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sábado, 22 de agosto de 2009

El comienzo de "Cartas"

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Yo creo que lo de “Cartas” tiene mucho que ver con aquella vez que estaba en el parque Rivadavia, en la feria de libros usados. Me acuerdo que estaba mirando libros y encuentro “Rebecca”, de un tal Ernest Lipstein; un ejemplar de tapas negras con dos o tres puntitos blancos perdidos por ahí. Lo doy vuelta y en la contratapa se resumía la historia:

“Rebecca es una niña que ha vivido su infancia en el sur de los Estados Unidos. Su padre alcohólico jamás se ha interesado por ella mientras que su madre se escapa con un malabarista del circo que llega todos los años al pueblo. Hasta que un día Rebecca desaparece misteriosamente. Treinta años después, una niña huérfana triunfa en Hollywood y se convierte en la actriz más mimada del mundillo del cine. Bill Almis, un prestigioso periodista de Los Angeles, llega hasta la niña y quiere averiguar sobre su pasado.

Entonces la pequeña estrella le muestra un montón de cartas que les ha escrito a sus padres desconocidos durante los últimos cinco años. Por un hecho fortuito, Almis se entera de la historia de Rebecca, y cree ver allí un enlace cuya casualidad pone en duda. Almis y la pequeña estrella abren paso a una historia alucinante en la que dos niñas, en dos tiempos al parecer distintos, comparten una identidad sorprendente.”

Me imaginé que la novela era una porquería, no sé por qué, pero me quedó grabado eso de las cartas que la niña les escribe a sus padres desconocidos. Por eso supongo que ese argumento viajó en mi memoria a la espera de ser utilizado, y aquí están mis cartas, mi ¿sección? “Cartas”, porque aunque en mi caso, si bien podría haber un destinatario, en realidad, ese nombre está contaminado por el tiempo y superpuesto a muchas otras personas, noches y juegos.

Le estoy escribiendo a alguien que existió pero que el tiempo ha vuelto un desconocido, cuya dirección me es un misterio, y cuyo pasado se entremezcla con un presente que intento anudar de algún modo.

Además, ahora se me viene la comparación entre una oficina de correos y una editorial. Son como dos canales posteriores, que nada tienen que ver con lo que envían. Las cartas que no se mandan y los libros que no se publican poseen una entidad inalterable cuya magia está en su contenido y no en su lectura. Escribo cartas que no envío, pero que leo, y eso es lo que me hace bien. El resto es otra cosa. Qué, no sé, pero es otra cosa, seguro.


Over.


viernes, 15 de mayo de 2009

Cartas



Carta Nº 6


Que el día que me sueltes no intente en vano gastarse en un caracol de telarañas, que ese día sea el tenue azar de otro sol menos negro, sin los efectos de la noche retrasando lo que ya no vuelve, que tu cara de idiota mirándome también se estanque en el espejo que me acosa, que tu aburrida mañana de soledad se desperece de amores prefabricados, que tu antídoto de desmemoria se retuerza de impotencia, que un relámpago imposible me lleve a casa, que tu jardín de vidrios y fiebre no me asuste al recordarte, que mi sueño no se caiga de la noche, inútil y frío.

Que regreses al mar con tus candados y amuletos, que sepas que además de Girondo y Pizarnik también es posible mi palabra, que una isla de diez segundos me deje decirle gracias y tocarle el hombro, que cese este viaje inmóvil, que no vuelva el rencor a intoxicar tu risa.

Que los bordes de la Ciudad no renuncien a su impostada seguridad, que la última mirada que me permitiste sea el mensaje irreal de una lengua que miente, que el amor que nos olvida no sea más que una burla de la piel que no nos toca, que Buenos Aires sea una hora en algún lugar que no duela.

Que pueda volver al día en que supiste que te habías rendido y mi cara te obligue un par de horas más de vida, que nuestro pacto de sangre no coagule en el olvido, que al otro Pacto no lo roce la contingencia, que vuelvas a mi edad y sepas que cuando yo sume estos años vos no estarás, que la anécdota de nuestros primeros pasos sea la historia del mundo, que mi yo bostece menos costumbre.

Que no vuelvas al vértigo de memoria y cenizas, que los inviernos no lloren jazz cuando el frío no te alcanza para dormirte, que hayas sabido que mi mano se te negaba por ignorancia y que yo sé que la tuya no aparecía por simple timidez.

