domingo, 29 de diciembre de 2013

Nietzsche Mon Amour


Cuando ni yo ni mis padres ni mis abuelos habían nacido, Friedrich Nietzche todavía no estaba loco del todo y ya había escrito Más Allá del Bien y el Mal. Aún cuando hablen de un corpus o un concepto que anuda el texto, yo, en mi selección interna, lo considero un libro de misceláneas. Sí, ok, lo que pasa que para mí, "miscelánea" no es lo que casi todos piensan. No importa. En la sección segunda, Espíritu Libre, Nº 41, Federico sentencia:

"Tenemos que darnos a nosotros mismos nuestras pruebas de que estamos destinados a la independencia y al mando; y hacer esto a tiempo. No debemos eludir nuestras pruebas, a pesar de que ellas sean el juego más peligroso que quepa jugar y sean, en últimas instancias, sólo pruebas que exhibimos ante nosotros mismos como testigos, y ante ningún otro juez. No quedar adherido a ninguna persona: aunque sea la más amada,- toda persona es una cárcel, y también un rincón"

Albricias! ¡Qué declaración de misoginia y profundo amor al mismo tiempo! ¡Qué belleza adolescente contienen las últimas palabras! ¡Qué aventura irrealizable! Primero, hay que recordar que Nietzsche no tuvo hijos, y que su vida amorosa dista mucho de ser envidiable. Pero entoncés cómo pudo escribir esta apología de la soledad con fondo de amor no correspondido. No lo sé. Sé, sí, que Federico estuvo mudo hasta lo cinco años y volvió a callar diez años antes de morir, ya presa del velo de la locura. Sé eso, y también que todo esto me hizo recordar a la preciosa canción Universo, del disco Sal, de la banda Entre Ríos. Attenti, dice la canción: "Hoy / el universo es lo que ves / tu cuerpo ya no es mi rincón". Y claro, uní esta letra de Sebastián Carreras con las palabras del gran Federico y voilâ! Secretamente, el mundo giró más de cien años para que una palabra encuentre su eslabón en una canción para seguir sintiendo.

Lo de la cárcel es claro. Lo del rincón, cada uno para su molino. Podría ser el lugar de refugio, el de aislamiento, el de castigo. Podríamos forzar una antítesis, pero de algún modo, si fuera muy clara, perdería la energía, y llegaríamos a Sabina y su "tu mal y tu bien(...) tu manta y tu frío" y él mismo lo admite: se pone cursi.

¡Cuántas cárceles y cuántos rincones acarician nuestra condición y juramos y prometemos cerrar los ojos, olvidar, no estar enterados de nada! ¡Cuánto tiempo sentimos el dudoso placer de informarnos sobre agujeros negros, planetas y andrómedas o nos empalagamos de nanotecnología! ¿Tejemos o destejemos la madeja?

 

Over.

domingo, 27 de octubre de 2013

Pozo negro





Aceptemos la sustancia,
desmoronada en la ciudad
como un vapor elemental
entre tu cuerpo y el mío

Aquiescentes moremos,
trémulos, el dulce vacío.

Somos todos los ojos, hoy,
bajo este cielo de miedos
que nos calla y nos alerta.

No sé nada y nada niego,
ni tus garras de tristeza
ni mis manos de otras manos

A quién acaso entregaré  
esta pánica clausura del olvido,
este falso abrigo de amor ciego.

Over.

lunes, 21 de octubre de 2013

Delusions





Es de noche y el calor no suelta. Pienso que en algún lugar del mundo, alguien estará fabricando chocolate, mezclando azúcar y cacao, y agregándole vainilla o lecitina de soja, después lo llevará a un molde y el resultado serán esas barras divididas en bloques que tanto ayudaron a los maestros para enseñar las divisiones. Ese alguien es un hombre que ya no piensa en fracciones y ha tenido un sueño la noche anterior que lo tiene aún desorientado:

 En un pueblo de montaña, un grupo de gente está parada alrededor de un cura. Él se acerca y comprende, sin que nadie se lo diga, que están enterrando a su padre. Siente miradas de compasión, pero él quiere decirles que su padre no ha muerto, que debe haber algún error. De repente se quiebra el sueño y él esta sentado en una silla mecedora, mirando la televisión. Afuera comienza a llover con fuerza, como si las gotas golpearan sobre un techo de chapa aunque el lugar fuera todo de madera.

Cierto miedo lo lleva a pensar que la lluvia inundará el lugar, y que el cementerio, que debe estar cerca, quedará bajo el agua, levantando los cuerpos enterrados. Agitado de angustia, corre hacia la puerta y busca el camino que lo lleve a la tumba de su padre. Todo se vuelve oscuro y mojado, y parece como si el paisaje se repitiese cada tanto tiempo. De todo lo que había soñado, esa parte era la que más lo alteraba: correr hacia la tumba de su padre y no encontrarla, pensando en su cuerpo flotando entre piedras y tierra.

Una brisa fría llega desde el sur. Quizás haya llovido en alguna parte y eso explique mi repentino temblor. Quisiera que llegara rápido el día, callado, sin nada en medio, limpio, y tumbarse en la rutina por un buen tiempo. Pero eso no es vida, no señor. 



Over.

 

viernes, 20 de septiembre de 2013

Pozo negro



Ya nadie soporta el rigor de este lenguaje
Esta quietud esencial de días y siestas.
Ya nadie se opone, ya nadie adultera,
Ya nadie violenta la estaca-palabra
Por qué no dejarlo así:
Una lluvia de personas que esperan,
en forma de anzuelo, dormidas.
Sueñan que duermen. (Eso es un enlace.)
En el sueñoanzuelo esperan dormir.
(sueño y anzuelo no se oyen bien juntas)
Pero duermen como un signo de pregunta,
en el sueño diáspora agotado, fingen.

