domingo, 16 de agosto de 2009

viernes, 14 de agosto de 2009

Palabritas

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Mientras obviaba el frío, yo, aún suelto de amores y sin cuidado, te dije que sería mejor juntar todo y estrujarlo y meterlo en la bolsa y cerrar la bolsa y después perderla entre la basura, porque lo parecido tiende a juntarse, se pega, se une, es como lo de las gotitas que se acercan y se hacen una gota más grande.

Pero vos no obviabas el frío, y fumabas sin ganas y el mundo estaba en otro lado. Pensamos en comprar unas plantas o irnos a vivir a un pueblito donde entonces seríamos los únicos referentes, o seríamos capaces de olvidar, o yo te diría la verdad, o algo, te hablaría de eso que se me nota como un borrón de tinta china en la nieve. Vulgar.

Llegaron los analistas, la marihuana y las pastillas que no se conseguían. Llegó la música en todos los idiomas, y yo siempre escribí bien y vos siempre escuchaste bien, hasta que todo se mezcló.

Vas a plagiar cada uno de los años, por descuido o por tenacidad, y los hijos serán escudos, y al final todo va a quedar amontonado, buscando un orden nulo, fastidioso, porque no es un orden. The dream was over so long ago.


Over (as the dream)

Tremendo

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Los neumáticos están preparando un ataque hacia la raza humana… Los perros intentan advertirnos desde hace años!

(Anónimo)


Over.

jueves, 13 de agosto de 2009

El niño pez.





Otra vez esa escabrosa traducción, la que convierte la expresión literaria en cine. Yo no sé si estará en el manual, pero ya todos sabemos que no hay película que honre a un granlibro, ni libro, seamos justos, que supere a una gran película. Todo lo demás, es posible. Mario Puzzo es el escritor del libro en el que se basó El Padrino. Hundido. El Amor en los tiempos del Cólera, es la película dirigida por Mike Newell, basada en el libro homónimo. Hundida.
Y en ese tacho ensombrecido, nadie ha resucitado. Fija.

El Niño Pez es la última peli de Lucía Puenzo, directora de XXY, y digna heredera de su padre. Y según detallan los créditos, está basada en un libro que Puenzo escribiera muchos años antes. Y se nota.

Está tan marcada la telaraña literaria, que uno fácilmente se da cuenta de que estamos ante un libro que se hizo imagen. Los diálogos angelicales de Efrón, la picardía de Emme, la distancia del resto de los personajes, el cuento en sí. El sexo lésbico. El inocente e ingenuo sexo lésbico que pierde fuerza en la escena. La escena filmada.

Las actuaciones son precisas. Emme (Mariela Vitale) se destaca con su acento guaraní. Inés Efrón hace, una vez más, de sí misma, como suele pasarle a ese otro gran actor, Daniel Hendler. El resto del elenco acompaña con buen tino, y Arnaldo André no desentona en lo más mínimo.

¿De qué se trata El Niño Pez? De un cuento que se hizo película, y que se agotó en el pasaje. No es mala, ni mediocre, ni aburrida. Es lo que dije: un cuento que se hizo película, y que se agotó en el pasaje. Listo.





Over.


sábado, 8 de agosto de 2009

La Parte del León. La primera de Aristarain.






Opera Prima de Aristarain, La Parte del Leon es una obra con altibajos técnicos y argumentales, pero que no hace mella a la grandeza de su filmografía.

Ambientada en los setentas, con la curiosidad de desdibujar a Buenos Aires y hacerla más una típica metrópolis donde el hombre se frustra, algo que comparten todas las grandes ciudades, la historia que da vida a la película tiene más rigor literario que cinematográfico (en relación al argumento), aunque el tratamiento está muy bien logrado.

La historia es simple: un hombre separado y sin trabajo, se topa por casualidad, con un botín millonario. A partir de allí, las peripecias para lograr que ese dinero pueda ser usado, se van desencadenado hasta darle forma a la moraleja que enseña que la ambición desmedida casi siempre termina mal.

Olvidando varios problemas de continuidad, de sonido y de iluminación, la película va logrando su objetivo: el increscendo de suspenso por la participación de ladrones y asesinos. El final, diría yo, redime de todas esas falencias antedichas, aun las de argumento, ya que hay por lo menos dos situaciones poco aceptables:
Por un lado, la forma en que el personaje se topa con el botín (un poco tirada de los pelos), que podría haber sido narrada de otra forma y sin mucho esfuerzo. Por el otro, una escena hacia el final, donde no se comprende por qué los ladrones no van en busca del hombre que les robó su botín, y en cambio eligen esperarlo con pasmosa tranquilidad.

