domingo, 27 de diciembre de 2009

Así.

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Algo se quiebra. O te doy la mano y te confieso que no pude sostener el juramento, con vergüenza, el rubor de los años malgastados, no cumplí. La sangre en la sangre aquella noche mientras llenamos el ambiente de palabras y humo. El mundo estaba lleno de hijos de puta, y vos y yo sabíamos que no les daríamos ni un centímetro. Se llevarán nuestra guita pero el alma es nuestra, te vas a morir antes de acercarte. Pero te doy la mano y te confieso que no pude, que tener fue más que ser, y siento que rendirte cuentas es importante, que si hablo, borro.

Éramos chicos, tonto, tampoco para tanto, y confesar a los curas, a mí no. Y te pusiste de pie y buscaste el cenicero y yo quedé arrumbado contra el engaño, si al final a nadie le importa, pensé, nadie, no, a vos, si a vos no te importa, a quién le rindo cuentas. A mí no, juez y parte no se puede, eso es ley.



Y después de algunos años se lo conté a Tini y ella me perdonó, me dijo: que no se repita, y me tocó la frente y no me curó, pero yo le dije que estaba curado. Cuando se lo contamos a Lina, no hizo más que decir lo que obviamente sabíamos que diría: Estuvo bien, eran chicos, tu problema es que le das demasiadas vueltas a las cosas. Y eso fue todo.



Over.

jueves, 24 de diciembre de 2009

A no olvidar, eh!

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Anda aburrido, dice. Quién sabe. Pero alguna vez escribió esto. Algunos llevan medallitas, crucifijos. Fotos. Fotos ahogadas en la billetera junto a la guita. Lo que se quiere, va junto...en fin.

Yo, que no llevo casi nada, esto siempre se me cae de la memoria, a los tumbos, y termina en la boca. Y callo. Santo Sabina!



Y aprendí que estar quebrado no es el infierno del Dante, ni un currículo brillante la lámpara de Aladino, cuando me hablan del destino cambio de conversación.


En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.



Over y olé!

martes, 22 de diciembre de 2009

Plaf!

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Advierto que has aprendido a cerrar la puerta. Eso debe estar bien. Alguna vez se empieza por algo, concluir, atar, apagar: darle un cachetazo a la eternidad. Aunque fuera yo, sin dudas, el último escalón, aunque fueras tú, irremediablemente, la última salida.

Ahora te queda este espacio vacío que llamas libertad, independencia, soberanía, yo qué sé, y al final no es más que otra forma de aquiescencia. O no, yo qué te puedo decir, si al cerrar la puerta yo quedo de este lado, y te adivino a los tumbos como un ciego nuevo. Sigo leyendo las mismas historias, y sigo creyendo que voy a llegar, como te dije en la plaza de cemento aquella noche extranjera.

Hablando de Kundera o de los Rolling Stones, de las capas de tiempo y nubes que nos dejó la adolescencia, perdiendo la noción de todo cuando ya era de día para ocultarse.Talking about it while nightime lands some place else.

Te decía, ahora que has podido cerrar la puerta, te faltaría deducir que alguien siempre paga los platos rotos, y no sería mala idea, digo, ahora que has quedado del otro lado, arremangarte la camisa y poner un poco de orden antes de que llegue otra lluvia. El agua y la tierra suelta forman barro, y ahí se pone feo.

Más quietita, mírame la mano, sonríe para la foto.



Over.

lunes, 21 de diciembre de 2009

viernes, 11 de diciembre de 2009

Cuento de Navidad (2009)

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Hace un año, inauguraba esta simple empresa: escribir un cuento para la navidad de cada año. No tiene sentido, es una iniciativa harto repetida. Es lo que hay, pero aquí va el segundo.




Félix le había salvado la vida a la hija del doctor. Silencio, piscina, caída, cuatro años y no sabía nadar. Félix corrió como nunca en su vida, la agarró del vestido y la llevó a la superficie. Todos dormían menos él. El doctor lo hundió en un abrazo y fue claro: Félix, tengo una deuda con usted que jamás podré pagar. Cuando necesite algo, sea lo que sea, yo no le preguntaré nada y se lo conseguiré.

A los años de fastidio y mala suerte, Félix le agregó deudas que sólo podían ser canceladas con su cabeza. Pensó en escapar, pero sabía que no tenía pasta de fugitivo. Lo pensó, pero tampoco se animaba a tomar la otra decisión. Por eso, aquel 23 de diciembre, lluvioso y húmedo, la televisión le golpeó la cara y la imaginación, batiéndola oscuramente, como sólo la desesperación era capaz.

El accidente de trenes fue bestial. Como mínimo, sesenta muertos calcinados entre el hierro y las vías. Y escuchó al periodista: “Hay decenas de cuerpos que jamás se podrán identificar, reducidos a cenizas, representando un espectáculo dantesco al borde de lo irreal”. Después de allí, todo fue vértigo.

Doctor, soy Félix, discúlpeme la hora, vio el accidente de trenes, sí, en la estación anterior a casa, no, nada, estoy bien, sólo que le iba a pedir un favor, sí, ya sé, pero es un favor muy grande, si me dice que no, lo entiendo.

En menos de tres horas, el “operativo” se puso en marcha. El doctor corrió cuando estaba a unos cien metros del accidente. Era todo un desastre, la policía y los bomberos luchando para despejar la zona, los familiares, el periodismo. Si se busca, el doctor accedió a la nota: “Sí, un gran amigo de toda la vida, Félix Vidal, viaja siempre en este tren, se baja en la próxima estación, llamo a la casa y no atiende nadie.”

El resto fue burocrático. Documentos chamuscados, la billetera, un cuerpo masculino, cincuenta años de edad, sin hijos, divorciado. Los diarios publicaban listas con los nombres de los muertos, los reconocidos y los reclamados. Félix Vidal era el número setenta y ocho. Para todo el mundo, había muerto trágicamente, y sus restos se habían reducido a cenizas. Fin del asunto, y a mano.




Over.



lunes, 7 de diciembre de 2009

Hay que leer a Quim Monzó, ¿estamos?





"Et mirava de fit a fit. No has sabut mai si t'havia besat o si només t'havia somrigut"
Jordi Sarsanedas, Mites










Para vender (siempre para vender), en las contratapas de los libros se pueden leer todo tipo de disparates. Aceptado el hecho de que jamás dirán que la historia es mala o pobre o igual a muchas otras, no son pocas las veces que las críticas son exacerbadas.

El caso de Quim Monzó es interesante. Al autor catalán se lo suele comparar con Borges o Cortázar, cuando en realidad se quiere decir que su cuentística tiene mucho de “argentino”. De Borges no tiene nada. De Cortázar sí, pero más de Arlt, si se quiere, y mucho más de Carver, y tanto más de Millás. Pero la verdad, la más pura y prístina verdad, Monzó tiene más de sí mismo que otra cosa.





Hay que leer a Monzó, es una obligación, porque el tipo está un poco chiflado, pero una chifladura melancólica (valga la redundancia), una envoltura de humor e ironía que te golpea con el famoso cross del gran Roberto.

Ochenta y seis cuentos es una recopilación de cinco volúmenes anteriores ya publicados por separado. Eso o una fiesta de la literatura y el cuento corto. Eso, dije, y tanto más que es la sospechosa brevedad de una escena en la que no pasa nada. Silencios y aquiescencias, todo amalgamado en la irremediable sucesión de los días.

Yo qué sé, cuentos en los que se extrema el efecto Pigmalión, en los que un hombre se alimenta a letras, o el espeluznante recorrido de un padre con el cadáver de su hijo que debe conservar en la heladera para entregarlo a una oficina de la morgue tras un feriado. O la historia del hermano que muere de repente en la mesa de navidad, y nadie en la familia lo acepta, por lo que el muerto es llevado a todas partes como si viviera.

Monzó puede ser terrible, escatológico, de un humor oscurísimo, sorpresivo, hasta intolerable. Y es, al mismo tiempo, un escritor enorme que además escribe unas novelas a la altura de sus mejores cuentos.

Hay que leer a Monzó, por las buenas o por las dudas, porque hay una bofetada buscando mejilla a cada instante. El golpe llega, seguro.






PD: Buscar a Quim Monzó en youtube es garantía de sorpresa. Habiendo abonado todos y cada uno de los tickets del síndrome de Tourette, su galería de tics es muy molesta. En algún momento yo tuve la ilusión de que fueran todos los personajes que vivían dentro de él. Uf, no es así, y me mandaría a la mierda por la boba metáforas. Metáfora no, digo. Stop.


