martes, 19 de octubre de 2010

Palabritas

Quién era yo antes de verte, canta el cantor que tiembla la voz. Quién seré después, suspendido e insistente, amarrado a lo que traigo y derrochado por el filo de tu cuerpo. O quién subirá conmigo a los ventanales del abismo, delante o detrás de ti, o me empujas o me sigues, sol de nit.

Hoy el tiempo parece ser este hilo que no se ve, tenso y sin fin.


Over.

lunes, 18 de octubre de 2010

Casas y Forn andan.



La cadena. Como la peli esa del dólar que pasa de mano en mano y es forzosamente reconstruida. Rearmar la cadena. En este caso fue un poco así:




En el año 2002, leo “Buenos Aires - Una Antología de Narrativa Argentina”. Una compilación que no incluye a los números puestos, léase Cortázar, Borges, Denevi o Mujica Lainez. Por el contrario, se agrupan Laiseca, Fogwill, Fresán y Blaisten, entre otros. Me pregunto si esta antología funciona mejor para extranjeros, más que nada por la ausencia de “famosos”, y enseguida me doy cuenta de que la misma fama corre en nuestra vernácula patria. Cosas del mercado, o vaya a saber uno qué.

Lo cierto es que el anteúltimo cuento es Nadar de Noche, del mismísimo Forn, quien se dio el gusto de incluirse. El relato es hermoso, cubierto de una melancólica y falsa ciencia ficción. De todos los autores, era justamente a Forn a quien desconocía, y me fui directo a algún libro suyo. Así encontré el volumen de cuentos Nadar de Noche, el cual, según dicen, tuvo singular éxito allá por 1991, año de su publicación.





Rápido y sin miedo a equivocarme. Forn es a la década de los ochenta, lo que Fabián Casas es a este comienzo de siglo. Ese libro de cuentos es la historia de seres que deambulan por el mundo y que van a terminar mal, porque es así, porque a todos los que perdimos el rumbo, nos condena la edad, no el sistema. Pero ese “terminar mal”, tiene un sentido estricto, una sentencia en el aquí y ahora con relación a lo que queda en pie para alguien que no sigue al rebaño. Es decir, es una angustia no peyorativa, de batalla, de quien insiste en su postura y hace de su tosudez una forma de la felicidad. Peor (mucho peor) es continuar subido al tren que sigue dando vueltas por la misma vía, desde el comienzo de los tiempos, con las mismas falsas terminales.

Un cuento tras otro, todos unidos por el mismo laconismo, el mismo derroche infinito de horas inútiles y sagradas, de tabaco y sexo, de soledad que nace: la década del 80. Aquel decenio permeable a la libertad recién recobrada, al impulso de una madrugada que amagaba a terminar.

Poco más, las novelas Frivolidad y Puras mentiras, que navegan en un arrabal de su cuentística, algo que también le sucede al gran Millás.

Así fue, así lo recuerdo, como también se me hizo claro eso de “Nadar de Noche” con el obvio “Andar de Noche”, y que después se espejó semánticamente en la peli de Acuña, “Nadar solo”.


Andar.


Over.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Clarito.

"En la celda, en lo sólido, también
se acurrucan los rincones."

(Trilce, LVIII)


Estas líneas y lo del "minuto horizontal", justifican TODA la obra de Vallejos. Punto.


Over.

lunes, 27 de septiembre de 2010

IM-PER-DI-BLE

El pasado 23/09, en el diario Clarín de Argentina, en la sección remates y legales, aparece este aviso cuyo texto es increíble. Como podrán observar, la empresa "La Realidad S.A.", cambia su denominación a "Estancia La Fantasía S.A." Esto es real, no hay truco. Por lo menos, alguien que se pasó al otro lado del mostrador!!!







