. Me abrazó la normalidad, y me siento bien, me respondés con más criterio. Yo no tengo criterio.

Al fin y al cabo, nos podremos encontrar cientos de veces más, pero habremos dejado de ser. Para eso sirvió el viaje. Si es que los viajes deben servir para algo, o tu cara a la distancia calló algo que no entendí. Bailarina del deseo, este cuento perdió el hilo.


Over.


domingo, 27 de diciembre de 2009

Así.

'



Algo se quiebra. O te doy la mano y te confieso que no pude sostener el juramento, con vergüenza, el rubor de los años malgastados, no cumplí. La sangre en la sangre aquella noche mientras llenamos el ambiente de palabras y humo. El mundo estaba lleno de hijos de puta, y vos y yo sabíamos que no les daríamos ni un centímetro. Se llevarán nuestra guita pero el alma es nuestra, te vas a morir antes de acercarte. Pero te doy la mano y te confieso que no pude, que tener fue más que ser, y siento que rendirte cuentas es importante, que si hablo, borro.

Éramos chicos, tonto, tampoco para tanto, y confesar a los curas, a mí no. Y te pusiste de pie y buscaste el cenicero y yo quedé arrumbado contra el engaño, si al final a nadie le importa, pensé, nadie, no, a vos, si a vos no te importa, a quién le rindo cuentas. A mí no, juez y parte no se puede, eso es ley.



Y después de algunos años se lo conté a Tini y ella me perdonó, me dijo: que no se repita, y me tocó la frente y no me curó, pero yo le dije que estaba curado. Cuando se lo contamos a Lina, no hizo más que decir lo que obviamente sabíamos que diría: Estuvo bien, eran chicos, tu problema es que le das demasiadas vueltas a las cosas. Y eso fue todo.



Over.

lunes, 12 de octubre de 2009

Seguí vos.


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No teníamos idea del cadáver exquisito, menos de Breton o Eluard. Pero esa noche, con el pequeño anotador de espirales, uno de esos cuadernitos baratos que se venden en la calle para que uno pueda apuntar vaya a saberse qué, en esas hojas, Tini comenzó la oración. Escribió unas palabras, le puso una coma, y me dijo, ahora seguí vos. Lo mismo, unas palabras, una coma y de vuelta a Tini.

Estábamos escribiendo el mundo, inflamando una idea que nadie sabía, una obra de arte, exclusiva, éramos, por qué no, genios en acción.

Nos aburrimos y tomamos café y el licor de una botella que andaba por ahí. Yo sabía que no, y ella también lo sabía, pero el brazo de la noche joven es frenesí, y el cadáver estaba vivo aún. Quizás por eso llegó Lina, como siempre decepcionada de la película, del novio, del obvio engranaje de los hombres. ¿Qué hacían?, preguntó.



Ah, Dije Eluard.


Pluma de agua clara frágil lluvia / Frescor velado de caricias,/ de miradas y de palabras. / Amor que vela lo que yo amo.


Viaje del silencio / Desde mis manos a tus ojos / Y entre tus cabellos / Donde unas doncellas de mimbre / Se adosan al sol / Mueven los labios / Y dejan a la sombra de cuatro hojas / Alcanzar su cálido corazón de sueño.


Ahora, sí.


Over.


domingo, 16 de agosto de 2009

La cabeza llena de gente. Y en casa también.

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Me aclaró Lina:
“De algún modo, nos rodeamos de gente para no darnos cuenta. Porque si estás mucho tiempo solo, digo, si tenés mucho tiempo para ver y pensar, entonces te das cuenta y no encajás. Vas al supermercado, a la farmacia, mirás discos, pero ya te das cuenta. Por eso, hay que llenarse de gente, de actos en la escuela, de reuniones familiares, de recetas de torta de chocolate. Es una cuestión de salud, ¿estamos?”


Igual, a Lina no le creo a nada.



Over.

viernes, 17 de julio de 2009

Tini me besó. El episodio.




Entre otras cosas, recuerdo el impenetrable triángulo que conformábamos, no tan clásico, si se quiere. Dije: no tan clásico, si se quiere, pero no dije impuro, real o entrañable. Entrañable, ¡puaj!

Era una casa de fin de semana y sólo estaban los amigos de un amigo de Lina. Uno de los amigos del amigo de Lina, propuso una teoría interesante: qué pasaría si el ser humano sólo necesitara comer una vez por día, y a su vez, pudiera vivir con un vaso de agua durante el mismo periodo. El hermoso disparate no tardó en llegar: si se come y se bebe menos, se va al baño mucho menos, por lo que cerrarían muchas fábricas de papel higiénico, con el consecuente incremento en la desocupación. A esto se le debería agregar la merma en la tala de árboles. Más aún, los supermercados venderían muchos menos alimentos, se reducirían sus instalaciones, y esto llevaría al descenso del precio de las propiedades por la cantidad de espacios que dejarían vacantes restaurantes, bares y panaderías, entre otras.
Un caos en ciernes.

Había gente que hacía cálculos descabellados, se reían, nos reíamos. En ese tiempo nos reíamos. Hasta que Tini, que había bebido más de la cuenta, me tomó de la mano y me llevo a una de las habitaciones. Había muchas habitaciones, de eso me acuerdo bien.

Para decirlo de algún modo: con Tini me hubiera casado, pero con Lina hubiera hecho el amor de las más diversas formas. Y esa diferencia fundamentaba una sola cosa: con ninguna podría haber durado demasiado. Pero esa noche, Tini me besó.