Over.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Contigo aviones y fronteras

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Hoy te recordé con suavidad, vaya experiencia, y todo fue calmo como la lluvia que se acostaba sobre el parabrisas del taxi o el terco rayo de sol que evitaba las montañas.

Es como si se colara por las venas, dulce, y entonces estamos al pie del tren, en la estación suburbana de un pueblo irreal. El amor no era diplomático todavía, era, cómo llamarlo, exquisito y violento, o lo que sea, pero estaba bien. Ah, y también recordé aquella tarde cuando tomaste el papel que decía “Contigo pan y cebolla”, y fatal, con los dientes apretados, me dijiste: “nada de mal aliento, Contigo aviones y fronteras.”. Mañana se borra todo otra vez.


Over.


viernes, 4 de diciembre de 2009

Solos y juntos.

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No sé si es más importante que la temperatura adecuada para cebar mates, pero Ceci me lo cuenta y yo me hago más pequeño.

"Viste que en el prospecto de muchos medicamentos aparece la advertencia sobre su acción colinérgica o anticolinérgica. Bueno, a ver, colinérgico sería de algún modo la capacidad del organismo para producir acetilcolina, que es un neurotransmisor, pero que a la vez se encuentra en muchas partes del organismo.
Por ejemplo, vos cerrás el brazo, entoncés se libera una cantidad de acetilcolina para que el músculo se contraiga. A vos te duele la panza y te tomás una pastilla que seguramente será anticolinérgica, ya que al ser antagonista de la acetilcolina, relaja tota la zona gástrica. Eso sí, si tomás muchas pastillas, comenzarás a sentir la boca seca, ya que la glándula que segrega saliva, será relajada y no la producirá. ¿Queda claro, o me enrede mucho?”

Ceci hace así con las cejas, con un miedo actuado que no es más que ternura infantil. Acetilcolina, le digo, repetimos, me rebota colina, viste que al repetir se pierde el significado y el sonido arma otra cosa. Qué cosa. No, no es “cosa”, la palabra, me entendés. Aunque yo quería hablarle de Artie Shaw, o de la idea de irse al medio de la montaña y encerrarse unos meses, como en la novela de Murakami, y escribir todo lo que tenga por escribir, y bajar de la montaña. “Como el mensajero de la paz”, me dice Ceci guiñándome un ojo y me pregunta quién es Artie Shaw. Un escritor mediocre, le digo, esperá, y voy a casa y traigo un disco y le digo, escuchá, esto es tremendo.

Mientras sueña Nightmare, le propongo a Ceci que imagine el humo de varios puros, un cognac, sillones de pana, muchos hombres. “Si hay algo que no me gusta, es el cognac”, me dice Ceci. Acetilcolina Ceci. Después, todo es amor y sueño. En ese orden, siempre.


Over.


miércoles, 2 de diciembre de 2009

Sí, ya!



De las múltiples excentricidades que gatilla el odio, la perezosa venganza oriental es la que menos podemos soportar, nosotros, los que vivimos de este lado, donde el sol es siempre pasado. Y la intolerancia se fija en la ignorancia, claro: qué sentido tiene, razonamos, ver pasar tu cadáver cuando en realidad, son los años de dolor los que cuentan. Más aún, nos gobierna cierta tendencia al descrédito de la espera, la hallamos una aquiescencia de perdedores más que una decisión de sabio.

Si puedo hacerte todo el daño ahora, a qué viene tu libertad. Pensándolo bien, la espera es la falta de herramientas en el hoy, no la prudente elección de una venganza. Somos carne y tiempo, y lo rápido siempre es mejor; perecemos, nos van durmiendo las horas, y el happy ending es una posibilidad demasiado riesgosa como para tomarla en cuenta. Digo, no me siento en mi casa, no espero nada, voy a buscarte, te ahogo, quiero que sepas que no te pienso esperar, que me importa un pito tu cadáver, que me tiene sin cuidado tu enemistad con vencimiento. Mejor matar que morir. No esperes nada, te morís mañana. Siempre nos morimos mañana.



Over.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Oscuro.

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Por esas cosas de la suerte, a la hora y en el lugar, aparece por los parlantes el gran Goyeneche y escucho en Malena los versos que vuelven a temblar en mi memoria: Tus ojos son oscuros como el olvido / tus labios apretados como el rencor. Pienso, qué más oscuro que el olvido, ni la muerte que es nada, o el dolor que encandila.

Y el rencor, qué otra imagen que la de los labios apretados de bronca, frenados en el tiempo que no pasa, porque eso es el rencor, es el minuto posterior al puñal, repetido sin freno , como un eco que se retuerce en el mismo lugar. Digo.


Over.

viernes, 20 de noviembre de 2009

They said.

Primero, me encuentro con esto:

"Esta mañana, por primera vez desde hace mucho tiempo, nuevamente la alegría de imaginarme un cuchillo que me escarba el corazón."

Franz Kafka.

(Diarios - entrada del 2 de noviembre de 1911)


Después, con lo que sigue:

"In order to reach the Truth, it is necessary, once in one's life, to put everything in doubt - so far as possible."*

Descartes

* (Para alcanzar la Verdad, es necesario que una vez en la vida, todo sea puesto en duda, tanto como sea posible)


Nada más que agregar.



Over.

martes, 17 de noviembre de 2009

Sucedió en serio.









El piso del Registro Civil está lleno de arroz, de flores pisoteadas, de papelitos. El del saxo hace una reverencia para agradecer el aplauso y el de la guitarra se acerca al oído de un hombre de traje. Todo esto veo, y camino hacia la sala donde está entrando un grupo de personas. Me acomodo en una de las sillas del fondo y escucho al juez mientras les dice a los futuros cónyuges sus derechos y obligaciones; me parece oír que dice “están obligados a amarse para siempre” y me río suavemente de eso que no pudo haber sido dicho.

Habla una voz monocorde, cansada de repetir lo mismo toda la mañana, mientras el de la cámara filma todo y después querrá vender la cinta a los emocionados familiares que no repararán en gastos. Estoy en el fondo de la sala y nadie me conoce, alguien quizás se pregunte de quién soy amigo. Soy la entidad en blanco y negro apenas confundida entre la masa colorida que resume a esta gente. Soy el hombre del fondo que en la foto nadie podrá reconocer.

Ese hombre camina por la calle con la esperanza de que algo aparezca de la nada, ansioso mientras observa su lugar en la yuxtaposición del vacío y el todo, ese límite que es látigo y caricia. Ese hombre camina hacia cualquier lado buscando la tierra prometida, pero sabiendo que al llegar, la tierra no existirá, que ese lugar lo llevará a otro porque lo prometido es el deseo, y el deseo es lo que no se alcanza, entonces llegar es una forma de acercarse para que comience nuevamente el placer de seguir caminando.

Su respiración es un puente entre lo que ha sido y lo que será, el fluir del presente lleno de las sombras inexistentes de esos otros tiempos. Todo ha sido dejado, todo ha sido y todo debe olvidarse, para que en el golpe de cada paso haya una corroboración de lo que puede ser. Te ha sido dado todo, menos tu sombra y el azar, y por cada promesa habrá una tierra, y por cada tierra una cara que tú elegirás.

Es momento de seguir aunque hayas aprendido lo del círculo. Pero alguien no está, eso también lo aprendió el hombre que se levanta con premura y sale debajo de la lluvia de arroz que casi no lo toca, como si por un rato él no hubiera sido, existido, y ese alivio imposible lo colmará de ilusión y sorpresa.



Over.



Pozo negro

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Encendí el aeropuerto y me dejé ir
por el pánico de culpas y rencores.
Ceniza de horas y palabras, relojes
y verbos mal conjugados. Dónde estás.
Se desgrana, irreal, nuestro tiempo de luz
pronto sombra y ahora nada.
Miramos la luna a la misma hora:
Yo no te vi, y vos tampoco,
pero entendimos todo. ¿Ahora qué hacemos?




Over.

Queremos tanto a Julio









Puente. Y Faro. De otro tiempo que aun me vive. Muerto y vivo.

Otro gran pameo, póstumo y escondido.


La Mosca.


Te tendré que matar de nuevo.
Te maté tantas veces, en Casablanca, en Lima,
en Cristianía,
en Montparnasse, en una estancia del partido de Lobos,
en el burdel, en la cocina, sobre un peine,
en la oficina, en esta almohada
te tendré que matar de nuevo,
yo, con mi única vida.



Over.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Na cinza de las horas...

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Te hipnotiza.

En la ceniza de las horas. En el gris de las horas. En la noche veloz, dentro de un libro. Abrí la puerta, dale, decilo.





Entre por essa porta agora
E diga que me adora
Você tem meia hora
Prá mudar a minha vida
Vem, vambora
Que o que você demora
É o que o tempo leva...

