miércoles, 2 de julio de 2008

Sí, la idea de escribir aquí.





No sé, quizás haya sido Diario para un Cuento, la peli que fui a ver al cine una tarde y al salir era de día y todo el mundo caminaba por la calle y no le podía decir a nadie que había visto a Cortázar, en Diario para un Cuento, una peli en la que hacían de él, pero era la primera vez que lo veía.

O quizás cuando en tu casa leí el capítulo 104:
"La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos. La vida, un ballet sobre un tema histórico, una historia sobre un hecho vivido, un hecho vivido sobre un hecho real. La vida, fotografía del número, posesión en las tinieblas (¿mujer, monstruo?), la vida, proxeneta de la muerte, espléndida baraja, tarot de claves olvidadas que unas manos gotosas rebajan a un triste solitario.”

Y vos me dijiste, te das cuenta, “manos gotosas”, te das cuenta lo que escribe. Y ahí me llevé el capítulo 7, más popular, claro.

Pensándolo bien, quizás haya sido la cara de Nico en el andén, con su llegada imposible. O el otro cuento, ese que dice: ahí pero dónde, cómo. Pasan los años, y repito ese título, aquí y allá. Entiendo todo, pero el título no tiene respuesta. O el gordo en 62, la sangre, los espejos, y malo, malo, malo y quiero maní.

Sí, cómo no, en las instrucciones para llorar, cuando escribe “piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.” Y ahí nomás entendimos para qué servía una coma.

O cuando colgué de la pared Amor 77, y después de varios años me quedó bien claro. Y lo descolgué. O porque sigue colgado el capítulo 93: “Pero el amor, esa palabra...”

O porque en la tumba que comparte con Carol Dunlop, yo vi, con mis ojos, el mensaje de una mujer que decía: “Gracias porque Rocamadour también soy yo, aunque escriba esto y siga viva”. Quizás ése fue el viaje a Montparnasse, para corroborar el polvo, el mármol y la vida detenida.

Todo eso, seguro. O porque hace frío, mucho frío, y el humito del café conecta estrellas desperdigadas en este tiempo y espacio. Algunas ya rendidas. Yo, sigo. Quizás por eso, porque sigo. Entre látigos y babas, como escribiste alguna vez.



PD: Y por eso el nombre de este blog, porque así comienza el disco "Cortázar lee a Cortázar", grabado en París en 1966. Es el tema 1. Del lado A. De cuando los discos tenían lados, molestos, pero necesarios.



Over.




2 comentarios:

Eunice Di Giorgio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Eunice Di Giorgio dijo...

Alguna vez abrí esta bienvenida pero evidentemente no leí todo lo que leo ahora.
Todo es tan familiar que asusta. Hasta Cortázar lee a Cortázar, un cd grabado por una amiga que no vi más, con su letra prolija de microfibra indeleble en la tapa. Ese disco que me hace pensar en ese Julio cotidiano, lleno de erres, con un poulover amarillo en el frío, mientras acá nos moríamos irremediablemente de calor y yo no había nacido.