Que las avispas del tiempo renuncien a su show, que indultes al insomnio de noches en vano, que la sentencia sea un borrador por corregir, que mi boca module las palabras que no digo, que no baje tu pulso al soñarme, que ya no veles primaveras iguales, que tu coartada moral se te incendie de repente, que el fuego elija, y que así sea. Y que así sea.


Over.


domingo, 26 de abril de 2009

Cartas



Carta Nº 5


Lo que pasa es que de chicos vemos la edad como frontera, pero cuando llegamos al borde nos decimos: no hay frontera ni tal cosa, y seguimos adelante, calladitos, pero guardando la certeza de que la frontera está, más adelante, mucho más adelante.

Ok, aunque también puede pasar que cruzemos la línea divisoria y damos por sentado eso de: "de aquí para atrás y de aquí para adelante" A ver, qué sucede si te apuro y te pregunto: ¿es la madurez la cara bonita de la resignación? Si me apurás a mí, te digo que muchas veces sí. Y vos me decís: ¿No es la resignación, muchas veces, la única salida? Ahí no necesitás presionarme demasiado, te girtó un sí grande como el Camp Nou.



Over.

jueves, 15 de enero de 2009

Cartas

Carta Nº 4


Cuando llegué ni se me ocurrió pensarlo, pero quizás hasta tengas un poco de razón. A vos se te dio por los hijos y a mí por los rompecabezas. El famoso puzzle todo blanco, de cuatro, cinco mil piezas. ¿Cómo no nos dimos cuenta, che? Bueno, ahora ya no importa, pero te repito que ni lo pensé, y a veces callo lo de maestro rural, lo de la frontera urgente y el mundo se salva a lo Spencer.

No lo sé, pero tu prima debe seguir buscando cenizas, y te lo digo porque los peces se murieron, la planta no sobrevivió al transplante y la música sigue siendo la misma. EN otras palabras, que todo siguió como uno lo pensaba. ¿Se te pasó el horror por las ciruelas? ¡Mirá que hay para elegir!


Over.


lunes, 22 de diciembre de 2008

Cartas



Carta Nº3


Te creí, y no me equivoqué, porque lo que representabas y lo que eras andaban en flor de comunión. Yo me decía, lo que va a ser esta mina cuando crezca, su casa, su no, y ahora, ahora que crecer se puso bravo, mirá cómo son las cosas, seguiste todo lo que repudiabas, te olvidaste de los pasajes de Flores, de las postales desde Nueva York, de la sensación escudo, te rendiste porque tu amor era miedo, veías fantasmas detrás de lo que deseabas, endiosabas tu realidad para que no te diera tanto asco, a mí no te digo que no me hayan cambiado algunas cosas, pero en el café de las cinco me pregunto qué sería de todo esto si la mitad de las cosas fueran diferentes, si te hubieras pegado ese tiro, esas quinientas mil pastillas, esas cartas, esa calma que te llegó cuando te dije nada, cerrá los ojos y no pasa nada, y también me creíste, y la vida te abrió un agujero inmenso que no te merecías, pero las cosas no se merecen, ya ves cada uno que anda vivo por ahí, y era silencio tras silencio tras silencio y había tiempo para la esperanza de algo mejor, de algo que te saque de ese barro en el que cada vez te hundías más



Over.


sábado, 20 de diciembre de 2008

Cartas



Carta Nº1

A veces sueño con mi padre. Lo peor es que lo veo y digo, ah, pero entonces no se murió, en medio del sueño, bueno, no lo digo, lo siento o lo pienso. Entonces le hablo y le pido algo, cualquier cosa, un vaso de agua, y él me mira y vuelve y habla como si nada y la gente lo mira y yo dudo. Lo sueño joven, eso sí. Ahora, que piense que lo voy a ver por la calle, eso no, eso no me pasa seguido, a veces quizás, un segundo, pero nada más. Eso me pasa más con vos. Se me hace que un día te voy a cruzar, y te juro que no sé qué te puedo llegar a decir. Siento que tu recuerdo me deja el olor que tienen las casas deshabitadas, llenas de cosas inútiles que nadie acomoda.


Carta Nº2


No te nombro y sabés, claro que sabés que estás letras se enciman debajo de tus narices, de tu poderoso arsenal contrasistema, de tu rosario de dedos que se iban enflaqueciendo cada vez más, y que nunca, pero nunca te creí que te daba lo mismo ganar o perder, que lo tuyo era divertirse. ¿Sabías que me llevé las ochenta fotos del último día



Over.