Ainda tem o seu perfume
Pela casa
Ainda tem você na sala
Porque meu coração dispara?
Quando tem o seu cheiro
Dentro de um livro
Dentro da noite veloz...

Ainda tem o seu perfume
Pela casa
Ainda tem você na sala
Porque meu coração dispara?
Quando tem o seu cheiro
Dentro de um livro
Na cinza das horas...




Over.



Vida de foto.

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Agazapado y a salvo, recuerdo (recuerdo como quien olvida), aquel otro espacio en el que corriendo me buscaba mi propia guarida. Espacio o tiempo, porque yo miraba la tierra desde arriba y no como esta vez, sentado y tontamente sonriendo, siguiendo al avión junto a los niños.

Esas luces que titilan, te juro, yo estuve ahí, y la sensación es la misma, que vas muy despacio, cuando te alejás de algo, de algún modo se detiene, le llaman perspectiva o efecto, pero da lo mismo si es real o no, a esa altura, no hay definiciones, y es buen ejemplo.

Lo perdido, lo anulado, la muerte, el adiós, la ausencia, ponele el nombre que quieras, agrupalo de un lado, todo eso se detiene, queda asociado a un tic tac único. Tic, y después de mucho, tac. Primero el tic con el recuerdo, la pausa, y por último llega el tac, el que te avisa que te despiertes o que la termines, o como quieras llamarlo. Pero cuando todo se despeja, ahí nomás llega el tic otra vez, y otra vez.

Recuerdo como quien olvida, los pasos de mis pies sobre mis pies, y como consuelo, miro a toda esa gente que transita la vida de foto, un laberinto para niños donde se llega fácil a la salida. Mañana sigo.




Over.


domingo, 8 de noviembre de 2009

También esto.

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En Papúa Nueva Guínea, hay seres humanos que viven en los árboles, a quienes el big bang o la resiliencia los tiene sin cuidado. Se los devora el Sida. No viven mucho. Son felices o se entristecen. Regalan conchas marinas para pedir la mano de las novias. Es largo. O esto que sucede en Japón, los hikikomori que vomita el siglo XX, o estas chicas. Todo es extenso. Todo pesa. Estas chicas, ese beso...





Yasuko, de 19 años, suele refugiarse en un karaoke cuando la soledad se hace demasiado intensa. "Por pocos yenes, puedes alquilarte un box todo para ti. Cierras la puerta y cantas. Cantas, hasta que te olvidas de ti, de todo."







Miho, 40 años. "Cada día es lo mismo. Todo es blanco, inmensamente blanco. Mi piel es blanca, mi habitación es blanca, esta ciudad es blanca. El futuro es blanco. Deja que me ponga el kimono."




Over.



Palabrotas

Mierda que estaba enojado...


Cuando tu discurso ronroneaba bajo tu pecho, y yo, rendido, me llenaba de signos de exclamación, no hacía más que creerte. Tanto que al final terminé respetándolo. Trato de decirte que tengo el coraje de bancarme tu discurso, ese mismo al que le huís como las ratas a la luz.



Over.

Pozo negro

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Ya no importa si queda tinta o papel,
Si aturdimos al vecino o me salvás otra vez.
En esa distancia imposible que es el tiempo pasado
Nos conocemos o nos detestamos, desaparecemos,
Nos vemos por los ojos y la palabra después
Todo vale y ya no importa, cuando todo pesa
Los muertos y tus cuentos son la misma fe.



Over.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Palabritas

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Una máquina de carne y dolor, amando amaneceres mientras el amor se quema de luz. Se quema y renace, hiperceniza del tiempo.

Seré lo que me digas, lo que hago y lo que destierro. Un padre es un montón de manos agarrándome de los pelos. ¿Has gritado lo que sueñas?

Entonces seré la máquina de carne y amor, atardeciendo tus enaguas. Con estas líquidas manos, desde el centro de mi deseo, agarrándote de los pelos y haciéndote callar.



Over.

Curioso, curioso.

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Desde un punto de vista estadístico, la casualidad vendría a ser una irregularidad con carácter de excepción. Fuera de la estadística (¿cuán grande es ese lugar?), las explicaciones se desparraman entre lo esotérico y lo religioso (que vendrían a ser lo mismo), por un lado, y lo psicológico por el otro.



A mí me pasó así: Cuando estoy llegando a la mitad de "Crónica del pájaro que da vuelta al mundo", del imparable Murakami, se me da por leer "Man in the Dark", de Paul Auster. Bien, dejo el primer libro cuando el personaje había caído dentro de un pozo en un jardín, del que no podía salir ya que era muy profundo. Levanta la cabeza y ve, recortando la luz del cielo, la cabeza de una mujer, quien finalmente le tenderá una soga para que salga.





En el libro de Auster, después de algunas páginas, un hombre está en un pozo, escucha ruidos y disparos desde allí abajo, pero no puede salir porque es muy profundo. Hasta que un hombre se recorta en la claridad y lo saca de allí. Me sorprendo, claro.

Total que en el cable pasan Chinatown, y otra vez veo esa gran peli de Polanski, con un Jack Nicholson tremendo. Mientras la miro, ratifico que para mí, Marlowe, Spade y hasta el vernáculo Etchenike, son aquel J.J. Gittes, con sus ayudantes, o su oficina, o su picardía, o su soledad.

Bien, busco en la computadora y veo que tengo La Señal, la peli de Mignona, con lanzamiento póstumo. Más allá de las debilidades de la película (muchas y obvias), otra vez el investigador privado, el ayudante, la picardía, el caso de una mujer que miente, impostores, muertes y desilusiones.

Ahora estoy volviendo a Felisberto Fernández. No quiero sorpresas.




Over.




lunes, 2 de noviembre de 2009

The living dead

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Hablamos de la duermevela, pero yo le digo que no, que quiero decir otra cosa, y ella ensaya palabras y casi sonriendo se justifica, no puedo evitar los libros. Me quedo pensado en esa línea: no puedo evitar los libros. Metamensaje, le digo, lo que no podés es evitar, son las definiciones que leíste en los libros, las clasificaciones, no los libros en sí. Por eso yo soy médica y vos escritor, me dice Ceci, si fuera al revés, la gente se moriría de dolor y de aburrimiento. Evitamos la muerte, exagero. Exagerás, cariño.

Algo que vela el sueño, esos minutos previos antes de caer. Por ejemplo la veo frente a mí, ensayando una respuesta para todo. Le lleno los labios con palabras, yo le digo, ella me dice. Yo le hago decir. Insiste con lo mismo. Entonces yo le digo que me queda mi mitad y su mitad, y que la mitad que ella niega, termina cansándome. Gracias que puedo con mi cuerpo, como para andar con lo que ella niega. En verdad no lo niega, lo rebaja o le quita importancia. Es como amar a un muerto, todo el trabajo lo hace uno sólo. O bien el muerto es uno, y ni se da por enterado.

Síndrome de Cotard, me interrumpe Ceci. Tan literario, ¿no? Me explica el síndrome. Me dan bronca sus acotaciones. LE digo que me dan bronca su acotaciones, y ella me entiende y se besa los dedos y se los lleva a cada mejilla. Tendrías que quitarle el velo a los sueños, diría el psicólogo. ¿Para vos el psicoanálisis es una ciencia? Ni para mí, ni para nadie, pero qué importa. Es cierto, no importa. Nos miramos y repetimos a coro: resultados.

Vamos a comer algo rico, dale. Pará las rotativas. Qué antigua, nena. Habló el adolescente, andá a lavarte las manos, querés.


Over.




martes, 27 de octubre de 2009

Pozo negro

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No quiero traer nada del sueño
Sólo llevar a él, tu memoria, por ejemplo,
O esta reunión de acentos imposibles
Mi mano tanteando tu boca
El fantasma que el espejo niega,
Yo qué sé, un viaje cerca,
La síntesis de un pozo eterno
Un error de tiempo y no te vas

Nada de flores, de cartas, de abrazos,
Una suma de raíces que te nacen,
O mejor lo que hubieras sido a mi lado
Respirando con dificultad tu excesivo tabaco
Algo que brota en el medio de lo apagado.

Soñar al revés, despertar hundido,
Yo puedo crear este mundo de palabras
Pero no puedo soñarlo, porque siempre vuelvo
La taza de té rueda sobre el piso y no se rompe
Los Beatles no murieron, o yo te suelto la mano.

Negocio los días, trafico mi vida, y siempre suspendido
El sospechoso rocío de la muerte.
¿Seguirás pensando lo mismo cuando no podés dormir?



Over.

Y, quién dice.

