domingo, 6 de abril de 2008

Caen como pedazos sueltos

Estoy sentado corrigiendo unos ejercicios. Mi escritorio en el colegio está del lado de las ventanas que dan a la calle. El cajón izquierdo es mío; el derecho, del área de lengua y ciencias sociales. Abro el derecho. Un montón de papeles, sobres, lapiceras. De repente una fotocopia de un artículo sobre el cielo. Título: “El Cielo, ¿Qué es?, ¿Qué hay?, ¿Quién vive?” Innecesario aclarar que al tener la extensión de un artículo, las tres preguntas quedan bien abiertas. Eso no importa. En el ángulo inferior derecho hay un recuadro que dice: “Una tribu de África pensaba que la noche era una enorme bestia en cuyo interior habitaban las personas. Llamaban a la Vía Láctea el Espinazo de la noche y decían que, gracias a ella, la noche se mantenía compacta y quieta; y sin ella, los pedazos de oscuridad podrían caer sobre la gente.

Lo de “enorme bestia” y “pedazos de oscuridad”, ¿no?

El deseo es la mouche en la soup. La mouche dans la bouche. Eh….

En 1984, nuestro queridísimo Julio publica Salvo el Crepúsculo, libro-collage (término bien setentoso si los hay), con poemas, prosa, garabatos, citas, y demás condimentos. Poemas de la época de Denis, la mayoría un poco flojos, digamos; un tanto académicos, precisemos; cursis, exageremos. De repente, encontramos Cinco Poemas para Cris, y seguidito, Otros Cinco Poemas para Cris, y en el que sería el noveno o el cuarto, según la serie que elijamos, Cortázar define al deseo: Creo que no te quiero / que solamente quiero la imposibilidad / tan obvia de quererte / como la mano izquierda / enamorado de ese guante que vive en la derecha.

Sí, estamos de acuerdo, hermosa definición del amor incendiario, ¿no? Pero Cortázar ya había escrito Rayuela, esa catarsis hipnótica, manoseada por términos como contranovela, que nada tienen que ver con su encanto. Una novela que desgasta, consume, no te atrapa, te empuja a dejarla, hasta que la tensión se vence y el esteorograma literario te llena de belleza. Ok, hablaba del deseo, del pameo de Cortázar, de Rayuela y de este capítulo, el 93:

“Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación de] amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños”

Lo mismo, pero escrito con la musa en la altura óptima. Que vi el puente entre el poema y la prosa, eso quería decir, nada más.

Pd: Francois, ¿bouche y mouche se pronuncian igual? De paso te cuento que, para seguir en este ambiente galo, también en 1984 la CBS edita el disco Jazz A La Francaise donde Claude Bolling toca el piano como si sus dedos obedecieran al jazz y su mente insistiera con lo clásico. ¡Impresionante!, seguro que lo tenés, ya lo sé, tenés todo, uf!




sábado, 5 de abril de 2008

Fuera michifuz!


S. no tiene malas intenciones, lo que pasa es que bueno, como dice, viene de otro tiempo, de otro lugar, de otros pasatiempos (lo último fue genial!) Entonces, cuando me pregunta qué vendría a ser eso de escribir en un blog, por qué escribo en un lugar que nadie lee, que para qué me fijo en la forma de escribir si no debo seguir ningún estilo, intento contestarle con unas líneas geniales de una genia: Explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome.
No, no lo hice, supuse que todo sería peor, que me diría que estaba diciendo tonterías, así que le dije esto: “¿Nunca viste a los gatos que están acostados y de repente se incorporan, dan una vuelta en el lugar y vuelven a acostarse de manera idéntica a como estaban?

Over.

viernes, 4 de abril de 2008

Carta de Amit desde el contrafrente y guardia baja

Crece en mí una fotografía elemental tomada en cualquier tiempo, a cualquier hora, gris y cálida a la vez. Un Buenos Aires tenaz y cascabel, asomado a mí, pena de mi sombra, me define. Pero mis ojos se abren lejos, se untan de otra mañana hace más de un año, se dejan acariciar por el mediterráneo y se astillan cuando la noche es permeable al recuerdo, ese trozo de hoy que nos vive. Y crece en mí la fotografía, espejo frenado, de un inamovible gesto de paz. Una bruma me sobrevuela a estas altas horas y me descansa. Me sobrevuela porque sube y se apacigua en una movilidad detenida, y me descansa porque Buenos Aires está cerca, porque me vuelve a correr en las venas, porque vuelvo a esa tierra arrasada de la que tantos se quieren ir.

Estoy viviendo un tiempo bueno, caóticamente bueno, lleno de acentos y culturas. Miro atrás y mido el año y algo que me separa de mis calles, y me equivoco, porque en realidad surge como una unión, inefable, pero unión al fin. Sé que te fuiste y no sé si seguís fuera, pero sé que entendés lo que significa el adentro y el afuera. A mí me pasó un lindo torbellino, que me hizo entrecerrar los ojos varias veces. Como diapositivas intensas, muchas cosas han pedido filtro y guarda (y guarida). Recuerdo casi todo con una indolencia hermosa, como si un velo de belleza les hubiera dictado una estación protegida.