Over.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Condiciones de vida

'



El 8 de diciembre de 1914, Franz Kafka anota en su diario:


Ayer, por primera vez después de mucho tiempo, innegablemente predispuesto a escribir algo bueno. Y sin embargo sólo escribí la primera página del capítulo de la Madre, porque hacía dos noches que no dormía, porque ya a la mañana había comenzado a dolerme la cabeza, y porque esperaba con gran ansiedad el día siguiente. Nuevamente comprobé que todo lo que escribo con interrupciones, y no durante el transcurso de la mayor parte de la noche (o aún en su totalidad), es inferior: y mis condiciones de vida me condenan a esa inferioridad.


Over.


sábado, 25 de septiembre de 2010

Blanco Nocturno, la última de Piglia.






Uno podría adivinar, si no lo supiera, que el autor de Blanco Nocturno es Ricardo Piglia por una cuestión de estilo: las famosas notas al pie. Sí, pero fuera de esa característica, y hablando de estilo, uno bien podría marearse. A ver, sabría que indudablemente el autor es argentino. Sabría que ha leído a Onetti, a Saer y a Soriano, y que no los olvida a la hora de escribir. Y sabría, sin demasiado esfuerzo, que no es la primera ni la segunda novela del autor.

Blanco Nocturno es una novela de factura exquisita, hija de las mejores narraciones sobre los temas que abarca: el campo, los pueblos del interior, una historia familiar desdichada, y la mezcla de dinero, política y crimen, todo bajo una secundaria trama policial.

Todo comienza con un recuerdo, la llegada imborrable de Tony Duran, un personaje fácilmente imaginable como un centroamericano que ha hecho dinero en Miami (hay tantas películas...) Un extranjero que llega a un pueblo de la provincia, acompañado por dos mellizas, hijas del viejo Belladona, en otros tiempos, mandamás de toda la zona. La trama se arma con el asesinato de Durán, la aparición del comisario Croce (símbolo un tanto básico del loco justiciero, ensimismado en la búsqueda de la igualdad), el malo de la película, el fiscal Cueto, y el soñador utópico, Luca Belladona, quien será, en última instancia, el motor de la narración.

Piglia plantea una trama, la presenta con rapidez, para después caminar tranquilo sobre los hechos. Es ahí donde despliega su talento, lo abre con destreza y se nota el dominado pulso narrativo que le dio los años.

Lamentablemente, en algunas partes se notan las costuras, y cuando esta promediando la novela, se amontonan comentarios sobre economía que se destacan por lo inapropiado. Algo así como si el autor los hubiera leído con interés y quiso sí o sí intercalarlos.

A lo último hay que sumarle la nueva aparición de Renzi, cuyos asaltos intelectuales le abren la puerta a los hilos del autor: todos nos damos cuenta que son pensamientos que le suceden en la cabeza a Piglia y no al personaje.

Creo haber leído que Sábato dijo alguna vez, que las novelas permiten hojas y hojas sin sentido, digamos, baches narrativos que se compensan en su extensión. Todo lo contrario a lo que sucede en un cuento, donde el espacio es vital y no hay lugar para la digresión. Sin dudas, si Blanco Nocturno no se dilatara en tantas páginas, seguramente estaríamos hablando de la mejor novela del año. Pero no.


Over.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Esos labios podrán mentir

Volvió Ceci. Una acción imposible. Pero volvió a darle sentido a los cinco metros de distancia, puerta a puerta. El pueblo no cambia. Yo justo había leído sobre el Mundo de Margaritas y le empecé a contar sobre las flores blancas y las flores negras, el equilibrio, un yin yang hipercientífico con ecuaciones y todo. Me da tanta vida verla vivir, el correrla del tiempo por unas horas, como ella a mí.

Claro, a la doctora le salió lo de la homeostasis, como si nada, y encima me noqueó con histéresis. Sí, intenté con resiliencia, en vano, es otra cosa, nene.

- ¿En qué tiempo vivirá tu gato?, me pregunta, - Ahora que te vas quizás no quiera seguirte.
- ¿Hablás de vos o del gato? 1 a 1

Este disco era de mi abuela, la Celi, y me lo regaló a mí. Flores Negras, me dijo. Alucinaba, la nona.

Flores negras antes del frío de arroz y las manos rápidas. ¿Si me siento mal vendrás a curarme?






Over.