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- No, yo estaba allá enfrente, y escuché los tiros, bueno, fueron como petardos, yo me doy vuelta y veo una persona subiéndose a una moto y se van.

- Sí, pero los dos tenían los cascos puestos, era una moto de esas que hacen mucho ruido y tienen ruedas grandes.

- Nada, me quedé como congelado, miraba y me daba miedo, pero al rato me acerqué y el tipo estaba tirado boca abajo, ni lo toqué, llamé a la ambulancia, pero primero llegó la policía y lo tocaron pero ni se movía. “Fiambre, viejo”, dijo el policía que le miró la cara. Después llegó la ambulancia y los médicos lo tocaron, lo movieron, y dijeron que estaba muerto.

- Sí, cuando lo levantan le veo bien la cara, porque estaba oscuro, y me parece que el policía lo iluminó con la interna, y ahí me doy cuenta de que es el pibe que reparte los diarios en el puesto de la esquina.

- Sï, algunas veces hablamos, un pibe de unos veinticinco años, más o menos, venía del sur, de Chubut, creo. Sí, de Chubut.

- No, bueno, sí, pero tampoco puedo saber si tuvo algo que ver. Al parecer el pibe se había dado cuenta de que los diarios que le llegaban, sí, ese diario, le decía, parece que no eran todos iguales.

- Le explico, parece que en uno, por ejemplo, aparecía una noticia en la página 4, y en otro, había una noticia totalmente diferente, en una hablaban de un robo, y en otra de una investigación sobre drogas. Justamente, me lo comentó una vez y me lo mostró, era rarísimo, en uno decían que la inflación era de un número, mientras que en el otro, decían que todo estaba estable. Pero bien diferente, eh.

- Sí, se lo había comentado al patrón, pero no le llevó el apunte, y me decía que iba a llevarlo a la televisión, que a lo mejor se ganaba unos mangos.

- Hace unos días, dos o tres antes de que lo mataran. ¿Usted cree que tiene algo que ver?




Over.

martes, 20 de octubre de 2009

Pozo negro (coda de insomnio)

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Atravesado de espejos, soy cristal de tu cuerpo
azotado por tus transparencias, hojas muertas
palabras reflejadas, eso también eres,
y a la vez soy.

Soy. Y vuelvo para ir.





Over.

Pozo negro

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Cría noches, negra suerte,
Tu sistema de pulsos de manual
Tu impostada vida de pueblo, siesta negra

Cría noches, y soy tu destino,
Costumbre de piel sobre piel
Un eco de guerra, o este vacío-palabras



Over.

domingo, 18 de octubre de 2009

Carlito's last words... Apaguen todo!

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Gail's gonna be a good mom.

New, improved Carlito Brigante.

Hope she uses the money to get out.

No room in this city
for big hearts like hers.

Sorry, baby.

I tried the best I could. Honest.

Can't come with me on this trip, though.

Gettin' the shakes now.

Last call for drinks. Bar's closin' down.

Sun's out.

Where we goin' for breakfast?

Don't wanna go far.

Rough night.

Tired baby...

...tired.




Over. (Amén)

lunes, 12 de octubre de 2009

Seguí vos.


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No teníamos idea del cadáver exquisito, menos de Breton o Eluard. Pero esa noche, con el pequeño anotador de espirales, uno de esos cuadernitos baratos que se venden en la calle para que uno pueda apuntar vaya a saberse qué, en esas hojas, Tini comenzó la oración. Escribió unas palabras, le puso una coma, y me dijo, ahora seguí vos. Lo mismo, unas palabras, una coma y de vuelta a Tini.

Estábamos escribiendo el mundo, inflamando una idea que nadie sabía, una obra de arte, exclusiva, éramos, por qué no, genios en acción.

Nos aburrimos y tomamos café y el licor de una botella que andaba por ahí. Yo sabía que no, y ella también lo sabía, pero el brazo de la noche joven es frenesí, y el cadáver estaba vivo aún. Quizás por eso llegó Lina, como siempre decepcionada de la película, del novio, del obvio engranaje de los hombres. ¿Qué hacían?, preguntó.



Ah, Dije Eluard.


Pluma de agua clara frágil lluvia / Frescor velado de caricias,/ de miradas y de palabras. / Amor que vela lo que yo amo.


Viaje del silencio / Desde mis manos a tus ojos / Y entre tus cabellos / Donde unas doncellas de mimbre / Se adosan al sol / Mueven los labios / Y dejan a la sombra de cuatro hojas / Alcanzar su cálido corazón de sueño.


Ahora, sí.


Over.


martes, 6 de octubre de 2009

Mágico

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Ese tipo que ven en la foto se llama Arturo Miguel Heredia y es diputado por la provincia de Córdoba, aquí en Argentina.

En estos días se agarran todos de los pelos por la nueva Ley de Radiodifusión. Un tema para hablar y hablar. Pero comparto este momento mágico, casi irreal. El diputado este, que gana unos 18500 pesos mensuales, es decir, unos 4700 dólares, es decir, unos 3200 euros, no tuvo mejor argumento contra la ley, que decir que se está matando al Pato Donald.

Mozo, otra cerveza!





Over.

lunes, 5 de octubre de 2009

Pozo negro

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La noche trajo al agua, pero ahora es día
Y el calor propone esta lluvia inversa
Que de los pies a la frente nos transpira el humor

Dije: la noche trajo al agua, pero no dije vos aquí
Ni de día ni subiendo por la piel de mi pasado

No dije que todo cala mi cuerpo, algo que obstruye
Tu meridiana hora del amor a cualquier hora.

La noche bajó el agua de los días, sobre este techo
Tan acostumbrado a detenerte, a demorarte, a gotear.

Somos grietas, filos que se tientan, viajes cerrados.
Te leo como la lluvia que lee esta noche, y siento la muerte
La muerte brotando a mis pies mientras te doy vida.



Over.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Pozo negro




Todo oscila: una noche de nieve

Mis años en tus años o las voces del reloj
Sos un tumulto de cifras
(Vos las llamás símbolos)
Decía, esas cifras oscilan, un lago de mar
Una posibilidad de luz, tu última palabra.
Oscila la imagen: me devolvés las llaves,
Cerrás el tiempo en mi mano vacía y yo oscilo
Hay gestos conocidos en caras irreales
Palabras que flotan al borde de tu discuro
Tu discurso que oscila de madrugada
A ritmo acompasado, va y viene de la realidad
Mi pensamiento se oscurece y llega el futuro
Huérfano futuro de claves aprendidas
Las claves, las cifras, ¿los símbolos?



Over.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Julie Delpy. Antes de que llegue la noche.

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Haze, es la palabra, porque a veces es neblina, pero ahora es haze, que unta la mañana de museos y mermelada sin gusto. Antes de salir, sueño: un barrio lleno de niños jugando, una noche perfecta, cerrada de luces en esta casa, desde donde se produce ese olor a comida.
Bebemos nuestras cervezas y abrazamos a nuestras chicas, y reímos de aquella vez sin dinero. Pero yo veo en la cara de la cocinera, de la cocinera que ve en mi cara sus ojos. Veo que algo va a pasar, que todo esto no es así, que de repente todo será demolido por un accidente, una palabra, un gesto, cualquier cosa que me hará despertar mucho antes de haber pegado un ojo.

Dos películas se atraviesan en un imposible moebius plano. A los veinte y a los treinta, es lo primero. Mentira, señores, es todo un riesgo que deberá ser enfrentado, una quimera que descontrola si acaso solo intentas vivirla.

Un mediodía de gente que trabaja, responsables de hacer funcionar el mundo, para que tú y yo caminemos untados de la haze atemporal, tallando esta película junto a otros orfebres del viaje. No estamos aquí, pero todos nos miran, con ese desprecio y terror que se le adosa a todo lo que puede contagiarnos. Para bien o mal.


Están los que viven perdiendo aviones, con el certificado de inútiles que ya sabrán algún día lo que cuesta vivir. ¿Acaso ellos no viven? Hay quien nunca regresa, ni del tiempo ni del sueño, y termina husmeando el porvenir de raro descanso: un loop de años pasados que han clausurado la función. Hay quien reza el rezo de los justos, abombado de salvación cuando las cosas no marchan bien.

Tal parece que Julie Delpy es quien dice que es, tras sus personajes que sólo oxidan su carcasa. Empezó en Before Sunrise, siguió en Before Sunset, y no lo dudó en 2 Days in Paris, que como un compendio paralelo a las otras pelis, termina por hacernos entender lo que ya sentimos.

