domingo, 4 de abril de 2010

La pregunta era otra.

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Me dijiste: imaginate que estás en un avión, y la azafata te confirma que se va a pique, que busques el chaleco salvavidas y que reces o que mantengas la calma. Ok. Entonces la tenés al lado y ella te vuelve a preguntar sobre el tema. ¿Le decís la verdad o no?

Te contesté: en qué cambia, diga lo que diga ya es lo mismo, no creo que se vaya morir con menos angustia, ni siquiera sé si es mejor la verdad o la ilusión. Escuchame una cosa, yo no quiero saber la verdad todo el tiempo, para qué me vas a cagar la vida, y además, si me quedan cinco minutos, qué mierda me importa lo que me digas.

Y ahí nomás me miraste con esa sonrisa socarrona que odio más que nada en este mundo, otra vez esa soberbia, insoportable y asquerosa habilidad de engancharme cuando menos me lo espero.


Over.

lunes, 29 de marzo de 2010

Un número.

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Esta es la entrada Nº 600. O el post Nº 600. Es decir, nada. O 600 posts.

Foto de algún lugar en Berlín. Me honra el aniversario.





Over.

sábado, 27 de marzo de 2010

Maite Zaitut, bihotz



¿El amor es la estepa o es la estepa el desamor? Estepas, nieve, desiertos, lagos en el fin del mundo, escenarios de Julio Medem, el cineasta vasco más interesante que haya dado la Península Ibérica. Sí, ok, las hipérboles siempre son erróneas. No me importa.

La última película que mis ojos pudieron sentir, es Caótica Ana, de agosto de 2007. La crítica (la paga y no paga), se puso de acuerdo: el film no es muy bueno, demasiadas digresiones, mucho hincapié en las imágenes y pobre estructura de argumento, bla, bla, bla y bla.

La película es hermosa, pero casi como un mantra inaudible, quien no ingresa en la belleza ofrecida, sólo ve superficies, reflejos, colores. Que es una película sobre estados hipnóticos es claramente obvio. Se divide en actos que van del 10 para atrás. Pero eso es un primer engaño. Como el poema de Poe, la película no es más que un estado hipnótico dentro de otro, y así a la manera de las matrioskas rusas, hasta que al final, como en el cuento de Lucía y el Sexo, se llega al centro y se cae para volver a empezar.

¿Por qué es una película – Medem? Porque hay jóvenes, amores rotos, búsquedas surrealistas, arte, conversaciones montadas en una fantasía cuasi adolescente, encuentros, muertes y la negra sensación de que no hay finales felices. Desde la Ardilla Roja en adelante, el mensaje vagabundea alrededor de un tópico preocupante: Nos preparamos para ser jóvenes y lo que viene después es la simple necesidad de participar en el teatro para que los próximos jóvenes vuelvan a la función. No hay retorno, no hay salida, el amor es brutal y caótico, te eleva al máximo tolerado por tus pulmones y esos cinco minutos son el nirvana permitido en esta vida. Detrás quedan los pozos y los faros de Lucía, para darle lugar a los viajes ancestrales de una niña mujer.

Todo debe consumirse en pocos años, de los veinte a los treinta, digamos, porque el mundo es de ellos, después es imitación o hacerse el distraído.

Ana, el personaje, sonríe todo el tiempo, llena de vida y terror. Una mujer que no puede soñar dormida y que se encuentra con el hombre que no puede dormir. Una insoslayable parábola sobre el insomnio del amor, que se funde, famélico, cuanto más se lo aviva.

A nadie le va a gustar esta película si no acepta ser inducido a abrir las puertas de piedra. Para eso no han encontrado cambio: sin la voluntad, no se logra nada.


Over.


Palabritas

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Entonces me doy vuelta y me voy a jugar, juegos que te encantarían, juegos en los que no se pierde ni se gana, son como saltitos, despacito para que no duela al caer, salgo y ni noticias, como si nada, sólo un puntito en el pasado, allá, y hasta en mi habitación, cuando me leen libros que ya olvido, y la ventana no hace mal, como un llanto general, viste, es ahí cuando lo pienso y no sé si es por ese llamado o por las horas que pasan que me digo sí, definitivamente, no hay dudas, sin embargo, ando con cuidado de no dar muchas vueltas en la cama, de cerrar los ojos cuando hay sueño, de no oírte repetir que ya cambiará todo, tarde o temprano, quiera o no quiera.



Over.


viernes, 26 de marzo de 2010

Se acaba el suelo.

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Este post es como el demo de este otro. O al revés, quién sabe.

La lluvia pasa por mis ojos a pocos metros, la ventana apenas abierta, pero el ruido viene de abajo. La imagen y el sonido mienten, uno de los dos, miente, yo lo sé, qué me importa, qué puede importarme acaso la falsa unión de mis sentidos.

Sería así, creo, con la ventana apenas abierta, le agrego la lluvia y el ruido de la calle, y camino suave como en la infancia frente a la piscina, jugando a no saber que se acaba el suelo.

Taladrado por las drogas y el alcohol, Chet Baker ya no era Chet Baker, y si hoy tuviera los 80 años en los huesos, tampoco sería él.

El saldo de su cuerpo se cansó para siempre aquella tarde en Amsterdam, y la crónica oficial está bien: “Se cayó (¿o se lanzó?) desde una ventana del tercer piso del hotel donde se alojaba.” Todo mito exige dudas. Chet Baker.

Almost me
Almost you
Almost blue




Except when soft rains fall And drip from leaves, then I recall The thrill of being sheltered in your arms



Let's get crossed off everybody's list




Over.


Si aún leés esto, a vos te digo:

Estuvimos ahí. Vos y yo estuvimos ahí. ¿Dónde cuernos estás ahora? No estaría mal, ahora que llega el frío. Digo, esto.





martes, 23 de marzo de 2010

Todavía faltan.

Todavía hay mucho hijo de mil puta dando vueltas.

Olé olé, olé olá, como a los nazis, les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar








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Over la pelotas!!!!!!!!

La media res

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Entonces hay que destruir la cosa amada, sustituirla por la insignificancia de la ausencia. Rebajarla al olvido. ¡Pero nada de completar agujeritos!; menos aun dejar que se imponga una posibilidad de ese objeto del deseo. Porque detrás del espacio rellenado siempre subyace el molde primigenio, y esa nada que se cubre termina siempre mostrando los bordes, algo sobresale y molesta.

La cosa amada va más allá de los cuerpos, trasciende esa necesidad física, se transforma en un bálsamo que nos va llevando de las narices hacia donde quiere. Volvemos siempre al mismo sitio y exigimos el mismo discurso, un discurso que se apaga apenas termina. ¿Me querés? Qué importa tu “sí” o tu “no”, volveré a preguntar, porque estoy perdido y no me sirve lo que me decís, no te estoy preguntando nada, estoy confirmando mi insatisfacción.

Hay que soltarse de la cosa amada para poder reconocerla de nuevo, quemarse y salir corriendo. A veces se necesita un poco de voluntad y suerte, pero a decir verdad, lo más probable es que lleve toda la vida. Mientras, vamos a negar el agujero, lo vamos a disimular con telarañas y sexo, con la esperanza de que algo cambie sin nuestra intervención. Juraremos que la ceguera es falta de luz, una densa tiniebla que ya se abrirá.

La res amada. La res cogitan. La res extensa. La no res. La sustancia del amor, traficada por los cuerpos, y encima explicamos mil veces lo inexplicable. Abro la mano, sí, pero me aferro con la otra. Siempre.


Over.