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miércoles, 18 de enero de 2012

Vacuna!

He visto películas malas. Pero también vi Contagion.

La sarta de obviedades, clichés, copias de otras pelis y banalidades, es asombrosa. El cine catástrofe es infalible en su esencia, y por eso, cuando tiene alguna pretensión, siempre termina mal. Hay días en que uno necesita ver el avión que se cae, el barco que se hunde, el meteorito que acabará con todo o la epidemia que aísla. Quizás responda a una efectiva y básica forma de escape, de desvío, de comparación hiperbólicacon nuestra propia realidad.

Ahora, cuando me desespera una película como Contagion, que aspiraba, con sus consagrados actores, a una posibilidad diferente, más que decepcionar, uno siente haber sido timado y burlado.
Mediocre, repetida, sin rumbo, y de un final que se estudia en la primera materia del primer año de guión de cualquier escuela de cine del mundo. ¿Tanto artista de nivel, desde el director hasta los actores, necesitaba el dinero para participar de este fiasco? Quizás, y creo que es un ilusión, el director sabía lo que estaba haciendo, y por eso lo disfrazó a Jude Law de un Buzz Lightyear precario, y nos sacó una sonrisa.


Over.


PD: Hasta los comentarios son malos. Un tipo le dice a Jude Law, quien administra un blog popular, que un blog no es periodismo sino que sería como escribir graffitis con signos de puntuación. Lamentable y tonto. ¿Quién habrá dicho que un blog es periodismo? ¿Un diario es periodismo, o lo es lo que está escrito dentro? Es tan difícil entender que el blog es un medio, y nada más. Y que el punto es el contenido. Ayy!!!

lunes, 9 de enero de 2012

Guiar.




Por la mitad de Curling, la pellícula de Denis Côté, se me vino la imagen del famoso Soleil Levant, de Monet. Esa impresión difusa que sin embargo nos deja entrever toda la escena.

Quizás sea importante saber que "curling" es el nombre que se le da a un deporte poco conocido en Argentina, y que consiste en hacer deslizar una especie de disco con manija sobre una superficie de hielo. En medio del lanzamiento, mientras el disco pierde fuerza, se puede frotar un cepillo por delante, para ir calentando el hielo y lograr algunos metros más, es decir, extender, de algún modo, el fin del movimiento.

Dicho esto, la peli de se puede interpretar como las consecuencias de la rectitud, de cómo la rigurosidad de las decisiones que tomamos, puede comernos vivos. Un padre aislado, que a su vez aisla a su hija de doce años, que a su vez tolera todo como el pez que tolera su pecera. La escapatoria de la niña es una ¿madre? presa. La escapatoria del padre es la hosca elección de anularse como ser humano para, quizás, no recibir ningún golpe. Pero los golpes entran igual, por azar o descuido, en la ciudad o en medio de la nada.

Entonces todo es un suave desfile de emociones, con algunos estereotipos quizás, pero con el objetivo de contrastar actitudes.

Este tipo de largos, esconden en su minimalismo, una ambición que no pocas veces pierde el control. El fondo de la narración gira sobre dos deportes, el bowling y el curling, conectándose por la grácil habilidad que demandan ambas actividades, la búsqueda de un sitio exacto donde dirigir un objeto. Una vez que se tiene eso en cuenta, el resto del film navega, espejado, por el mismo canal, ensayando metáforas no siempre precisas.

Por eso, que todo se desarrolle sobre un blanco general, no es más que la necesidad de golpear con el rojo sangre, detenido en varios cuerpos. Y de ahí a esa aparición de un tigre en medio del bosque nevado, como rotura total de la escena, como alerta un tanto grosera.

Una interesante obra, de lograda fotografía y actuaciones más que ajustadas. Por momentos conmueve, y por momentos perturba. Cuando se empieza a reflexionar sobre todo lo que está pasando, es imposible no sentir que algo aturde. En pleno silencio, aturde.




Over.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Will there ever be another you?





El “problema” con Another Earth es que ya hemos visto muchas de las partes de su guión en otras pelis. El choque de autos, la muerte, la joven promesa destruida, su regreso a la sociedad, su búsqueda para lavar culpas, el sobreviviente torturado, y hasta esa otra historia lateral con la idea ya varias veces transitada: out of the blue, aparece otro planeta en el cielo que no sólo parece ser como el nuestro, sino más bien una versión, aparentemente con nosotros mismos en él, en forma de espejo, vaya a saber uno de qué modo.

Si al terminar de ver la película repasamos el primer párrafo y nos quedamos con él, el problema seguirá, despreciaremos o no le prestaremos mayor atención al film. Quizás hablemos de él. Quizás no.

Pero en mí, la historia se abrió de otro modo, y no hay dudas de que esas aproximaciones interiores son las únicas que cuentan. Todo me llevó a Cortázar, a esa magia con la que introducía lo irreal en un contexto prolijamente normal, como parte de nuestra lucidez. Es una forma de construir símbolos, para que los apliquemos a otras posibilidades. Si un planeta se duplica, no se habla de DOS planetas, sino de la duplicación, de versiones, de escapatorias. En otras palabras, pueden ser dos casas, dos ciudades, dos puertos, lo mismo da en este caso.

