sábado, 15 de noviembre de 2008

Ella sueña con peces







Tendría que escribir sobre aquel día en que se conocieron Lina y Tini. Tendría que escribir sobre aquella esquina de lluvia donde el bar estaba cerrado porque era domingo y de repente nos encontramos y yo: Tini, ella es Lina, Lina ella es Tini, ahora se saludan, vamos, y Tini: te imaginaba tal cual sos, y Lina, ojalá yo me imaginara igual.

Tendría, dije, que escribir sobre toda aquella tarde, y no puedo, y quizás tenga razón Lina cuando dice que las ausencias se resisten a ser narradas por miedo a quedar unidas al olvido o la imaginación, las ausencias suelen callarse, a ellas les encanta el silencio.

Entonces voy a escribir sobre el sueño de Tini, o mejor dicho, cuando se lo conté a Lina un poco así:

Ella sueña con peces, y si eso no es lo asombroso, hay que tener en cuenta que los sueña flotando. Sí, ella me dijo que sueña con peces flotando, ¿muertos?, no, para nada, son como pececitos cansados, vencidos por el agua, y se dejan ser por la marea, a la espera de que por alguna razón, algo o alguien los haga reaccionar.
Festín para psicoanalistas. No, porque no son símbolos, no quiero rebajarlos o subirlos a esa condición, qué importa si el pez soy yo, o mi madre o mi hermana, qué importa acaso si la marea es este tiempo demasiado tenue que me arrincona. Bueno, la marea, marea. Ves, eso es lo que no quiero, no me pienses como un caso, no trates de sacarle la cara oculta a las cosas, si escribís, vas por mal camino, corazón.
Ella sueña con peces que flotan vivos a la espera de un cambio. Ese debería ser el título, y justamente por eso, no lo uso. Simplemente: “Ella sueña con peces”. Ahí está, qué tanto.


Over.


jueves, 13 de noviembre de 2008

Crónico anochecer.





Contrariamente (o no) a aquella pesadilla que escribiera Franz Kafka, llamada “En la colonia penitenciaria”, la película “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” (un aplauso para el traductor) se encarga de contarnos una historia de olvidos a medidas y erosiones de esta maldita pena de amor. En aquel cuento, Kafka imaginaba la inscripción de los delitos en la piel de los delincuentes, todo gracias a una terrible máquina que tatuaba calificativos y acciones: “Ladrón”, “Asesino”, “Violó a una mujer”.

De modo inverso, en esta peli que vimos todos, ella pide que lo borren a él, y él, desesperado, pide la misma intervención. Quién cree en el mecanismo, se aleja de la ficción, y ya no importa si el casco ese lleno de lucecitas pueda o no existir. Lo importante es ese descenso a la desnuda soledad que sobreviene tras perder la guía. El poderoso arsenal que la angustia de saberte tan lejos y sin mí, mina en todo el cuerpo. Todo el cuerpo.

Las escenas que de algún modo intentan vislumbrar el inconsciente están tan bien logradas que se sitúan bien lejos de cualquier pretensión de surrealismo o ciencia ficción. Quién sabe si hace cien años, se hubiera visto así. Es el tiempo que ha mezclado a un Dalí y un Buñel en la publicidad
de teléfonos celulares. Ya lo dije: la vanguardia muere siempre al otro día.

No puedo decir mucho de la película. No puedo ensuciarla. Ni siquiera puedo, amén de mi devoción, enaltecerla. Sólo sé que es una comedia perfecta, desoladoramente perfecta, que termina mejor aún: los cuerpos y tus palabras tienden a asociarse con uñas y deseos. Podré lograr que no hayas sido, pero jamás podré lograr que no seas, que dejes de ser. Siempre te cansarás de amores suburbanos, de eso no te olvides nunca.

Over.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Palabritas

Quizás en la vida real, las cosas difieran un poco. Aquí, todo es más lento, para empezar, y cualquiera recuerda Aura, esa nouvelle de Carlos Fuentes, escrita en segunda persona del singular. Después de leerla, quiero escribir toda mi vida en segunda persona, te estoy hablando a ti, que tienes ante tus ojos esta cadena de palabras, a ti, estío de miel, para ti.

Te decía, Crónica de una Muerte Anunciada, otra posibilidad del talento. ¡Hay que empezar una novela contando el final, eh! Qué caso raro el de García Márquez, aceptado y tolerado por la elite, amado por el lector, bien recibido por la crítica. Se lo merece, viejo, está bien. Y Rulfo también. Y me olvidaba de todo el resto, de esta lentitud hipnótica, desde este otro lado, casi tan cerca de ti, que vives en la vida real. De paso te pregunto, ¿ya entendiste a los gatos o sigues con lo del perro y la sumisión? En la vida real, los gatos se entienden menos, ¿no?