Se acerca la tarde agazapando noches de plástico, repitiendo el combo baño-cena-sexo-abrazame-me duele el brazo-dale, un poco, ya me duermo. Antes de caer, te digo que además de escribir tres libros, alguien debería rodar una película donde siga todo esto, cuando ya no seamos, para ver qué hubiera sido, agregándole lugares, por qué no.

Ellos van subiendo la escalera con respetuoso silencio, todos lo hacemos, subidos por el desamparo y la ilusión, mientras acariciamos un gato inmortal. Misteriosos gatos. La vida está atravesada de misteriosos gatos que nos miran paralizados, curiosos de vivir, los amamos.


Quizás, dentro de un tiempo, todo gire para este lado, los aviones no se pierdan o ya ni siquiera nos animemos a volar. Por caso, dios, familia y propiedad está siempre a la mano, como bálsamo existencial para que los que perdieron el rumbo, justo ahora que lo encontraron. En fin.

Nos queda el disco , nos obliga a cantarlo, a desconfiar de su sencillez. Ella escribe:


Toujours perdante, tu me tourmentes
Et tes désirs me prirent pour me détruire
Je prends un certain plaisir a souffrir
A me punir, a me repentir















Over.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Fuck forever!






Con su baby face y su pose de hermano menor de Johnny Depp, Pete Doherty es un arquetipo del rock star, ese que todos vimos en la caricaturesca película The Doors. Un cantante de la banda del momento, lleno de excesos, las mujeres a sus pies, la droga siempre a punto y la borrachera como dulce arrullo de penas. Todos queremos ser estrellas de rock, por siempre o por dos días, llegar, sentirlo, ver cómo se ve desde ahí. Como en aquel último concierto de The Police en el que Sting toma una cámara de video y empieza a filmar al público, diciendo: "ahora ustedes ven cómo yo los veo a ustedes." Una imagen que mareaba, con luces y gente…

Pete Doherty, junto a Carl Barât, era el frontman de los Libertines, la banda grunge pop más interesante de comienzos de siglo. Grunge - pop - garage - pseudo punk. Todo eso junto en una licuadora, con una voz dulce, atravesada por el acento de Rotten y la calidad de Joe Strummer en la lírica.



Pete Doherty es, también, el frontman de Babyshambles, que sería algo así como los Libertines, pero quitándoles el sonido grunge y agregándole un poco más de overdrive a las guitarras. Ojo, nada de descrédito, todo lo contrario, hasta se podría decir que lo que perdió en energía, lo ganó en composición melódica, y el pop es mucho más digerible, más directo.

Ni los Libertines ni los Babyshambles han editado muchos discos, cinco de estudio entre los dos, y después ep´s, singles, y demás yerbas. Lo que sí abunda, eso sí, es el nombre de Doherty en las tapas de revistas, en la sección escándalo de de los diarios o en los programas de cable haciendo declaraciones en estado alfa. Pero ya tiene 30 años, y las estrellas de rock mueren o callan a los 27, por lo que quizás, entre en la década de la exploración personal y siga componiendo canciones que una vez más reivindiquen el poderío británico dentro del rock.

Last but not least, no es desconocida la habilidad de Pete Doherty para oler hits de otro y usar el mismo aroma en sus canciones. Con mayor o menor delicadeza, eso sí. Como sucede con Oasis, cada vez que escuchamos una canción de los Babyshambles no es inusual que nos asalte el clásico comentario: ”Esto me suena a otra canción”. No, no suena, sencillamente se acerca demasiado a otras composiciones.
Como botón de muestra, alcanza con “Fuck Forever” y su copia descarada a “De Música Ligera” de los argentinos Soda Stereo. O bien “Sedative” y su comienzo idéntico al enorme “High and Dry” de los Radiohead. O el repetido riff de “Delivery” que emula al “Hello, I love you” de los Doors, y a través de este último, al famoso “ All Day And All Of The Night “ de los Kinks.


Qué se le va a hacer, es así, no hay vuelta. Tan cierto como que la mejor producción de los Babyshambles es el ep “The Binding“, y que de allí surge una de las mejores canciones-himnos de esta primera década del siglo: “Sedative”.






Over.


jueves, 17 de septiembre de 2009

Pozo negro

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Miles de teléfonos flotando en el océano
La furiosa isla de los libros secos,
Llamadas de noches de frío, frías
Tu cálido invierno de desechos
Está todo lleno de sobras, me río.
Soy el poeta menos leído, el más premiado
Y aún así, aún así, a esta altura,
Ya crucé el mar, crucé los cielos,
Crucé los dedos, y aún sigo temiendo
No soltarte.




Over.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Por ejemplo.





Yo creo haber pensado en este invento, y tal parece, otro ya lo hizo realidad. Eso sí, le agregaría algún juego de espejos para poder apuntar. (Sí, está bien, que la bala se trabaría, que perforaría el caño, bué!!!)



Ametralladora curvada

Con un cañón para disparar en las esquinas y en las curvas.






Ahora, este invento es tremendo. No obstante, la relación entre sangre y jugo de tomate es un poco obvia. Debería medir el stress de un huevo duro o de una mandarina. Ay!


El escritor estadounidense de ciencia ficción y fundador de la Iglesia de la Cienciología, L. Ron Hubbard, utiliza su electrómetro para determinar si los tomates experimentan dolor. Su trabajo le llevó a la conclusión de que los tomates "gritan cuando los cortas en rodajas".








Over.



martes, 8 de septiembre de 2009

Pozo negro

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Baja por el río, un pez de plata:
su deseo de oro lo somete,
le muerde las branquias, lo flagela
lo agota.
Baja por el río, un pez de plata
su viejo sueño de oro, lo empuja
de piedra en piedra, su plata muere
ahora es oro, oro muerto en el deseo
bajando por el río, ya no come más.



Over.

Lo mismo

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Llegó Germán y se sentó en el banco de al lado. La clase de filosofía ya había empezado. Hablaban de Parménides, del famoso poema. Nadie le prestaba atención. A las diez de la mañana, supongo que es comprensible que poco puedan interesar las posibilidades de lo que es y de lo que no es. Germán me miró y me dijo algo que no escuché bien. Le pedí que me lo repitiera. “Si creés que podés, tenés razón; si creés que no, también”. Después ensayó una tímida sonrisa que intentaba cuestionar mi parecer. Lo miré y le dije que me parecía un lindo juego de palabras. Se le borró la sonrisa. Insinuó que no la había entendido, que la frase era exacta, brutalmente exacta. Allí quedó.

Uno o dos años más tarde nos encontramos en un bar de la calle Corrientes. Yo había llegado bastante más temprano y me había comprado América, de Kafka, en un volumen que incluía algunos relatos breves. Cuando Llegó Germán le dije que había leído un relato que se llamaba “Ante la Ley”, que me [b]había parecido excelente y que guardaba cierta semejanza con el poema Sobre la Naturaleza, de Parménides. No dijo nada. Enseguida, casi mecánicamente, le recordé la frase que me había dicho. Le dije que la había entendido. Le costó recordarla. Cuando lo hizo imitó la misma sonrisa de aquella vez. No hablamos más del tema. Creo que le restó importancia. Yo no.



Over.



lunes, 7 de septiembre de 2009

Giordano Bruno y las fuerzas oscuras.

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Primero que nada hay que dejar claro que el Equilibrio es un estado donde convergen distintas fuerzas, un punto especial en el que ninguna le "gana" a la otra y todo queda detenido. Aparentemente, claro, y Parménides lo sabía y, creo yo, dijo lo contrario sólo para contrariarnos. Es sabido: la lentitud es un atributo de la velocidad. La oscuridad, de la luz.

A ver, en principo no debemos olvidar que todos los cuerpos, incluidos el tuyo y el mío, producen fuerza de gravedad. Del mismo modo que Ud está sentado y no flotando, su cuerpo atrae con su fuerza a los objetos que lo rodean. Claro que con una fuerza muy pequeña, lo cual impide que su cabeza se estrelle contra la pantalla. Ahora bien, uno pensará por qué el universo no es una enorme sala de bowling descontrolada. Ahí entran en juego las llamadas "fuerzas oscuras", las cuales existen pero no se ven. Y son ellas, de algún modo, las que "tiran" en sentido inverso a la gravedad y todo se mantiene girando en una dulce y aparente estabilidad. Pero attenti: estas fuerzas van ganando la batalla a la gravedad, y son las responsables de que el universo se expanda y dé así la sensación de la curvatura del mismo. Uy, cómo se complicó todo, mejor vuelvo a lo que sé.