Desde esta elección, la película nos pone atentos: ¿Cuál es la gran vida que nos enfrenta? ¿Cómo circula y cuándo se detiene ese ineludible plan B que se desprende de todo lo que elegimos? Dicho esto, no es casual que el personaje de Rhoda elija limpiar una escuela como trabajo. Y menos que, siguiendo el mismo patrón, elija limpiar la casa de quien ha resultado su víctima.
Tampoco es inocente ese personaje que parece lateral, su compañero de trabajo que decide, usando lavandina, dejar de oír y ver para siempre. Pero no se ha cortado la lengua. A tener en cuenta.

Menos sutil es, la burda presentación de otro planeta, tan obvio, como esa comunicación que replica por radio las preguntas. Temprano nos damos cuenta de que todo es una puesta en escena, la forma que encontró el director para contarnos la historia. La elección de Rhoda como pasajera del primer viaje a esa llamada “Tierra II”. Y el final, esos treinta segundos que dejan claro todo, que trasuntan la inquietud de todo el film: ¿Qué le dirías a tu otro yo si lo tuvieras frente a ti? ¿Qué le preguntarías? ¿Te animarías a escuchar alguna respuesta?


Over.


PD: La hermosa canción en la hermosa voz:







martes, 1 de noviembre de 2011

Decidir.





Siempre me queda grabada esa descripción del jerarca nazi, Reinhard Heydrich: Su sola presencia marcaba un abismo psicológico que ocasionaba terror físico incluso a sus más cercanos colaboradores. Ahora en Wikipedia pero años atrás en un libro sobre El carnicero de Praga que no recuerdo.
Aunque no escasa, el tratamiento que la historia le dio a este infierno humano es por lo menos insuficiente. Fácilmente se pueden citar a Goring, a Rohm o a Speer, pero no es tan corriente escuchar del terrorífico y crucial aporte a la barbarie que le diera este sujeto al mundo.

Expresada esa exigua introducción, la peli “Los Falsificadores”, tiene relación con este hombre desde que la idea de provocar una tremenda inflación a Inglaterra a través de la introducción de libras esterlinas falsas, le corresponde casi en su totalidad.
Hay que decirlo: la idea era admirable. Los libros de economía enseñan que las sobreimpresión de dinero provoca inevitablemente un efecto inflacionario. Es fácil, si hay demasiado circulante, es más sencillo comprar un producto, por lo que la demanda empieza a sofocar a la oferta, y una va empujando a la otra hasta descontrolarse.

Lo cierto es que para imprimir el dinero, se usó a un grupo selecto de prisioneros judíos con una alta especialización en gráfica. Claro que a cambio se les otorgaba un trato preferencial, ya sea en comida y comodidad (todo dentro de un campo de concentración, obviamente).

Pero es otro el eje de la película: la lucha por saber que se está colaborando con el régimen, en contra de otros judíos. Salvar el pellejo a costa de otros, o declinar la ayuda y con eso perder la vida. Quizás la moraleja queda un poco reducida desde el momento en que la heroicidad es dudosa: no se sabía hasta qué punto valía la pena aceptar la tortura y la muerte. Y porque se vuelve un poco maniqueo el hecho de que el delincuente no tiene moral y el activista político, sí. Hay que estar en un campo de concentración y prescindir del básico instinto de supervivencia.

De la película quedan ciertas evaluaciones que pueden extenderse durante una noche. O dos. Me quedo con la imagen en la que los judíos que ingresan al pabellón donde estaban estos “elegidos” los confunden con miembros de la SS. Y estos últimos, para demostrar su verdad, muestran los brazos con los números tatuados. Acto seguido se miran todos y quedan perplejos. Los salvó una identidad robada. Tremenda escena.

En cuanto a la rigurosidad histórica, existen ciertas diferencias tanto en el comienzo como en el final, pero que no hacen a la historia que se quiere narrar. Otra película más sobre la segunda guerra, pero que no se confunde en el montón. Y con eso basta.


Over,

lunes, 24 de octubre de 2011

¿Desde dónde?



Nothing personal es un sueño. No, es ese canto mental que buscamos para que los ojos se venzan de una buena vez. Yo conocí mujeres así. Yo puedo ser esa mujer. Vos también habrás deseado que el mundo se abra en alguna parte y te deje escapar.

Nothing personal retrata ambos extremos de la misma soga. Esa soga que ahorca y afloja, de vez en vez. La joven que quiere olvidar, y el adulto que ya no quiere recordar.

Nothing personal puede estar soñada por él o por ella. Es mágica esa reversibilidad que permite la peli. Yo, que estoy en medio, siento el fin de una etapa y la lejanía de otra. ¿Vos dónde estas mientras ves esta película?




Over

domingo, 23 de octubre de 2011

Frío. Tiempos fríos.