Fingen una excusa o un deterioro.
cuelgan fósiles en su brusca insistencia,
lloviendo esperas en la noche larga.
Ya nadie pregunta nada. Nada.

Over.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Queda.




Haberte ido. Entonces cuando supe que la vería después de tantos años, ensayé palabras de ocasión, para llenar rápidamente el silencio a su favor, ni siquiera podía pensar en la posibilidad de que saque el tema, las dos luces allá lejos, la lluvia en la noche y el vidrio cuya grieta no cesaba en sí misma sino que nos llegó a los cuerpos y ordenó cierta atención que al no acatar terminó por abrirnos. Así creo que fue, quién sabe, tener una causa, siempre es mejor.

Estarías parecida, me hablarías con el mismo defecto, quizás me mirarías el pelo o las manos, yo siguiendo tus ojos detrás del vidrio, un juego de ajedrez nervioso para que calles. Pero si dijeras algo, yo qué podría contestar. Las luces se veían lejos, vos leías pero yo te lo avisé, lo mejor era bajar la velocidad, dijiste eso, me acuerdo bien, pero si apenas se veía, entre la lluvia y la noche, y encima ni una luz en la ruta.

Quizás te bajaría la mirada, un encuentro casual y tanto tiempo, porque de veras que todos estos años se encimaron sin olvido, vos por un lado, y por el otro tu cuerpo al lado del mío esa noche y el golpe seco, era una persona, o no, un animal, tuve que hacer esa maniobra porque si no, nos íbamos derecho contra las luces y ahí era peor, seguí porque en medio de la nada podía ser peligroso. Yo escuché lo mismo que vos, la sirena a lo lejos y ya cerca nos pasó la ambulancia, quién llamó, entonces no era un animal, o sí, el otro llamó por las dudas.

Te habrías cortado el pelo, estaba tan seguro de eso, y te habrías resignado, de golpe, asustada o cansada, porque yo no sabía pero después sí, los vientos de la experiencia, yo que hubiera jurado que sería imposible, pero no, ahí me contarías del pueblo y la vida en familia, que todo cambia así, como un llamado telefónico a las tres de la mañana, nadie se lo esperaba, así sucede. No duermo, apenas si pasa la noche y va cursando su conjuro. Ni volví ni me quedé, sé que no conté nada y siempre pensé que te vería y callaríamos.

Haberte ido, así, de la nada, como quien ya conoce la salida y no lo quiere compartir, hiciste bien. A veces escucho sirenas, alguien toca la puerta y yo, mudo, salgo sin decir una palabra. Compartir una muerte ignorada, y alguna que otra señal a tiempo. Mejor sería no ir, pero no se puede, al final nunca se puede.

Over.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Lo superfluo


Amor de base para las cuatro estaciones, todo en un re mayor con variaciones. Su derrotero cumplió lo soñado: ser hija siempre. Padre biológico que le entrega la posta al esposo y luego, porque él siempre se muere antes, será el hijo varón el que violente el pasaje y como un per saltum filial, pase de hijo a padre sin escalas.

La desoladora determinación de llenar las horas con arbitrariedades modernas, se funde más en la mujer que en esos “padres”. Es un apéndice, una extensión fundada en la inutilidad que existe porque encaja en el temor de quien la acuna. No hay vocación, no hay muerte, no hay caminos que reclamen sus pasos. No hay nada más que la construcción de su vacuidad, una entelequia de amor. Y nada más.

Todo esto me recuerda a la novela de Ludwig Tieck, “La Abundancia de la Vida”, en la que se narran las vicisitudes de una pareja de amantes que, refugiados en una habitación del segundo piso de una casa emplazada en los suburbios de una gran capital europea y sumidos en la más absoluta pobreza, procuran encontrar recursos para alimentar la estufa que los protege de un invierno despiadado. Para Enrique y Clara, tal el nombre de los amantes, el amor que se tienen es lo único que merece conservarse. Ese amor es para ellos la verdadera razón de su existencia, un amor ante el cual todas las cosas y todas las relaciones comparecen en calidad de prescindibles. Por eso no dudarán en sacrificar a las llamas la escalera que comunica su departamento con el resto de la casa y, en definitiva, con el mundo.

El amor y su raíz de aislamiento, exacerbada en todo el período romántico de la literatura, pone de manifiesto, siempre, una decisión trágica y extrema. Porque sólo eso es el verdadero amor, y sólo le sucede a un puñado de “afortunados”: Para el resto de los mortales, se trata de un acercamiento a ese arquetipo. Y por eso persevera la unión de mandato social, por un lado, y las historias de alejamiento y abandono, por el otro. Creo.


Over.

El que avisa, no es traidor.



A la conocida frase: “home is where the heart is”, parece competirle la no menos famosa: “El hogar está donde uno vive”. No es sorprendente, lo sé, ya todos aprendimos que todo adagio tiene su contra-adagio, por lo que eso del saber popular tiene más del adjetivo que del sustantivo. A saber:
“Al que madruga, Dios lo ayuda” – “No por mucho madrugar, se amanece más temprano”
“Más vale pájaro en mano que cien volando” – “No dejes para mañana…”
“Hazte fama y échate a dormir” – “miente, miente y miente, que algo quedará”
“Más vale estar solo que estar mal acompañado” – “La soledad es mala consejera”


Y para terminar, al campestre: "¡Palo que nace doblao jamás su tronco endereza”, le podríamos contrastar la resiliencia, tan de moda en la psicología, y tan antigua en la ingeniería. Aunque eso de “volver al estado original”, me hace un poco de ruido. Pero eso es harina de otro costal.


Over.