De niño siempre me pregunté por qué no somos capaces de detener nuestra mirada entre nosotros y una pared. Digo, en el "aire" que media entre nuestros ojos y el objeto. No nos animaríamos a decir que no hay nada en medio, pero de algún modo lo sentimos. Ese interregno sería el lugar que ocupan las fuerzas oscuras en el universo, y vaya que cumplen su función. Punto.

Ahora bien, ya me meto en problemas. Y para eso, nada mejor que irnos al siglo XIV, y toparnos con Giordano Bruno, cuya carne ardió en el año 1600 a manos de los defensores de la fe y la buena ciencia. Aquel 17 de febrero, no sólo se quemaba un hombre, sino que todo un sistema de pensamiento y modernidad, se reducía tristemente a cenizas. Pero vamos a lo interesante.

Giordano Bruno se caracterizó por defender la infinitud del universo, y lo expuso a través de diálogos cuyos personajes fueron creados para tal fin. Del fascinante libro "Sobre el infinito universo y los mundos", me queda una imagen preciosa.

Filoteo (alter ego de Bruno) dice: Si como dice Aristóteles, que el mundo está en sí mismo y que fuera del mundo no hay nada, (Nullibi ergo erit mundus. Omne erit in nihilo - En ninguna parte pues estará el mundo. todo estará en la nada), yo me pregunto, supongamos que llego a ese límite entre el mundo y la nada y extiendo la mano hacia el otro lado, entoncés qué, ¿la mano deja de ser y vuelve a ser según mis movimientos? Sublime, aplausos por favor! En otro pasaje anota: Está a la vista, pues, que cada cosa por otra es limitada: el aire fija el contorno a los montes y los montes al aire; nada hay, empero, que por fuera limite a este gran Todo. Otro aplauso por embellecer la explicación con poesía.

Nos queda claro que los límites son una sucesión infinita de fronteras que dan lugar a un aquí o allá segúnnuestro punto de vista. Y Giordano Bruno proponía todo esto sin conocer ningún Hubble dando vueltas por la atmósfera ni ningún VLT en Chile mirando lo que no se ve, surcando la distancia, palabra que en astronomía se borronea con la palabra tiempo.

De vivir en nuestros días, Bruno sería un amante de la neurobiología, de las astronomía más abstracta, o bien como dice mi amigo Francois, quizás fuera un piloto de avión o un campesino. Como fuese, su mente no pudo detenerse ante la evidencia de su tiempo, no pudo contentarse con la felicidad de ser el centro de un universo limitado, atravesando una vida que con suerte lo llevaría al paraíso después de que su aliento se detuviese. Estas personas suelen terminar en una hoguera, con un tiro en la frente o en la sien, o aislados en algún país lejano jugando al ajedrez antes de que sol agote su ocre. Como las estrellas que los todopoderosos telescopios transmiten, estos hombres y mujeres brillan su futuro y nosotros, ciegos al tiempo real, creemos ver su presente.

Al margen, por qué la pintura invisible marca Acme que usa el coyote no produce su invisibilidad al pote que la contiene? Pip Pip



Over.



domingo, 30 de agosto de 2009

Pozo negro

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Nunca debía nada, el tiempo era gratis
Y conocí el mapamundi de la luna
(¿mejor decir globo lunar?)
Los lagos de la luna, la música del mundo
La lectura de parado, la mirada del dueño
El subsuelo, los mapas (¿cartografía?)
O algún domingo en el San Antoni,
Buscando libros argentinos, fumando barato
Y el frío y todo lo que nunca sabrás.




Over.

Pozo negro

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Me doy vuelta, cierro los ojos.
El control remoto contra la pared,
Cuando se apaga la tele, oigo la estática
Ppggrshshs, y se detiene.
Aparezco en el patio de la vieja casa
Tu cara se aniña en mis ojos, debo decir algo,
algo como “yo fui campeón de voley”,
o “ya besé a una chica el año pasado
Te pregunto: “¿A qué hora es la cena?”
"Ni idea", me contestás, y te vas decepcionada
Yo sé que te vas decepcionada.
Antes de caer, me busca una posibilidad:
Sólo muere lo que se dice.




Over.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Uno de Browning.


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El poema no es otro que el famoso Love in a life, del no menos famoso Robert Browning.
Por qué elegí el poema: porque a diferencia de Spencer, y como sucesor de Donne, Browning tiende a intelectualizar los sentimientos, prescindiendo de la ornamentación nostálgica o melancólica de la poesía, para darle lugar a una visión en donde el papel fundamental lo lleva la razón. Sin embargo, este poema es amor, casi en estado puro.

Sé que no debí traducirlo, porquer no lo sentía así, porque sé que la traducción no es la más correcta. Pero tomé el desafío, y mal que mal logré esto. Cierro los ojos, y ahí va.




Habitación tras habitación,
Rastreo la casa en que vivimos juntos
Corazón, no temas nada, porque la encontrarás
La próxima vez, será ella misma, no el problema que ella deja
Perdido en las cortinas, el perfume del sillón.
Mientras las limpiaba, las flores de yeso florecían otra vez
Y el espejo se espigaba al ritmo de su pluma

Sin embargo, los días se gastan
Y la puerta deja atrás a otra puerta:
De vuelta tiento al azar:
Voy desde los extremos hasta el centro de la casa,
Y la misma suerte! Ella se va cuando yo entro.
Me paso el día entero en la búsqueda ¿A quién le importa?
Y cae la tarde, con tantas habitaciones por explorar
Tantos armarios por revisar, tantas alcobas por importunar”


I.

Room after room,
I hunt the house through
We inhabit together.
Heart, fear nothing, for, heart, thou shalt find her---
Next time, herself!---not the trouble behind her
Left in the curtain, the couch's perfume!
As she brushed it, the cornice-wreath blossomed anew:
Yon looking-glass gleaned at the wave of her feather.

II.

Yet the day wears,
And door succeeds door;
I try the fresh fortune---
Range the wide house from the wing to the centre.
Still the same chance! She goes out as I enter.
Spend my whole day in the quest,---who cares?
But 'tis twilight, you see,---with such suites to explore,
Such closets to search, such alcoves to importune!



Over.

A ver, tómese esta pastillita.




Es, por qué no, una humorada anacrónica, hay que tomarla así, como una nostálgica necesidad de reanimar viejas discusiones, cuando no existían pruebas ni certezas, y el campo era amplio, y todo el mundo podía tener razón, según el tono de su voz o la paciente persuasión que ostenta un buen discurso.

De no ser así, que en las postrimerías del siglo XX (porque el siglo XXI apenas empezó), sigamos con estas diatribas que tienden a fundamentar lo errado, digo, que después de tantas pruebas, certezas y hallazgos, todavía haya individuos dispuestos a dar cruentas batallas en lo concerniente a la salud mental, es, por lo menos, descabellado. O intolerable. O triste.

Una vez más, ahora en la Revista Ñ, se publica un artículo sobre la endeble contraposición entre el psicoanálisis (sí, leyó bien) y la medicación psiquiátrica. El aterrador mundo de los ansiolíticos y demás psicotrópicos y el magistral comando del psicoterapeuta, enfrentados con fiereza, anudados en una lucha sin sentido.

Dije: lucha sin sentido. No dije: pelea que daña a todos menos a los contendientes. Vamos al barro.

Es fama la historia que habla de una mujer esquizofrénica, “habitué” de guardias psiquiátricas. La mujer refería su continuo oír de voces que la aturdían dentro de su cabeza, que le hablaban, le daban órdenes, la sometían. Hasta que un médico, ya cansado de su relato, decide aplicarle una buena dosis de halopidol, conciente de que las voces se borrarían por un buen tiempo.

Dicho y hecho, la mujer mejoró su condición. Por eso, cuando el psiquiatra la vio en la guardia, supuso que la mujer venía por otra dosis. Contrariamente, la mujer refirió otro problema: “Doctor, ahora que las voces no están, me siento terriblemente sola. Las quiero de vuelta, por favor”.

Ahora bien, ¿lo descripto habilita a cualquier persona a suponer que una terapia psicológica es más efectiva, prudente o recomendable que la inyección de Halopidol? ¿Acaso es aceptable que se intente a través de la palabra, el alivio a un síntoma “eliminable”?

En este texto, la innecesariamente rebuscada María Moreno, quiere decir algo que no termina de decir, exponiendo su experiencia, pero enredada en un complejo desarrollo discursivo, cuando en realidad, lo que no debería haber en dicho texto, es complejidad.
Esta bien, aplausos para la escritora/paciente. Listo, silencio.

Ahora quiero hacer hincapié en esta declaración tan, pero tan “psi”:

Si me apuran podría decir, si no que soy más feliz, que puedo tomar la porción de felicidad que me permite el síntoma
” .