Hubo nouvelle vague, cinema verité, cine dogma, y ahora hay otra corriente llamada mumblecore, la cual, si bien tiene algunas características que la definen, podríamos estigmatizarlo como cine Indie con ciertas reglas. Aquella corriente llamada dogma, se aplicaba más a la técnica, mientras que el mumblecore es más lábil en cuanto a las exigencias, pero quizás más representativo del producto final. De todos modos, todos lo sospechamos, atarse a una serie de procedimientos ya sean técnicos o de argumento, no pocas veces termina por contener la ansiada libertad expresiva que se busca con estas corrientes.

Sin embargo, siento que el mumblecore explora esa zona que navega entre los dieciocho y veinticinco años, y que su anclaje busca catalogar más que hacerse partícipe de un género. No se habla de la juventud en general, ni de adolescentes tardíos en general. Se trata de algo más específico, de chicos y chicas de clase media, blancos y el modo en que esa clase social (o parte de ellos) arrastra sus agujeros existenciales. Cómo se maneja la certeza de que se empieza a acabar el juego, o más bien, el lugar que deben ocupar en pocos años más. No es que se leen las cartas de antemano, sino que se acepta que sólo se puede jugar con ellas.

En esta línea, la peli Cold Weather, es un fiel ejemplo de esta corriente. El joven que vuelve a su ciudad natal, tras fracasar o aburrirse de la aventura en otro sitio, y que busca cualquier trabajo para estar a flote sólo en el hoy.
La trama quiere hacer hincapié en la relación con su hermana, aunque su laconismo pierde un poco de vista esta intención, y más que nada pone el acento en uno de los males del siglo XXI: el aburrimiento.

Casi todas las críticas hablan de una peli partida en dos. Y tienen razón. La segunda parte, si se quiere, es una extensión que se basa en una especie de argumento detectivesco, pero que más pronto que tarde adivinamos intrascendente.

Si no se disfrutan los silencios, los diálogos cortos o simplemente las miradas y gestos, la película puede provocar cierto rechazo. Es, como dije al comienzo, una película Indie, donde uno goza la fluidez y no el riff. Donde la melodía es un continuo que cumple con la simpleza.

El final está bien, pero podríamos discutirlo toda la noche. O no.


Over.

domingo, 7 de agosto de 2011

Submarine

La adolescencia, es, también, la última estación de iniciaciones; comienzos más contaminados que en la infancia, pero sólidos como para ser alumbrados en retrospectiva. Eso sí, después de ese tiempo no hay cambio posible, más bien un ejercicio de fuerzas que intenten sostener cierta clase de equilibrio. En otras palabras, se sufrirá por lo mismo, será igual el tono de la honestidad o de la despreciable miseria, el de la generosidad o la avaricia.

En Submarine, se propone una mirada con cierto desfase. A los quince años se puede vivir, sufrir y hasta pensar parecido al protagonista, pero aún así, no se tiene ese grado de ironía y análisis con la que evalúa su existencia. Está claro, la película la narra alguien mucho mayor, y se nota.

No obstante, estamos ante un film exquisito, con las rémoras del humor inglés pero con la profundidad francesa, si se quiere. Y ahí está el eslabón con la famosa nouvelle vague, no sólo en la estética o la fotografía; no, está en los diálogos, las miradas, la cadencia de la infatuación adolescente, entre tímida e incontenible.


Ante la repetida crítica de falta de argumento, sólo puedo agregar que es relativamente sencillo realizar una película con una trama sólida; ahora, rodar un film con un tema sin ninguna originalidad, y que a la vez sea elegante, inteligente y gracioso, eso sí que es para pocos. Muy pocos.

Más allá de la gran actuación de Craig Roberts, yo creo que el papel de su padre y de su novia, son los mejores del largo. Y en realidad, creo yo ver en la historia, más que una dualidad entre la adolescencia y la adultez, la inevitable repetición de emociones y problemas que se declaran a partir de esa edad, y que tienden a resolverse de un modo similar.

Los adultos, para la película, tienen 38 años. El padre está deprimido porque no sabe qué hacer con su vida, su odiado trabajo y los problemas de pareja. La madre está aburrida y encerrada en la rutina de un trabajo irrelevante. Los vecinos pregonan la felicidad con recetas mágicas y esotéricas. Los padres de la novia gritan de impotencia. Suena a historia repetida, ¿no? Los años giran, sí, sospechosos de recreación y copia.

El Soundtrack es perfecto. El disco de Alex Turner será inolvidable. O ya lo es.

Over.


PD: Querido Oliver, yo también leo diccionarios.



lunes, 18 de abril de 2011

Un poco más.


Otra vez lo del mood. Never let me go (cuya traducción “no me abandones” está perfecta, pero yo hubiera sido más sensible con un “nunca me sueltes”, que no está del todo bien), es una película que solicita la predisposición del espectador. Un mal día podríamos criticarla por algunas debilidades en el argumento, la morosidad injustificada de algunos diálogos, o la primera escena que debería haberse detenido en la cara de la actriz, sin mostrar el resto, lo cual nos anticipa todo el tiempo el desenlace.

Dije: un mal día. En otro momento, es muy probable que atesoremos la idea de que el amor es una forma de la postergación, concepto que no cede en su poder aún cuando se desarrolle dentro de una metáfora.

