domingo 4 de marzo de 2012

Cambiar los ladrillos de la pared.

Discutidamente emparentada con la literatura de Huxley, Las Partículas Elementales de Houllebecq ensaya una profundidad más romántica o existencialista, mientras que las propuestas del autor inglés tienden a enfatizar el argumento de sus obras.

Esta obra, según mi opinión, no persigue la polémica sino la presentación de las posibilidades ontológicas que ofrece la ciencia más radicalizada. La antigua (y quizás ya agotada) dicotomía entre ciencia y religión, entre filosofía y la más dura evidencia fáctica.

La narración columpia entre el ensayo y la ficción, intercalando sin puentes ambas expresiones. Tomando como eje la historia de dos hermanos que comparten no sólo una madre abandónica sino las consecuencias de esa soledad temprana.

Bruno, protagonista de una infancia aberrante, y Michel, supuestamente más contenido pero de igual modo arrojado el mismo desierto de incomunicación, se transforman en la base de una novela apasionante en la que sólo caben la desgracia, la urgencia y el abandono.

La extensión y minuciosidad con la que se relatan escenas de sexo explícito, buscan desmembrar el placer del sentimiento, queriendo demostrar que el sexo y la procreación no tienen una ligazón necesaria.

Toda la novela gira sobre la pérdida de la juventud, el aparente fin de todo a los cuarenta años, la idea de que a partir de esa frontera, sólo queda sobrevivir y esperar a la muerte. Claro, siempre desde la perspectiva de los personajes, quienes se encuentran sujetos al placer más básico y atan la existencia a la edad.

Todo se irá desmoronando con el correr de los años, desaparecerá el deseo, el placer, la ambición, y sólo puede sobrevenir el deterioro, el fracaso y la muerte. Así de apocalíptica y breve es la vida para el hombre, y nada, ningún pensamiento, religión o corriente filosófica, puede interpelar o refutar esa realidad. El hombre goza, el hombre desea, el hombre gana, el hombre pierde, y en el fondo hay un egoísmo y una brutalidad que sólo llevan al desamparo.

Entonces, y sin revelar el final, la salida es científica y radical: el hombre no cambiará hasta tanto no se cambie al hombre como ente. Se deberá alterar su genética para que no quede espacio para la locura, la maldad, el desprecio y el temor incesante a la muerte.

Juzgo a esta obra como una novela absorbente y conmovedora, que nos moviliza hasta la rabia y el rechazo. Porque de algún modo nos vemos definidos, y eso que leemos sobre nosotros mismos no nos gusta. Y sabemos que hay poco por hacer.


Over.


PD: En la pág 67 (edición de Anagrama, Arg 2011) podemos hallar una clave a toda l novela. Leemos sobre las “historias coherentes de Griffiths”. Allí se afirma (sin descubrir gran cosa), que una historia puede perfectamente coherente pero no por eso real. Nunca hay que olvidar eso.

jueves 16 de febrero de 2012

Pozo negro

A través de su ventana se ve la muerte.
Es una cruz o un águila, Siempre es de noche.
Es un recorte de vidrio, falso. No se mueve.
Es lo que se ve a través de la vida.


Over.

sábado 11 de febrero de 2012

Ayer.



El bus oscuro y la lucecita en el techo enfocando el libro, la ruta negra, de repente alguna casa, el frío, vos cerca, en este pedazo de tiempo mío, el libro abierto y yo sin soñar nada, palabra tras palabra, Mc Cartney, y casa era Londres. Exacto, así.

Over.


PD: Costó un sólo pound. Y qué asombroso el título, para mí también. Como espejado.

miércoles 8 de febrero de 2012

Chau, viejo!




Haciendo esta salvedad / tu mente ya estará progresando






Over.



domingo 5 de febrero de 2012

Palabritas

“Siempre es de noche en algún sitio. Siempre alguien está llamando para darte la mala noticia, o que llegó bien. Siempre alguien tiene un hijo o escucha el “no” que le perfora la vida para siempre.”, ella dijo. Dijo “siempre” cuatro veces y estaba triste antes de empezar.

“Es como estar un segundo adelantada. O atrasada. A ver, sabes que en un segundo vas a callarte o lo vas a decir. O ya lo dijiste y preguntas de nuevo. Es tan difícil ponerte a tiempo.”, ella dijo. Ella dijo “ponerte a tiempo”. No dijo “actualizarte”.

Entonces, cuando tiró los cubos de hielo a la piscina, no se resistió el recuerdo del cuento de Forn. Lo leo seguido. A veces están muertos los dos, a veces, están vivos, a veces es tal cual lo cuenta. Los grillos hacen las veces del sonido del corazón. De los latidos.

Ella tiró los cubos de hielo a la piscina, y pensé en aire en el aire, agua en el agua, tu amor en mi amor, tu cara en mi memoria. Ella siguió hablando pero yo no pude dejar de pensar en los cubos de hielo. Agua abrazando agua. Los años.


Over.

domingo 29 de enero de 2012

Pozo negro

Hay modernidad y giro y disparo al blanco
Toda época es atravesada por su futuro
Hoy, mojón para la posteridad,
Hoy, rodeado de comunicación.
Hoy vi tu cara de hoy en el mundo
Que cambien o insistan tus facciones,
que el tiempo te congele, lo mismo da.
Hoy me siento como un ciego
rodeado de cosas invisibles.

Over.

viernes 27 de enero de 2012

Pozo negro

Perder.
Vi armarse la noche temprano en el día
mis ojos lamiendo miradas ajenas
tu cuerpo abrazado a los cuerpos,
copiando contornos y no hay nada que hacer.
Perder.


Over.