No, por dios, qué triste máscara para la mediocridad. Cuando la autora dice “felicidad”, ¿no está acaso utilizando un errado sinónimo de goce? ¿No es, por cierto, una apología de la vulgar posibilidad de “hacerse amigo de la enfermedad”?

Concluyo obviedades:

Que nunca nadie debe hacerse amigo de ninguna enfermedad. Es matar o morir. O que te maten, lo cual es bastante más penoso.

Que no hay dos veces de nada, que sólo hoy importa, y que nunca, pero nunca debe ser trocado por un anunciado mañana mejor.

Que se termina, pero antes hay demasiado tiempo.

Que hay pastillas que te ayudan a dormir, a sentirte mejor, a no tener alucinaciones, a no querer meterte el tiro. Nada más, el resto es vida, y es ahí dónde debería entrar la terapia.

Pero bueno, no soy nadie para hablar de estos temas, mejor pongo un disco de Ana Cañas, y mientras canto me hago el idiota.



Over y olé!

sábado, 22 de agosto de 2009

El comienzo de "Cartas"

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Yo creo que lo de “Cartas” tiene mucho que ver con aquella vez que estaba en el parque Rivadavia, en la feria de libros usados. Me acuerdo que estaba mirando libros y encuentro “Rebecca”, de un tal Ernest Lipstein; un ejemplar de tapas negras con dos o tres puntitos blancos perdidos por ahí. Lo doy vuelta y en la contratapa se resumía la historia:

Rebecca es una niña que ha vivido su infancia en el sur de los Estados Unidos. Su padre alcohólico jamás se ha interesado por ella mientras que su madre se escapa con un malabarista del circo que llega todos los años al pueblo. Hasta que un día Rebecca desaparece misteriosamente. Treinta años después, una niña huérfana triunfa en Hollywood y se convierte en la actriz más mimada del mundillo del cine. Bill Almis, un prestigioso periodista de Los Angeles, llega hasta la niña y quiere averiguar sobre su pasado.

Entonces la pequeña estrella le muestra un montón de cartas que les ha escrito a sus padres desconocidos durante los últimos cinco años. Por un hecho fortuito, Almis se entera de la historia de Rebecca, y cree ver allí un enlace cuya casualidad pone en duda. Almis y la pequeña estrella abren paso a una historia alucinante en la que dos niñas, en dos tiempos al parecer distintos, comparten una identidad sorprendente.

Me imaginé que la novela era una porquería, no sé por qué, pero me quedó grabado eso de las cartas que la niña les escribe a sus padres desconocidos. Por eso supongo que ese argumento viajó en mi memoria a la espera de ser utilizado, y aquí están mis cartas, mi ¿sección? “Cartas”, porque aunque en mi caso, si bien podría haber un destinatario, en realidad, ese nombre está contaminado por el tiempo y superpuesto a muchas otras personas, noches y juegos.

Le estoy escribiendo a alguien que existió pero que el tiempo ha vuelto un desconocido, cuya dirección me es un misterio, y cuyo pasado se entremezcla con un presente que intento anudar de algún modo.

Además, ahora se me viene la comparación entre una oficina de correos y una editorial. Son como dos canales posteriores, que nada tienen que ver con lo que envían. Las cartas que no se mandan y los libros que no se publican poseen una entidad inalterable cuya magia está en su contenido y no en su lectura. Escribo cartas que no envío, pero que leo, y eso es lo que me hace bien. El resto es otra cosa. Qué, no sé, pero es otra cosa, seguro.


Over.


lunes, 17 de agosto de 2009

Pozo negro

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Lleva hasta tus ojos el cristal de lo nombrado
Oye a los perros ladrarle a la rutina de la noche
La misma que calla el nombre prohibido
El diente del amor sujeto a su presa
El destello de lo oculto en el cristal

' (Como un prisma, anhelo de caras
)

Deja que se ahogue la furia de esa cruz

Bajo tu piel se enciende la suerte de verlo
Sus pasos en la casa, el beso en la frente.

Lleva el cristal hasta tus ojos y ciérralos
Deja que el grito mute en sueño y en amanecer
Un consuelo de tinieblas, te acecha en el día
Como vino se irá, alguna vez, de golpe,
Y para siempre.




Over.

domingo, 16 de agosto de 2009

La cabeza llena de gente. Y en casa también.

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Me aclaró Lina:
“De algún modo, nos rodeamos de gente para no darnos cuenta. Porque si estás mucho tiempo solo, digo, si tenés mucho tiempo para ver y pensar, entonces te das cuenta y no encajás. Vas al supermercado, a la farmacia, mirás discos, pero ya te das cuenta. Por eso, hay que llenarse de gente, de actos en la escuela, de reuniones familiares, de recetas de torta de chocolate. Es una cuestión de salud, ¿estamos?”


Igual, a Lina no le creo a nada.



Over.

Humor de color...mmhh


+




Over.


viernes, 14 de agosto de 2009

Palabritas

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Mientras obviaba el frío, yo, aún suelto de amores y sin cuidado, te dije que sería mejor juntar todo y estrujarlo y meterlo en la bolsa y cerrar la bolsa y después perderla entre la basura, porque lo parecido tiende a juntarse, se pega, se une, es como lo de las gotitas que se acercan y se hacen una gota más grande.

Pero vos no obviabas el frío, y fumabas sin ganas y el mundo estaba en otro lado. Pensamos en comprar unas plantas o irnos a vivir a un pueblito donde entonces seríamos los únicos referentes, o seríamos capaces de olvidar, o yo te diría la verdad, o algo, te hablaría de eso que se me nota como un borrón de tinta china en la nieve. Vulgar.

Llegaron los analistas, la marihuana y las pastillas que no se conseguían. Llegó la música en todos los idiomas, y yo siempre escribí bien y vos siempre escuchaste bien, hasta que todo se mezcló.

Vas a plagiar cada uno de los años, por descuido o por tenacidad, y los hijos serán escudos, y al final todo va a quedar amontonado, buscando un orden nulo, fastidioso, porque no es un orden. The dream was over so long ago.


Over (as the dream)

Tremendo

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Los neumáticos están preparando un ataque hacia la raza humana… Los perros intentan advertirnos desde hace años!

(Anónimo)


Over.

jueves, 13 de agosto de 2009

El niño pez.





Otra vez esa escabrosa traducción, la que convierte la expresión literaria en cine. Yo no sé si estará en el manual, pero ya todos sabemos que no hay película que honre a un granlibro, ni libro, seamos justos, que supere a una gran película. Todo lo demás, es posible. Mario Puzzo es el escritor del libro en el que se basó El Padrino. Hundido. El Amor en los tiempos del Cólera, es la película dirigida por Mike Newell, basada en el libro homónimo. Hundida.
Y en ese tacho ensombrecido, nadie ha resucitado. Fija.

El Niño Pez es la última peli de Lucía Puenzo, directora de XXY, y digna heredera de su padre. Y según detallan los créditos, está basada en un libro que Puenzo escribiera muchos años antes. Y se nota.

Está tan marcada la telaraña literaria, que uno fácilmente se da cuenta de que estamos ante un libro que se hizo imagen. Los diálogos angelicales de Efrón, la picardía de Emme, la distancia del resto de los personajes, el cuento en sí. El sexo lésbico. El inocente e ingenuo sexo lésbico que pierde fuerza en la escena. La escena filmada.

Las actuaciones son precisas. Emme (Mariela Vitale) se destaca con su acento guaraní. Inés Efrón hace, una vez más, de sí misma, como suele pasarle a ese otro gran actor, Daniel Hendler. El resto del elenco acompaña con buen tino, y Arnaldo André no desentona en lo más mínimo.

¿De qué se trata El Niño Pez? De un cuento que se hizo película, y que se agotó en el pasaje. No es mala, ni mediocre, ni aburrida. Es lo que dije: un cuento que se hizo película, y que se agotó en el pasaje. Listo.





Over.


sábado, 8 de agosto de 2009

La Parte del León. La primera de Aristarain.






Opera Prima de Aristarain, La Parte del Leon es una obra con altibajos técnicos y argumentales, pero que no hace mella a la grandeza de su filmografía.

Ambientada en los setentas, con la curiosidad de desdibujar a Buenos Aires y hacerla más una típica metrópolis donde el hombre se frustra, algo que comparten todas las grandes ciudades, la historia que da vida a la película tiene más rigor literario que cinematográfico (en relación al argumento), aunque el tratamiento está muy bien logrado.

La historia es simple: un hombre separado y sin trabajo, se topa por casualidad, con un botín millonario. A partir de allí, las peripecias para lograr que ese dinero pueda ser usado, se van desencadenado hasta darle forma a la moraleja que enseña que la ambición desmedida casi siempre termina mal.