Deudora de varias ideas previas de ciencia ficción, (The Boys From Brazil, The Village, The Island, La Invención de Morel, entre otras), quizás esta adaptación de la novela de Ishiguro, elabora su originalidad en el plano elegido: la imprevisibilidad de lo emocional ante un experimento por lo menos espeluznante.



El concepto de clonación en los humanos, siempre fue atractivo para el cine, primero por su carácter de ficción, y luego por su inminente realidad, con intrigas y sospechas cada vez más probables de que ya se hayan hechos tales experimentos.

Hay cierto laconismo en la trama cuya opacidad, por momentos, nos hace dudar: ¿por qué no se rebelan los alumnos? ¿por qué nadie pensó en escaparse? ¿por qué luchan por un poco más de tiempo, pero no por su libertad? Por otra parte, la sociedad que alberga esta realidad es soslayada hasta el punto de que no se sabe si lo que vemos es parte de una práctica habitual y aceptada, o bien el coto de caza de una grupo secreto.

Más allá de lo citado, yo creo que se puede sortear el punto de la clonación, y quedarse con la idea de que el amor funciona dentro de un tiempo y un espacio, parecido al placer, hasta que se evapora y se diluye, por más voluntad que pongamos.

Over.

lunes, 28 de marzo de 2011

¿Credo quia absurdum?




Sin lugar a dudas, desde el nombre mismo de la película, uno puede sospechar que la morosidad narrativa será un hecho. Comprobada la conjetura, se solicitan planos lentos, miradas frenadas, repetición de sucesos, encuadres fundamentados, palabras justas, silencios. Silencios. Todo es concedido.

Lourdes es una película tediosa, en la que la empatía es dolorosa y hasta uno quisiera no verla, esquivar esa sensación pobre-gente-qué-castigo-estar-así.

Lo interesante, quizás, es que todo sobrevuela con tal sutileza lo concerniente a la religión católica, la atribulada fe en lo sobrenatural, el deseo de entender un supuesto misterio y la convicción de que en realidad creemos para no desesperar, que nada nos conmueve aún cuando sabemos la verdad más profunda.

La actuación de Sylvie Testud es impecable, dueña ya de un código gestual completo. El resto del elenco se ajusta a lo que se quiere mostrar, y una palabra en voz alta es suficiente para establecer la atención.

El baile final es de una agudeza memorable, con todos los ingredientes que se fueron dosificando a lo largo del film. La sonrisa ante la duda, ante la posible resignación de la protagonista, nos implora la reflexión. Una película que guiña con sagacidad e ironía, a toda la cultura católica de occidente. Y al ser humano en su conjunto.


Over.


viernes, 4 de marzo de 2011

Through






Pongamos que decidimos narrar cinematográficamente la historia de una tortuga. Una de las tantas posibilidades sería una sucesión de planos de pies, dedos, hojas de lechuga, zanahorias, y una letanía de planos de luz, oscuridad, viento, etc.

Bien, ahora pongamos que decidimos narrar la historia de un custodio (¿es lo mismo un guardaespaldas?). Ya tenemos varias demostraciones en la historia del cine, casi todas de películas norteamericanas, en las que el hombre en cuestión muestra su valor, su entrega, se enamora de la hija del presidente o muere entregando la vida.

Rodrigo Moreno nos ofrece una interesante perspectiva, aun cuando uno presuponga que se trata de algo un tanto obvio.

El Custodio es simple: la historia de un guardaespaldas (sí, es lo mismo, che!) que al parecer tuvo algún momento de gloria, y que actualmente acompaña al Ministro de Planificación de acá para allá. Y desde el comienzo hasta el final, somos él, el custodio, su lacónica mirada sin interferencias, su oscuridad sin contrastes, su imposible insensibilidad, su drama. Su drama vacío. Vacío.

La película es nada, y eso está incrustado en la imagen, con rostros y conversaciones en segundo plano, un papel principal que se hunde en sí mismo. Una actuación magistral. Un guión que no puede cambiarse, porque se adapta de manera perfecta a la idea. Podemos cuestionar la idea, pero no el guión. Podemos cuestionar la narración, pero no el modo en que está narrada. Y podemos discutir el final hasta el año que viene, eso sí, eso sí que lo podemos y lo debemos hacer.




PD: Con el diario del lunes, yo hubiera evitado el “crimen”, y casi como un autómata, lo hubiera hecho manejar por la ruta, y que de repente, en un cuadro lejano, entre médanos, por ejemplo, se adivine el mar, y de golpe fundo a negro. Digo. Hay que ver la peli.



Over.

viernes, 28 de enero de 2011

Agujeros.





Para bien o para mal, El Hombre de al Lado es un cortometraje transformado en largo. La idea perfecta que se abre en los primeros minutos, va nadando morosamente a través de la hora y media que dura el film.

Desde la perspectiva citada, me cuesta valorar mi propia crítica. Quizás sólo pueda agregar que se trata de una de esas pequeñas películas cosidas con una envidiable técnica invisible, que se salvó de quedar detenida en la idea que la sustenta.

Puede ser que algunas escenas estorben el preciso rumbo del film, pero cada actuación, diálogo, cuadro y situación, están ajustadas con una precisión no muy habitual en el cine moderno.