La escena final nos deja una fotografía inolvidable, con una Luisina Brando disparando un demoledor: “Sos un pobre tipo”.

Al margen, la actuación de Julio Chávez, irreconociblemente joven, confirma su autoridad ante la escena. Julio de Grazia, impecable, al igual que Ulises Dumont. Y Cecilia Padilla, quien hace de hija de Julio de Grazia, sorprende con uan actuación extraña para le época, depositaria de una actitud misteriosa ante el peligro. En la escena con Chavez, deja lugar a una controvertida aceptación que asombra.
Por cierto, qué sera de la vida de esa mujer, porque que yo sepa, nunca más se supo de ella. Creo.


PD:”La Parte del León” hace referencia a lo siguiente:

Es una reminiscencia de la fábula de Esopo "El león y el onagro" (una especie de asno salvaje). Según cuenta el fabulista griego, los dos animales colaboraban en una jornada de caza hasta que cobraron una pieza y llegó el momento del reparto, en la que el león llevaba la voz cantante. Lo primero que hizo fue dividir el animal en tres partes y comenzó a efectuar el reparto: la primera parte era para él, por ser el rey; la segunda, también para él, en su condición de "socio a partes iguales" y, a llegar a la tercera, se detuvo, miró al onagro y le dijo: "Si no te vas de acá, la vas a pasar muy mal". Posteriormente, el modismo quedarse con la parte del león pasó a expresar el abuso de poder y la falta de equidad en el reparto, cuando uno se asocia con alguien más poderoso.





Over.


Yo quiero ser.

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Quizás sea, como suele ocurrir, más difícil explicarlo que vivirlo. A ver, tomando lateralmente la teoría de Bourdieu, la illusio podría dar respuesta al aparentemente inefable fanatismo por ciertas actividades sociales. Por ejemplo, cuando alguien sufre o se euforiza por el resultado de su equipo de fútbol, nosotros, los que no participamos de esa respuesta, nos asombramos hasta el paroxismo.
La solución radica en esa illusio que cito, esa participación dentro de un campus (vuelvo a Bourdieu), los lazos que unen a esos agentes que se mueven dentro del grupo. Participan de la illusio, los une, los amalgama, y quien no ingresa en ese sentimiento, no comprende nada.

Ahora bien, por qué se produce esa “Illusio”. La respuesta es simple: no importa. Lo que importa es el comportamiento dentro de ella, el alimento que la mantiene viva, la condición de intensidad y devolución que posee.

Volviendo al fútbol: si el equipo gana, nos enorgullece, alimenta nuestro capital. Si pierde, alimenta nuestra entrega ante la derrota, nuestro apoyo incondicional. Entonces, los colores, las banderas, la cantidad de aficionados, el grito de aliento, todo eso mantiene vivo el capital que acumulamos.
Por eso, cuando un jugador desprecia al club al que pertenece, o se descubre un fin exclusivamente mercantilista y de transacción de un sujeto para con el club en cuestión, ambas personas son denostadas y hasta agredidas por intentar herir o socavar los cimientos de la illusio por todos adorada.

Bourdieu habla de campos, de capital y de habitus, pero no acentúa la inevitable necesidad de identificación del yo con el Otro, claro que con un efecto pigmalion exacerbado. Ahí afuera marcamos un destino, una meta, una posibilidad de nosotros mismos; una posición anhelada, un capital a ser resguardado a toda costa.

Por lo tanto, la illusio es una forma del deseo, por un lado, y de la imposibilidad del mismo, por otro. En otras palabras: quiero ser lo que sé que no puedo ser, pero tengo una manera de convertir mi deseo en realidad a través de una fantasía desdibujada. No podemos ser tantos los que sentimos “mal”. Así se va moldeando nuestra entidad de vida más visceral: las ganas de seguir siendo.



Over.


martes, 4 de agosto de 2009

Pozo negro

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Fría sed de ti, básica,
cuando dejo que la tierra
se hunda en mis ojos
Cuando oigo y peso tu noche:
Leo y finjo tu noche.

Hasta aquí, ánima maldita
llegas y huyes, como la sed de ti
Básica de tierra en mis ojos
Ya no quiero pesar tu noche,
ni que me finjas, ni que me huyas

Fría sed de ti, ahorcando el deseo
Amarra del tiempo, luzazul
Luzazul, dije, amarra del olvido
No quiero pesar tu noche, ya no,
Ni la tierra que se agrega a mis ojos

Voy a parpadear un recuerdo, frío,
y cargaré de tinta y sangre y cielo,
Todo este barro de palabras, sediento
mientras nos huimos con desprecio.



Over.