Over.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Pozo negro



Todo el día, despensándote,

hasta que abras vuelo, puertos.

Cuando estás abrigándote de dudas,
cuando estoy aplazado por mi caparazón,
me hundo en tu gelatina.

Me paso el día, despensándote.
pesando las horas en el televisor.


Over.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Lo básico.


(Para N, que me lo pidió así a los bifes)



Pero vos no estabas, así que empecé sólo, y al darme cuenta de que no iba a terminar, bajé a comprar cigarrillos y un chocolate amargo, y nada, justo estaban pasando un recital de genesis y el pibe del kiosco me dice algo así como que digan lo que digan, a él le gusta más la formación con Phil Collins, y le digo que es uno de los casos en los que se habla de dos bandas diferentes, nada más, y el pibe me dice que no, que Peter Gabriel es un “muerto”, “muerto” me dijo, y le dije que se le iba un poco la mano o no había escuchado a genesis, y el pibe me dice, “bué, siempre queda bien decir eso, que con Gabriel era mejor”, cualquiera.

Ahí me encendí el cigarrillo y le dije que estaba bien, pero que Phil Collins es mejor como solista, y el pibe me dice: “Como solista es un baladista de cuarta”, y le digo, pero flaco, me estás jodiendo, y me mira serio, y lo miro serio, y me dice: ya fue, andá yendo, y le digo, flaco, hacete ver, y el pibe me dice; querés verme vos, y le digo, no, que te hagas ver por una puta, y el pibe me dice, ¿tenés el teléfono de tu hermana?, y ahí nomás le agarro los chocolates y unos paquetes de papas fritas y se los revoleo por la cabeza, y le tiro con unos caramelos al televisor y le digo, porque no te hacés coger por Phil Collins, y el flaco me dice: estás loco, qué mierda te pasa, y le digo, vos sos un pelotudo y te voy a romper el kiosco a patadas, y le revoleo unas mentitas con chocolate que había sobre la bandeja.

El pibe me tira con unos encendedores y el muy hijo de puta me pega en el ojo y me empieza a doler, y lo veo salir de atrás del mostrador y le tiro una patada al grito de hijo de puta, me pegaste en el ojo, y ahí me tira una piña que golpea seco sobre mi oreja y me hace trastabillar. Mientras voy cayendo, no sé cómo, le tiro otra patada que le da directo al estómago y lo dejo sin aire, situación que me da un poco de tiempo para recuperarme.

Hasta ahí pasó todo, porque al toque no sé de dónde vino un policía y un flaco en bicicleta que se ve que venía de algún lado, a las diez de la noche, en bicicleta, lo podés creer. Y nada, el policía nos separó y yo le dije que le había dicho puta a mi hermana, y el pibe dijo que yo le había revoleado la mercadería porque era un loquito de mierda. La cosa es que todo terminó en la comisaría porque el muy cagón me hizo una denuncia y yo le hice otra y listo, pero te imaginás que toda esa joda duró como tres horas más o menos, la mayor parte del tiempo en la comisaría, obvio. Y eso es todo.

- Lo que no entiendo es por qué te calentaste tanto si vos no tenés hermana.
- Bueno, da lo mismo, vos preguntás cada estupidez, nena.


Over.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Palabritas



Estaba leyendo la propaganda de un taller literario donde dice que una novela es como un telaraña, porque las buenas obras ofrecen una seguridad que invita a recorrer todo el entramado y que la prolijidad permite que uno no se caiga en ningún lado, mientras que las malas novelas dan la sensación de desequilibrio que lo dejan a uno quieto en un lugar, con miedo a caerse en el próximo paso, haciendo todo lento y tedioso, y uno finalmente opta por saltar hacia fuera.

La comparación está bien, pero es justamente al revés, y sí, justamente al revés de los criterios de mercado. La gente se acostumbró a decirle al vendedor: “mire, quiero apretar un botón y que funcione”, entonces el vendedor lo pensó un poco y se dio cuenta de que cuanto más fácil mejor, y ese peligroso pragmatismo se convirtió en un enorme derrame de tinta que termina manchándolo todo. Maravilloso drive que anotó la modernidad, con su dudoso panteón unisex en el que todo da lo mismo.

Los fusiles de la información están cargados hasta los dientes, online las veinticuatro horas, y las pantallas de una internet cada vez más parecida a un precioso abismo en el que nunca nadie puede caerse. Se echa el anzuelo en una pecera de palabras, y después la telaraña se abre sobre una alfombra de rosas, todo es tan hermoso.


Over.