El fin, diría, es casi literario, más probable en una novela que en una película, pero aún así, no desentona con la narración. Más aún, creo yo que atribuirle cualquier connotación social al argumento no sería más que forzarlo: no estamos más que ante la representación de esas situaciones en las cuales nuestro equilibrio se pone a prueba y no nos deja margen de acción. Fin.



Over.

miércoles, 12 de enero de 2011

emptiness



No hay duda: la última peli de Sofía Coppola es sobre el vacío, ese precio que paga el ser humano por su inteligencia, por su exclusiva gracia de poder razonar. Aunque en este caso se trate de la historia de una estrella de Hollywood y todo parezca planear sobre esa remanida ley que condena al que “debiera tenerlo todo para ser feliz”. Yo diría más bien que la película nos conmueve o nos pone nerviosos, nos alienta a odiarla o rechazarla, por el hecho de que hay muchas escenas que nos definen: mirar al tedio desde el tedio, sin el tamiz elegante de la metáfora ni la supuesta magia que ostenta la abstracción.

Si nos animamos, el film comienza y termina en la primera escena, lo que viene después está contenido en ella. Visto así, la aparente vacuidad de todo el relato, entra en tensión con esa imagen: nos prometieron eso, y eso nos dieron.

Que la crítica hable de “aburrido”, “insípido”, “sin rumbo” o “ambiciosa desilusión”, está bien. Es todo eso. No agrega nada a lo que transmite la peli. Quizás, y esto corre por mi cuenta, estamos en el grado cero de la producción de Coppola, como si sus dos primeras películas fueran una posibilidad des está última.

Mi reparo, por tanto, no nace del argumento o la extensión, sino más bien con la escena final, la cual aspira a algo que no se desprende de la película. Estoy convencido de que el personaje jamás debía bajar del coche. Estoy convencido de que la exquisita linealidad del film no permitía esa escena, ni la merecía. Ni la merecíamos.


Over.

martes, 4 de enero de 2011

Ver.








En mi año de teología (esa ciencia que después se degradó en catequesis, educación en la fe, evangelización, etc.) me la pasé escribiendo letras para canciones y comienzos de novelas que nunca comencé. Quien estaba al frente de la clase nos habló el primer día: chicos, yo sé que a más de la mitad de los que están acá, esta materia no les interesa. Les pido que intenten tomarlo como una posibilidad de aprendizaje histórico, y que dejen de lado la religión. Simple.

Simple, hasta que un día escucho sobre “lo natural”, la tendencia hacia el bien y castigo ante la desviación de ese camino. Azuzo: “Supongamos que Hitler creía que hacía el bien, que dentro de su sistema del bien y el mal, él estaba convencido de su accionar beneficioso, si ontológicamente él los evaluaba de otro modo, entonces no debería ser castigado por cometer un pecado.” Está claro que decir “Hitler” y decir “no deber ser castigado” es suficiente para el alboroto.

Sin dar vueltas, la profesora dijo: “es que hay ciertos parámetros de lo que está bien y de lo que está mal, se puede tomar una medida desde lo natural como el bien y lo antinatural como el mal”. Se terminó la conversación. Ahora la retomo porque acabo de ver “La Mirada Invisible”, la última peli de Diego Lerman, basada en la novela de Kohan, "Ciencias Morales."

En primer lugar, hacía rato que no veía una película que respetara la novela de la que provenía y a su vez la adaptara sin restarle valor. Un logro poco habitual. Muy poco habitual.

La película (o la novela) se desarrolla en el Nacional Buenos Aires, uno de los colegios secundarios más prestigiosos y tradicionales de la Argentina. Estamos en 1982, a meses del inicio de la guerra de las Malvinas, todavía con el sudor pegajoso de la dictadura militar más sangrienta que tuvo el país en su historia. El esquema de represión y adoctrinamiento está aún en ejercicio, con la educación castrense tiñendo las aulas con su inoportuna marcialidad.

La preceptora está magistralmente interpretada por Julieta Zylberberg, con el rigor adecuado en todas sus facciones pero con la sutileza de quien siente en sus entrañas la oscuridad de lo que se reprime.

El jefe de preceptores inquieta con su voz, se hace temer, y en su discurso se termina de entender el puesto al que ha llegado de la mano de los dictadores.

Casi todas las relaciones parecen enfermizas mientras se desarrollan dentro del sistema autoritario y delator (de hecho lo son, claro). Ahora, fuera del sistema hay el anhelo de algo que puede crecer libre. De hecho, hay una escena en la que se destaca Zylberberg: en su turbada persecución de un alumno, le revisa el bolso y le encuentra una cinta de una banda de rock. Compra el disco y lo escucha en su casa, con su cara imperturbable, pero su cuerpo se empieza a mover con una enorme timidez, sólo, sin nunca haber aprendido. Hay que verla.

Es una muy buena película, cuya simple trama es suficiente para conmover, para observar desde lejos ya (o no tanto), un tiempo que parece irreal y que no lo fue.

Over.

domingo, 3 de enero de 2010

quel tempo lontano!

