martes, 30 de septiembre de 2008

Pozo negro



Porque se resbala sobre la luz, inmunda,

tu coherencia de años y cobardías.

Yo no colaboro con el tedio, le huyo,
como corre la elegancia tras tu vacío.

Vacío.

Eslabón del infierno, condena de amores.
Rendida, no le creo a tus ojos, nada. Jamás.

Vacío.

Vacío como el torpe rosario de frases viejas
que tu memoria allana en las noches duras.

Y sin embargo sueño tu sueño de diásporas.
Tu espera sincera. Tu sincero invierno.
Tu imposible olvido. Los dos.


Over.

¿Tiene el mundo que saberlo?





No sé por dónde empezar. No me interesa por dónde empezar. Se empieza y ya, o no se empieza nunca. Y cuando Salinger escribió The Catcher in the Rye (el curioso libro que en español tiene dos títulos) , quizás pensara algo parecido, porque el rumbo de la narración no aspiraba a nada más que a sí mismo. Porque Holden Caulfield te lo dice sin vueltas, “no pienso escribir ninguna porquería autobiográfica”. Desdeña al lector de movida, y ese es el primer puente que marca quién pasa y quién no.

No me interesa contarte nada. Ya leíste el libro. Sí, mejor que diga algo interesante, porque lo mejor es callarse la boca. Pero si la historia es un guión ya armado: Adolescente expulsado de varias escuelas, huye su juventud y su abismo, los empuja hacia un mundo que está en otra parte. Tiene a la noviecita en el corazón, arde el sexo que lo enloquece, bebe lo que no le gusta, grita. Grito sordo en medio de la gran ciudad, a la espera de una puerta en un lugar lleno de puertas. Huye hacia el tiempo que lo enrosca, ávido de un sentido para todos los sentidos. Esa hermosa idea: escapar con cualquier persona hacia cualquier parte. Irse con la novia al medio del campo, donde nadie crecerá.

¿Por qué el libro es tan famoso? Pero cómo no va a ser famosa la historia de un chico que pregunta dónde se van los patos cuando el lago se hiela. Cómo no va a ser famosa la historia de un chico que imagina un juego de salvación para todos los chicos del mundo. Cómo acaso no va a ser famosa la historia de un chico que llora ante la felicidad de una hermana girando en un carrousel. Termino: Cómo mierda no va a ser famosa una historia que empieza como se le antoja al personaje y termina cuando esperamos el resto. Ese “resto” del cual ya fuimos advertidos: Nunca se contará.

Siempre me llamó al atención que “helden” signifique “héroe” en alemán. Y que Holden sea todo lo que un héroe no es. Sí, eso, y que el poema de Robert Burns diga con dudosa inocencia: “Si un cuerpo besa un cuerpo / ¿Tiene un cuerpo que llorar?” (…) “Si un cuerpo choca un cuerpo / cruzando por el valle / Si un cuerpo besa al cuerpo / ¿Tiene el mundo que saberlo? “


Over.



PD1: Sí, Holden, la vida no es un juego, queda claro.


PD2: El poema, cómo no.


Comin Thro' The Rye. (Robert Burns)
Coming Through The Rye.
Chorus.
O Jenny is all wet, poor body,
Jenny is seldom dry:
She draggled all her petticoats,
Coming through the rye!
Coming through the rye, poor body,
Coming through the rye,
She draggled all her petticoats,
Coming through the rye!
Should a body meet a body
Coming through the rye,
Should a body kiss a body,
Need a body cry?
Should a body meet a body
Coming through the glen,
Should a body kiss a body,
Need the world know?
Should a body meet a body
Coming through the grain,
Should a body kiss a body,
The thing is a body's own.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Tini saludaba a los aviones.



Estábamos al lado del río, llenándonos de humedad y nostalgia. Tini fumaba con fruición, yo sé que disfrutaba más que nadie en este mundo un cigarrillo rubio. Yo le compré más de una vez un atado de veinte. “Me hacés sentir como una presa. Está bien”

Eran las cuatro de la tarde del otoño menos real que Buenos Aires haya vivido jamás. Se escuchó esa ola de ruidos que con furia baja del cielo y ya no nos sorprende. El avión se veía acá nomás. Tini levantó la mano y empezó a saludar: “Chau, buen viaje”. La miré. ME dijo: “Dale, vos también saludá, queda muy mal que no saludes”. Levanté la mano y saludé. Movía la mano mientras miraba a Tini. Ella lo hacía en serio.