Olvidando varios problemas de continuidad, de sonido y de iluminación, la película va logrando su objetivo: el increscendo de suspenso por la participación de ladrones y asesinos. El final, diría yo, redime de todas esas falencias antedichas, aun las de argumento, ya que hay por lo menos dos situaciones poco aceptables:
Por un lado, la forma en que el personaje se topa con el botín (un poco tirada de los pelos), que podría haber sido narrada de otra forma y sin mucho esfuerzo. Por el otro, una escena hacia el final, donde no se comprende por qué los ladrones no van en busca del hombre que les robó su botín, y en cambio eligen esperarlo con pasmosa tranquilidad.

La escena final nos deja una fotografía inolvidable, con una Luisina Brando disparando un demoledor: “Sos un pobre tipo”.

Al margen, la actuación de Julio Chávez, irreconociblemente joven, confirma su autoridad ante la escena. Julio de Grazia, impecable, al igual que Ulises Dumont. Y Cecilia Padilla, quien hace de hija de Julio de Grazia, sorprende con uan actuación extraña para le época, depositaria de una actitud misteriosa ante el peligro. En la escena con Chavez, deja lugar a una controvertida aceptación que asombra.
Por cierto, qué sera de la vida de esa mujer, porque que yo sepa, nunca más se supo de ella. Creo.


PD:”La Parte del León” hace referencia a lo siguiente:

Es una reminiscencia de la fábula de Esopo "El león y el onagro" (una especie de asno salvaje). Según cuenta el fabulista griego, los dos animales colaboraban en una jornada de caza hasta que cobraron una pieza y llegó el momento del reparto, en la que el león llevaba la voz cantante. Lo primero que hizo fue dividir el animal en tres partes y comenzó a efectuar el reparto: la primera parte era para él, por ser el rey; la segunda, también para él, en su condición de "socio a partes iguales" y, a llegar a la tercera, se detuvo, miró al onagro y le dijo: "Si no te vas de acá, la vas a pasar muy mal". Posteriormente, el modismo quedarse con la parte del león pasó a expresar el abuso de poder y la falta de equidad en el reparto, cuando uno se asocia con alguien más poderoso.





Over.


Yo quiero ser.

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Quizás sea, como suele ocurrir, más difícil explicarlo que vivirlo. A ver, tomando lateralmente la teoría de Bourdieu, la illusio podría dar respuesta al aparentemente inefable fanatismo por ciertas actividades sociales. Por ejemplo, cuando alguien sufre o se euforiza por el resultado de su equipo de fútbol, nosotros, los que no participamos de esa respuesta, nos asombramos hasta el paroxismo.
La solución radica en esa illusio que cito, esa participación dentro de un campus (vuelvo a Bourdieu), los lazos que unen a esos agentes que se mueven dentro del grupo. Participan de la illusio, los une, los amalgama, y quien no ingresa en ese sentimiento, no comprende nada.

Ahora bien, por qué se produce esa “Illusio”. La respuesta es simple: no importa. Lo que importa es el comportamiento dentro de ella, el alimento que la mantiene viva, la condición de intensidad y devolución que posee.

Volviendo al fútbol: si el equipo gana, nos enorgullece, alimenta nuestro capital. Si pierde, alimenta nuestra entrega ante la derrota, nuestro apoyo incondicional. Entonces, los colores, las banderas, la cantidad de aficionados, el grito de aliento, todo eso mantiene vivo el capital que acumulamos.
Por eso, cuando un jugador desprecia al club al que pertenece, o se descubre un fin exclusivamente mercantilista y de transacción de un sujeto para con el club en cuestión, ambas personas son denostadas y hasta agredidas por intentar herir o socavar los cimientos de la illusio por todos adorada.

Bourdieu habla de campos, de capital y de habitus, pero no acentúa la inevitable necesidad de identificación del yo con el Otro, claro que con un efecto pigmalion exacerbado. Ahí afuera marcamos un destino, una meta, una posibilidad de nosotros mismos; una posición anhelada, un capital a ser resguardado a toda costa.

Por lo tanto, la illusio es una forma del deseo, por un lado, y de la imposibilidad del mismo, por otro. En otras palabras: quiero ser lo que sé que no puedo ser, pero tengo una manera de convertir mi deseo en realidad a través de una fantasía desdibujada. No podemos ser tantos los que sentimos “mal”. Así se va moldeando nuestra entidad de vida más visceral: las ganas de seguir siendo.



Over.


martes, 4 de agosto de 2009

Pozo negro

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Fría sed de ti, básica,
cuando dejo que la tierra
se hunda en mis ojos
Cuando oigo y peso tu noche:
Leo y finjo tu noche.

Hasta aquí, ánima maldita
llegas y huyes, como la sed de ti
Básica de tierra en mis ojos
Ya no quiero pesar tu noche,
ni que me finjas, ni que me huyas

Fría sed de ti, ahorcando el deseo
Amarra del tiempo, luzazul
Luzazul, dije, amarra del olvido
No quiero pesar tu noche, ya no,
Ni la tierra que se agrega a mis ojos

Voy a parpadear un recuerdo, frío,
y cargaré de tinta y sangre y cielo,
Todo este barro de palabras, sediento
mientras nos huimos con desprecio.



Over.

jueves, 30 de julio de 2009

Con la frente marchita...



Soñé que estaba ocho años atrasado. Corría el año 2001 y yo sabía que en realidad no era así, que las cosas ya habían cambiado y que yo ya había vivido ocho años hacia adelante.

Veía a mis amigos con extraños teléfonos, coches que en mi ahora ya son viejos, gente con la que aún no me había peleado. Amigos que persistían. Gente que no había muerto aún.

Yo sabía todo, que tarde o temprano se iba a detener, que yo volvería a cargar los ocho años de distancia, que los teléfonos se modernizarían, que los coches serían más veloces, que ciertos ojos ya no me mirarían. Y otros ojos cerrados.

Al despertar, tibiamente pensé: acabo de soñar algo increíble. Pero pasaron las horas y me di cuenta de que la sorpresa se hacía angustia. Soñé algo terrible, insoportable. Saber qué sucederá, sin poder aislarse, sin poder decirle a nadie: sabés, dentro de ocho años pasará esto y aquello, te habrás muerto, seguiré sin tenerte. Daba lo mismo si me creían o no, no cambiaría en nada mi sentimiento. Evalué que la felicidad jamás puede prescindir de la sorpresa, de la ignorancia, de lo que vos llamás fe y yo no estoy de acuerdo.

Con el tiempo se diluirá el sueño, como tantas cosas que pasan o las horas que se agotan en sí mismas. Volverá en cuento o anécdota. Pero la palabra volver adquiere otro significado. Sí, señor.



Over.


lunes, 27 de julio de 2009

Cuarteto para Autos Viejos

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"Las cosas pasan, y siempre dejan algo que se ignora"


Creo que primero llegó de la mano del cine: esa tentación de unir historias que pueden o no tener que ver entre sí, aunque como si una ley no escrita debiera ser acatada, siempre se “debe” ver el gastado hilo conductor. En el caso de esta novela, Vitagliano comienza muy bien, retratando el sórdido desarrollo de una pareja que se hunde pero no puede separarse. Infidelidades y resignación, dos tópicos bien tratados para el hombre que hacía las casitas con fósforos usados, y Leticia, la mujer que contempla esa distracción sólo para fundamentar su retirada.

Dije: comienza muy bien, pero no dije todavía que cada historia va perdiendo fuerza, quizás no por su argumento, sino por la forzada necesidad de hilación. De repente nos vamos dando cuenta que ella es la amante de él, quien a su vez se sube al taxi del compañero del otro, hasta que en un hospital está la hermana del primero, y así se cierra el espacio de personajes. Esa frágil cornisa que media entre la literatura y la telenovela, aquí, se va corriendo todo el tiempo.

Termino: una novela aceptable, que podría haber sido mucho mejor, adivino, si se hubiese prestado más atención al argumento que a la estructura. Quizás la próxima esté mejor.

Al margen, es sorprendente, y lo señalo en referencia a otra novela que acabo de terminar de autor argentino, la cantidad de errores de ortografía o sintaxis. Me refiero a tildes (“que” y “como” cuando indican interrogación o exclamación de forma indirectas) o bien falta de relación entre algunas estructuras gramaticales básicas. No es culpa del autor, porque en miles de palabras, es lo más común que suceda. Llama la atención cómo editoriales de la talla de Anagrama, o bien Eterna Cadencia, en este caso, no recurran a correctores más prolijos. O que les paguen a los que tienen. Parece una tontería. No lo es.




Over.