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En los 60’s, en la mal llamada época de oro del cine argentino (oro escaso en una inmensa nube de películas), se repetían filmes costumbristas, de amores livianos y tragedias de manual. Europa está desperezándose en la posguerra, y de allí, de la desolación, surgieron títulos antológicos, mezclados, eso sí, con películas digeribles, ancladas en las historias simples de familias simples, como tanta gente deseaba para su propio futuro.

Treinta años más tarde, Norteamérica mezcló la universalidad de las relaciones con la opaca sensiblería sajona. Ahí encajan los actores y actrices tan bellamente jóvenes, bronceados y seductores, que sólo pueden nadar en la pantalla grande, sin jamás tener oportunidades si acaso de cayeran de allí y aterrizaran en la realidad.






Y sin embargo, desde la Italia de Berlusconi, llega una comedia liviana y entrañable, de manual, sí, pero refinada, plena de humor italiano, actuaciones ajustadas y la cálida entrega de nostalgia que nos llega a todos vivamos en la parte del mundo donde vivamos.

Más allá de algunas pelis de Woody Allen, o ciertos pasajes dentro de una obra, no me gustan las comedias, no las entiendo, siento que buscan hacerme reír, ya no como sorpresa sino como objetivo. El quid del humor es la sorpresa, creo, o estoy equivocado. No importa. Pero Esta peli es digna de verse, con un helado de frutas o una manzana verde, o un café. En casa. El café con unas gotas de leche.




Over.

domingo, 18 de octubre de 2009

Carlito's last words... Apaguen todo!

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Gail's gonna be a good mom.

New, improved Carlito Brigante.

Hope she uses the money to get out.

No room in this city
for big hearts like hers.

Sorry, baby.

I tried the best I could. Honest.

Can't come with me on this trip, though.

Gettin' the shakes now.

Last call for drinks. Bar's closin' down.

Sun's out.

Where we goin' for breakfast?

Don't wanna go far.

Rough night.

Tired baby...

...tired.




Over. (Amén)

domingo, 27 de septiembre de 2009

Julie Delpy. Antes de que llegue la noche.

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Haze, es la palabra, porque a veces es neblina, pero ahora es haze, que unta la mañana de museos y mermelada sin gusto. Antes de salir, sueño: un barrio lleno de niños jugando, una noche perfecta, cerrada de luces en esta casa, desde donde se produce ese olor a comida.
Bebemos nuestras cervezas y abrazamos a nuestras chicas, y reímos de aquella vez sin dinero. Pero yo veo en la cara de la cocinera, de la cocinera que ve en mi cara sus ojos. Veo que algo va a pasar, que todo esto no es así, que de repente todo será demolido por un accidente, una palabra, un gesto, cualquier cosa que me hará despertar mucho antes de haber pegado un ojo.

Dos películas se atraviesan en un imposible moebius plano. A los veinte y a los treinta, es lo primero. Mentira, señores, es todo un riesgo que deberá ser enfrentado, una quimera que descontrola si acaso solo intentas vivirla.

Un mediodía de gente que trabaja, responsables de hacer funcionar el mundo, para que tú y yo caminemos untados de la haze atemporal, tallando esta película junto a otros orfebres del viaje. No estamos aquí, pero todos nos miran, con ese desprecio y terror que se le adosa a todo lo que puede contagiarnos. Para bien o mal.


Están los que viven perdiendo aviones, con el certificado de inútiles que ya sabrán algún día lo que cuesta vivir. ¿Acaso ellos no viven? Hay quien nunca regresa, ni del tiempo ni del sueño, y termina husmeando el porvenir de raro descanso: un loop de años pasados que han clausurado la función. Hay quien reza el rezo de los justos, abombado de salvación cuando las cosas no marchan bien.

Tal parece que Julie Delpy es quien dice que es, tras sus personajes que sólo oxidan su carcasa. Empezó en Before Sunrise, siguió en Before Sunset, y no lo dudó en 2 Days in Paris, que como un compendio paralelo a las otras pelis, termina por hacernos entender lo que ya sentimos.

Se acerca la tarde agazapando noches de plástico, repitiendo el combo baño-cena-sexo-abrazame-me duele el brazo-dale, un poco, ya me duermo. Antes de caer, te digo que además de escribir tres libros, alguien debería rodar una película donde siga todo esto, cuando ya no seamos, para ver qué hubiera sido, agregándole lugares, por qué no.

Ellos van subiendo la escalera con respetuoso silencio, todos lo hacemos, subidos por el desamparo y la ilusión, mientras acariciamos un gato inmortal. Misteriosos gatos. La vida está atravesada de misteriosos gatos que nos miran paralizados, curiosos de vivir, los amamos.


Quizás, dentro de un tiempo, todo gire para este lado, los aviones no se pierdan o ya ni siquiera nos animemos a volar. Por caso, dios, familia y propiedad está siempre a la mano, como bálsamo existencial para que los que perdieron el rumbo, justo ahora que lo encontraron. En fin.

Nos queda el disco , nos obliga a cantarlo, a desconfiar de su sencillez. Ella escribe:


Toujours perdante, tu me tourmentes
Et tes désirs me prirent pour me détruire
Je prends un certain plaisir a souffrir
A me punir, a me repentir















Over.

sábado, 8 de agosto de 2009

La Parte del León. La primera de Aristarain.