Cuando pasa un avión lo saludo sin mover un dedo, “con la mente”, como dicen. No saludo a nadie. Sí, la saludo a Tini. “Chau Tini, que tengas buen viaje. Volvé pronto.”


Over.


sábado, 27 de septiembre de 2008

The door in the dark




In going from room to room in the dark,

I reached out blindly to save my face,
But neglected, however lightly, to lace
My fingers and close my arms in an arc.
A slim door got in past my guard,
And hit me a blow in the head so hard
I had my native simile jarred.
So people and things don't pair any more
With what they used to pair with before

(Robert Frost)



Over.


PD: El truco está en esa "native smile". El truco está en el adjjetivo. Dónde dice "truco", léase: elegancia, talento, belleza, genialidad.


jueves, 25 de septiembre de 2008

Respirá!



Volábamos en el taxi y yo veía las calles en una especie de locura detenida, como si de algún modo sólo existiesen para corroborar la velocidad. Volábamos.

Con un ojo miraba al taxista y con el otro te miraba los tuyos. Tus párpados de plomo. Ojalá no hubiese tenido audición, quise ser sordo, cómo tolerar el jadeo, la lucha de tu diafragma tirando para abajo, mendigando una gota de aire. Tu cuerpo deseaba respirar por los poros, desafiar a la Ley, un milagro, de esos que no existen.

El taxista estaba nervioso, te diría que peor que yo, y cada tanto me preguntaba: está bien, fijate el pulso, ponela boca abajo. Qué pulso, quién toma el pulso, te ponía cerca de la ventanilla, te hubiera dado todo, todo.

Me acuerdo de una enfermera, de un camillero, de un linyera durmiendo, de gente que nos miraba. De la cara de pánico que puso una señora que seguro tenía una gripe o iba a pedir algún ansiolítico para dormir.

Quizás haya sido que no le di importancia con la suficiente antelación. Cuando empezaste a toser no debería haberte cargado. Me reí porque siempre me río. Y el tiempo que perdí con esos yuyos de mierda que te hacían inhalar. Yo sé que me mirabas con la cara de quien dice, no doy más. No supe entender, o tuve miedo. Perdonáme. Yo te juro que al taxista le decía: “No importa nada, pero no pises el freno, si te pasa algo yo te pago todo.” Te digo que hice de todo, pero no me alcanza. No puedo lograr que algo me alcance. Vamos, dale, respirá hondo, dale, por favor, respirá, por favor.



Over.


martes, 23 de septiembre de 2008

Palabritas





Las manos se me metieron solas en los bolsillos, como la vergüenza de no estar ni de pertenecer. El tejido social que me arañaba el alma crecía sin el control que yo hubiese deseado. No tengo mucho que decir, sólo repito, eso es recordar, repetir a fuerza de aplastar pequeñas diferencias. Poco más o menos, rueda la memoria para falsificar o validar, quién sabe. ¿Encubre o altera? Yo qué sé. Cómo puedo saberlo, si mientras bebía esa coca-cola sin gas, escuchaban Face Value, de principio a fin. A mí Phil Collins me gusta, algunas cosas, como a todos, y no discuto lo de Genesis, yo qué sé. Pero escuchaban Face Value y se miraban y entendían algo que yo no lograba descifrar. Y sé que ellos me miraban con desdén y ellas con intriga.

Vos brillabas, claro, con esa luz que no se enciende. Y mi mente tarareaba a Lolita Torres: “En la luz de tu mirada / yo me quemo si te miro... “, con ese “io” tan extraño. Ni hablar cuando sube el tono y ruega: “No me mires, pero si me miras / mírame a los ojos que allí te veras...” y la remata con: "No me mires que por dos caminos / van nuestros destinos, / no me mires más...” Qué decirte, callado, en medio de intrigas y desdén, cómo lagrimear que se perdía para siempre mi posibilidad de pertenecer, y la tuya de olvidar. Después, después quisimos olvidar juntos, y eso no va. Eso nunca funciona. Nunca.


Over.


Pozo negro


No mendigues profecías, no te tientes;
Que estalle en tu cara la cruz de celos,
la persistente secuela de lo no anunciado.

Linger on, de huidas y exilios, baby blue
Otra vez a zozobrar látigos de mentira
Falsas orillas de un viaje detenido.

No ruegues la esperanza, no la cuentes,
Es más violenta la resignación que la suerte.
No inquietes a la duda, no es el momento aun.

Ni esto te digo, ni siquiera el escrúpulo de mentir
Nada me des ni nada me debas, sólo así, baby blue
amanecerán inviernos menos reales.



Over.