“Qué pasaría si te diera un beso”, me dijo Tini entre la risa ebria y los dientes que brillaban aún en la penumbra del lugar. La risa se hizo carcajada y Tini me abrazó torpemente, con sus brazos rodeando mi torpe cuerpo. “¿Y, qué pasaría?, repitió con fingido desgano. El corazón me latía fuerte, y lo que más temía era que ella se diera cuenta, con su cabeza apoyada en mi pecho, sintiendo mis nervios y mi vergüenza quizás, y el lugar vacante que mi hombría o mi seguridad debían ocupar. Hasta que de repente volteó la cabeza hacia mí y me dio un beso seco sobre mis labios, moviendo los suyos, y riéndose al mismo tiempo. ¿Ves, no pasa nada?, me dijo y se alejó para tirarse sobre la cama y decirme que mejor volviéramos, que estarían preguntando por nosotros, que no debíamos estar ahí. Que no debíamos estar ahí.

Nunca más hablamos del tema. Todavía no encuentro la forma ni el momento para comentar sobre aquella noche. Quizás esté bien así. No lo sé. Últimamente, recuerdo muy a menudo todo aquel episodio. Dije: “episodio”. Debería decir otra cosa.



Over.


domingo, 1 de marzo de 2009

Un millón.



Lina llegó tarde, empapada por la lluvia y el paraguas imposible. Lina jamás lleva paraguas. Ahora que tiene un hijo quizás sí, pero lo hará por él, me juego todo lo que tengo por la certeza de que no resignó estas tonterías. “Me das lástima”, me diría Lina, y yo me reiría.

Llega Lina y nos dice que encontró un texto alucinante. Lina usaba la palabra “texto” para cualquier cosa escrita. Un cuento era un texto; una novela o una obra de teatro, también. “Escuchen, ustedes, que tanto quieren escribir, escuchen esto”, nos ordenó a Tini y a mí que le festejábamos esos desplantes.

Pero Tini, aquella vez, estuvo sorprendente, y le espetó: “A ver, ¿será un texto de un tal Cortázar que parece que escribió una novela muy buena?” Lina, atacada, es feroz. “¿Cortázar? ¿Ese del que me contaste que no pudiste ni llegar a la mitad de 62?

Bueno, Lina, largá, dale.

“- A Natalie se le apagó el alma. El lunes pasado tuvo la oportunidad de ganarse un millón de dólares, y los rechazó. Te lo repito: Rechazó un millón de dólares.- dijo Henry, enfatizando la palabra “millón”.

- ¿Y qué debía hacer? – preguntó Syl.


- Firmar una novela que no era de ella. Parece que por razones que no sé bien, la verdadera autora no podía firmarla, y como la novela iba a ser llevada al cine, necesitaban la firma de alguien. Como ella trabaja en esa agencia de producciones, se les ocurrió que ella la firmaría, cobraría 7 millones de dólares y sólo se quedaría con uno. Un millón de dólares, entiendes.


- Nadie ofrece esa cantidad de dinero por lo que tú llamas una tontería. Algo debería haber que tú no sabes.


- Natalie me dijo que no lo había hecho porque la novela era lamentable, y que su nombre sería arruinado de por vida.


- Ella es escritora, Henry.


- Sí, sí, vamos, pero con un millón te publicas lo que quieres.


- Sabes, Henry, todo lo contrario, a Natalie se le encendió el alma, y ganó mucho más de lo que tú crees. Natalie rechazó un millón de dólares. Ni tú ni yo lo haremos jamás, como la mayoría de hombres y mujeres de este mundo. Mucha gente tiene un millón, pero muy poca lo rechazó. ¿Me entiendes Henry?


- Entiendo que eres una chiquilla fantasiosa, no has crecido aún.


- O quizás sí, y por eso tú nunca me entenderás. Ni entenderás a Natalie.”





Over.

sábado, 31 de enero de 2009

Tini me guiñó un ojo. Los curas y las curas.







Algunas tardes también se abrían los caminos, y casi al filo de la oscuridad, nos íbamos cada uno a su casa con la poderosa intuición de haberlo escuchado. Un pedazo de tiempo, hecho de palabras y sentido, entraba por los poros para siempre.

“¿Les conté sobre una de las tesis que supuestamente escribió Leo Jud?, nos pregunta Lina con aire sobrador. “Lina, mi amor, si no hubieras usado la palabra supuestamente, hasta te creería que no lo te lo aprendiste de memoria”, dijo Tini antes que yo. “Bueno, mi amada blasfema, como quieras, allá tú, que sólo recuerdas de memoria las canciones de los Beatles”, contraatacó Lina y nos ganó a todos.

Este Leo Jud era de la partida de Lutero y de todos los que armaron un buen lío contra la iglesia católica. Bueno, vieron que Lucero es el autor de las famosas 95 tesis, esas que leemos en todos los libros, y que fueron las que le hicieron poner los pelos de punta al papa de entonces. Ahora parece que este Leo Jud había escrito una tesis número noventa y seis, pero que nunca fue publicada.

En realidad, tiene poca credibilidad, y los nenes de Oxford que dicen haberla encontrado, tampoco hicieron mucho para retocarla y hacerla parecer de hace como 600 años. No me la acuerdo de memoria, como dice acá la compañera Tini, pero dice algo así:

Si una de las condenas de la iglesia contra la homosexualidad, es la evidente acción contraria a los naturalmente dado, y a su vez, que si todos tomaran esa desviación, entonces se agotaría la especie humana, pues entonces se debería decretar análoga condena contra el celibato.”

Mis amigos, no es alucinante! Si todo el mundo fuera sacerdote y cumpliera el celibato, no se engendrarían más niños en el mundo. O sea que el sacerdocio y la homosexualidad tienen un punto en común, ¡Aleluya!

“Bueno, mágicamente, los niños aparecerían igual, ¿no?”, dijo Tini y me guiñó un ojo. Me acuerdo también de eso, que Tini me guiñó un ojo.


Over.