Opera Prima de Aristarain, La Parte del Leon es una obra con altibajos técnicos y argumentales, pero que no hace mella a la grandeza de su filmografía.

Ambientada en los setentas, con la curiosidad de desdibujar a Buenos Aires y hacerla más una típica metrópolis donde el hombre se frustra, algo que comparten todas las grandes ciudades, la historia que da vida a la película tiene más rigor literario que cinematográfico (en relación al argumento), aunque el tratamiento está muy bien logrado.

La historia es simple: un hombre separado y sin trabajo, se topa por casualidad, con un botín millonario. A partir de allí, las peripecias para lograr que ese dinero pueda ser usado, se van desencadenado hasta darle forma a la moraleja que enseña que la ambición desmedida casi siempre termina mal.

Olvidando varios problemas de continuidad, de sonido y de iluminación, la película va logrando su objetivo: el increscendo de suspenso por la participación de ladrones y asesinos. El final, diría yo, redime de todas esas falencias antedichas, aun las de argumento, ya que hay por lo menos dos situaciones poco aceptables:
Por un lado, la forma en que el personaje se topa con el botín (un poco tirada de los pelos), que podría haber sido narrada de otra forma y sin mucho esfuerzo. Por el otro, una escena hacia el final, donde no se comprende por qué los ladrones no van en busca del hombre que les robó su botín, y en cambio eligen esperarlo con pasmosa tranquilidad.

La escena final nos deja una fotografía inolvidable, con una Luisina Brando disparando un demoledor: “Sos un pobre tipo”.

Al margen, la actuación de Julio Chávez, irreconociblemente joven, confirma su autoridad ante la escena. Julio de Grazia, impecable, al igual que Ulises Dumont. Y Cecilia Padilla, quien hace de hija de Julio de Grazia, sorprende con uan actuación extraña para le época, depositaria de una actitud misteriosa ante el peligro. En la escena con Chavez, deja lugar a una controvertida aceptación que asombra.
Por cierto, qué sera de la vida de esa mujer, porque que yo sepa, nunca más se supo de ella. Creo.


PD:”La Parte del León” hace referencia a lo siguiente:

Es una reminiscencia de la fábula de Esopo "El león y el onagro" (una especie de asno salvaje). Según cuenta el fabulista griego, los dos animales colaboraban en una jornada de caza hasta que cobraron una pieza y llegó el momento del reparto, en la que el león llevaba la voz cantante. Lo primero que hizo fue dividir el animal en tres partes y comenzó a efectuar el reparto: la primera parte era para él, por ser el rey; la segunda, también para él, en su condición de "socio a partes iguales" y, a llegar a la tercera, se detuvo, miró al onagro y le dijo: "Si no te vas de acá, la vas a pasar muy mal". Posteriormente, el modismo quedarse con la parte del león pasó a expresar el abuso de poder y la falta de equidad en el reparto, cuando uno se asocia con alguien más poderoso.





Over.


sábado, 21 de marzo de 2009

Imagina a toda esa gente con techos en los ojos.








Hay muchas formas de pasar el tiempo, lo que no se puede evitar es vivirlo. Ahora, si él nos vive o nosotros lo vivimos, bueno, eso está difícil. No es según de dónde se lo mire, es una cosa u otra. Hay que decidirse: una cosa u otra.

El tiempo las vive a Marie, Anne y Floriane. Las revuelve la adolescencia, las aplasta el verano intrascendente de sus vidas intrascendentes. Corren contra el tiempo que las espera, las sobrepasa, se esconde. Se esconde detrás del sueño de ser grandes de golpe, de poder sincronizar sus vidas con el argumento de que practicar te ayuda. La vida no se puede practicar, ya lo aprendimos.

Con un pie en el cine de Lucrecia Martel (especialmente en "La niña Santa"), y otro en el de Gus Van Sant (especialmente en "Paranoid Park"), "Naissance des pieuvres", planea sobre la identificación adolescente femenina, su aparente naturalidad lésbica y el miedo a ser penetradas (¿rotas?) por primera vez.

Suave y silenciosa, la película no se desmorona porque quizás la sutil construcción de su relato va más allá de narración exigida en tiempo y forma. Miradas desoladas, bellezas sin madurez, cuerpos esclavizados por el antojo hormonal. El antojo hormonal.

Por momentos, las actuaciones están estereotipadas, forzadas a no ser, porque la adolescencia es un terreno que la directora ya vivió. Es decir: siempre se cuenta lo vivido, y en ese camino, todo se simboliza, mezclando memorias y palabras, otorgándole luz a la propia elección. Una cosa es estar en medio del conflicto, otra muy diferente es contarlo diez, quince años después, eso lo sabe todo el mundo.

Hay tres escenas que se quedan para siempre:

1) Marie y Anne tiradas en la cama, mirando hacia arriba, regalando esta reflexión: “Probablemente, el techo es lo último que la gente ve. Al menos el 90 % de la gente que muere. Cuando te mueres, lo que último que ves debe quedarse grabado en los ojos. Como una fotografía. Imagina a toda esa gente con techos en los ojos.”