Pensé en vos por Cortázar porque es también una foto con un gato y miles de días anteriores sin que esa foto llegara a la pared, y otra vez la foto de la divina inocencia, la divina y real infancia como remanida patria, la crueldad como palabra imposible. Advierto en mí una nostalgia duplicada, en el tiempo y en el espacio. Siempre creí que la memoria sólo guarda imágenes sin sonido, mudas reivindicaciones parciales que nos permiten una caricia lejana. Te recuerdo y ya me sonrío, asociándote a inocentes años de descubrimiento. Trabajo en una escuela, otra vez, con niños, y es como si todo me propusiera un círculo, una necesidad de hacer paces, un encuentro casual en el que el azar no tiene tanto que decir. La vida siguió como siguen las cosas que sí tienen sentido, y me entristece asumir que lo que veía como posibilidad cierta terminó naciendo.

Adelante, todo el tiempo esa palabra, vamos, adelante, pelear, y me río. Río que es el tiempo y el que divide. Río que nos lleva y al final somos nosotros, también. Se unen las piezas y se cuelga el cuadrito, ¿no? Puzzle apagado por su muerte que es el comienzo de la imagen total. Llegamos a imagen, vos y yo. Vos seguís y yo sigo. Te imagino hablando otra lengua, no sé, fumando nerviosa, leyendo, juntando palabritas, feliz. Yo me veo así, sin lo de la otra lengua, claro. Sigo juntando palabras, sí, y a veces pienso. Meto las manos en los bolsillos y juego a las nubes, a ver barcos en el cielo, la luna que entrelaza. Es raro estar en paz, eso, que uno se siente en un café y el cigarrillo se vaya perdiendo y el café no se apura. Me cuento cosas, muchas veces, me cuento a mí mismo, me explico, me veo presa de un viento exquisito que hace que todo siga y me duerma. Geografía loca y fe que se cega y hay que creer en algo, en alguna mueca, en algo. Títeres de imanes, pegatina mágica que une sin ver, los hilos que no ven Y sí, veo que lo peor es el terror de saber que lo falaz fue verdad, y sin embargo, creer taxativamente en cada cosa escuchada, en los anuncios del tiempo como espejo, como inútil corrupción de los años, y corroborar que el animal herido se aferra a sus convicciones o hiere, una de dos. A la hora en que sale la banda, en la espera larga, cuando algo cobra sentido y los pormenores lejanos nos ligan sin más. Hay algo que pulsa, que te pulsa, lo sabés, en los pasadizos del comienzo, una luz, sólo una luz, allá, allá bien atrás, te salva de estrellarte. Te enseñan a morir, eso sí, y después que dios te ayude. Pero sabés, no me creo que no haya empezado antes, que hay como escenas que vienen desde antes de nacer, pero me pasan a mí, el mundo me pasa a mí. Yo qué sé.

Puto nihilismo. Todo este ninguneo, este niñeser, este corazón caracol que acata cenizas. Quisiera escribir cualquier otra cosa, de otra manera, pero sé que la vena se tensa igual. Qué sombra, corazón, que sombra resistente de años y vidrios y sirenas y tanta palabra guardada para siempre, como los días de esos años, y nadie, absolutamente nadie entenderá, nada, no lo tienen ni lo tendrán. Qué lo tiró, y encima andamos exiliados, uno del otro, desconocidos, qué poco final. No. Qué exilio precoz. Escribirle a alguien que no está es, por lo menos, vértigo, una danza de hojas secas en la piscina vacía, pero si la ausencia es palabras, otra cosa, al menos, como que la gente que puebla mi soledad se las rebusca en declararse viva, y si no, qué va ´ser, si las “esperanzas están en los escarbadientes”, y el sacamuelas obliga.... Las manos tocan las teclas y no las detengo. Aquiescencia con un guiño de voluntad, seguro. Pasa el tiempo, vuelve la felicidad y quedan los talismanes a cualquier hora, para siempre. O quizás nada de lo que digo y sólo digo hola, che, ¿seguís viajando también? ¿seguís juntando palabras?


Over.

PD: Amit dice que hubo respuesta. Pero Amit es un caballero, señores.

Pozo negro


Que ni siquiera pulse la lluvia
en tu corazón extranjero
el aliento de la suerte a cualquier hora.
Se terminó,
ya adivinaste el engranaje:
la vida llena de alfileres, ambulancias,
látigos y premios


Pozo negro


Exilio

Bruma del exilio
Ya me alcanzas, ya me ocultas
El agua inútil de las Danaides
La terca piedra de Sísifo
Las entrañas fénix de Prometeo
Pasado, amor muelle, entras y no cruzas
Exilio, niebla también, me harás daño
Y en ti mi vida será el instante, ya, ahora,
Bolsa de la nada, balsa a la intemperie
Me corres, no te esquivo,
Qué podré hacer, ceniciento amor que me persigues
Siempre atento, cumplidor y puntual.

Dicen que el olvido te distancia. Dicen que la distancia...



El nuevo camino se acercaba un poco más, pero aun así, andando a buen ritmo, no se tardaba menos de treinta minutos en llegar al faro. Ricard pensó que sería una buena oportunidad para David, que lo escuchó con recelo pero aceptó, quizás como hubiera aceptado cualquier cosa. David bajaba una vez cada quince días al pueblo, generalmente para comprar comida, algún que otro elemento para el faro, y muy rara vez tomaba un café en el bar de la plaza. Después de un año, Ricard volvió al faro. David lo saludó con cierta distancia y los dos subieron los trescientos cuarenta y dos escalones de la inevitable escalera caracol. Una vez en la parte superior, David se sentó en uno de los tres sillones que había en el lugar y se quedó frenado frente a los ventanales que daban al mar. Ricard, parado, con la cabeza baja, le preguntó: “¿Alguna novedad, David?”. David, sin darse vuelta y con una tenue sonrisa entre los labios, le contestó:”No, Ricard, aun no he conseguido olvidar nada”.


Over.