2) Marie sentada en el cordón de la vereda, de noche y sola, mirando cómo le arrebatan su confundido amor de las manos. Siempre me ha gustado esa imagen: alguien sentado en el cordón de la vereda, sólo y sin prisa.

3) El temido primer beso, con ese (no tan sutil) efecto del rouge corrido de las bocas, como la sangre que cae por primera vez y para siempre.

Creo que el tiempo nos vive, porque nosotros nos vamos y él sigue, pero no estoy seguro, me parece demasiado fácil mi conclusión. Quién sabe. Pero hay que elegir, eso es ley, siempre hay que elegir.





Over.

viernes, 13 de marzo de 2009

Párese derecho, carajo, usted va a matar a un hombre.






Difícil resumir en una interjección, tanta historia. “Che”, ese llamado argentino para buscar la atención. Diáfano e informal, limitado a un tono y a una modestia.

El Che Guevara fue el comandante, fuser, Ramón y Fernando. Ernesto y Ernestito. Fue tanto que sólo un experto podría abreviarlo, condensarlo, ¿simplificarlo?

Steven Soderbergh se le animó al asunto, y quizás no tuvo el coraje de narrarlo todo en un solo film. Quién sabe, el consejo del abuelo no es inútil: “acá o allá, pero en el medio no sos nadie”.

La primera parte, llamada “Che, el argentino”, comienza con un tratamiento que recuerda a algunas escenas de JFK, con ese desahogo de conspiraciones para asaltar el poder. Es el entrenamiento y la lucha de tantos años en la selva, el trabajo psicológico para gozar de la aprobación del campesinado, los pobres, los oprimidos. Todo dentro de una época y un contexto. Una isla gobernada por un títere, la segunda guerra mundial ahí nomás, la guerra fría, la U.R.S.S. y un montón de gente dispuesta a matar o morir.

La primera de las películas, acierta en la distancia que se pone entre el hombre y el mito, pero no deja de tomar partido: para Soderbergh, el Che era un gran hombre, valeroso y luchador.
El lugar para buscar algún error, es opacado por la sordidez que enfría muchos pasajes. Es una buena película, más didáctica que ideológica. Una película didáctica sobre una lucha ideológica. Cada uno sabrá.

La segunda parte, llamada Guerrilla, está basada en los diarios del Che en Bolivia. Una narración excesiva que se repite cuadro tras cuadro, dejando lugar a pequeños diálogos que intentan hilar el relato. Un Che casi ausente, entregado a una pelea ingenua. El final que todos conocemos, con la participación de los estereotipados militares y los muchachos de la CIA. Quizás sí, cuando las balas lo derriban, se dan unos minutos de gran cine, incluida esa escena del helicóptero barriendo la cara de los campesinos, empujando, las aspas, el viento de la vergüenza sobre esos hombres y mujeres. Y se termina.

Benicio del Toro es preciso y convincente, logrando un trabajo casi perfecto.

Steven Soderbergh, va y viene con sus intenciones: bien puede rodar una peli como Traffic, como otra sobre Kafka y otra como Ocean´s Eleven. Con Che, logra no restar a la historia del guerrillero. Tampoco agrega nada.





Over.


PD: "El imperalismo embrutece".

lunes, 16 de febrero de 2009

A todos, pero los del otro lado, eh!







Tendría que hablar de la Escuela de las Américas, del Plan Cóndor, de Kissinger, yo qué sé de cuanto debería hablar. Por suerte, llega esta peli, Matar a Todos, una coproducción argentina chileno uruguaya, países que se unieron para el arte y no para el genocidio de sus pueblos. Eso sólo, ya justifica el film.

Atravesada por los tiempos que sucedieron a las dictaduras, con caníbales aún vivos y otros tantos que sordamente los apoyan, la película se articula sobre el caso de un científico chileno que es secuestrado en Uruguay. Nada nuevo si no fuera porque las dictaduras ya habían pasado, y la justicia debería saber hacia dónde apuntar sus fusiles.

El científico en cuestión había sido uno de los responsables de la utilización del gas sarin en Latinoamérica, uso este último que no vio la luz a gran escala. Y por un descuido de sus captores, comienza a huir por un bosque cercano a una playa uruguaya, terminando su escape en una comisaría. El resto es de manual: comisario que llama a superior, superior que llama a superior, libros que se pierden, llamadas que se cortan, testigos que se “mueren”.

Toda la trama está sostenida por una fiscal, quien parece ser la única que huele algo extraño en la desaparición del científico.

Sï, se puede decir que la trama peca de obviedades: La hija rebelde del militar fascista, la historia de amor inconclusa con el compañero de lucha, la ceguera del poder político, el periodista aventurero, etc.

Sí, todo lo anterior está, pero también reluce la intención sostenida de un thriller que atrapa, animado por un caso real, y con algunas actuaciones y escenas muy dignas y conmovedoras. Un gran acierto del cine uruguayo, y un importante aporte al cine de los años de plomo de Latinoamérica, apoyándose en un tema poco conocido.

Y hay que matar a todos.



Over.