lunes, 2 de abril de 2012

"Je m'en vais, mais l'amour demeurera toujours", oh, la, lá!



Hay historiadores que sólo cuentan lo que pasó. Otros que entienden y analizan eso que pasó. Otros que entienden, analizan, y deciden contar otra cosa para que la confusión lleve agua a su molino. Otros que se dedican a interpretar los hechos y los cuentan ya interpretados. Yo prefiero los primeros. Y dentro de ese grupo está Adolfo Carrillo, historiador peruano que vivió sus últimos treinta y dos años en Pucusana, la tierra donde según Fréderick-André Ángel, los cadáveres eran amarrados para que no regresaran en forma de fantasmas.

Lo cierto es que Carrillo nunca gozó de gran popularidad, y aunque por algunos años fue lectura obligada en los manuales escolares, a partir de la presidencia de Belaunde, se fue perdiendo su huella popular para transformarse en historiador para historiadores. Ok, mejor vayamos al grano.

Resulta que Carrillo realiza un viaje a Francia ya que estaba estudiando el reinado de Luis XIV. En dichas investigaciones, se topa con el que sería, a mi entender, uno de los descubrimientos menos conocidos sobre los colaboradores del Rey Sol.

El hombre en cuestión es Jean-Baptiste Colbert, ministro de finanzas de Luis XIV, responsable de cientos de obras realizadas en París y demás ciudades francesas. Pero al parecer, su dolor más profundo fue el rechazo de Marie Le Tellier cuando apenas había finalizado sus estudios en el colegio jesuítico. De los textos rescatados de aquella supuesta relación (así se cubre Carrillo vaya uno a saber por qué), hay dos cartas que compilan el brutal cambio de sentimientos. La primera misiva, fechada el 18 de febrero de 1642, emociona: “Secreta y musical / tu alma me ha cegado / la ley de la fuerza fue abatida por tu gesto / Frágil y final como el papel en la hoguera / me consumes y me vences / A tus pies mi armadura y mi escudo / ya son tuyos, hoy, que es igual a siempre."

Pensando en la época, la declaración de amor es extrema, y habla de la impotencia de los actos de la propia voluntad rendida al designio de la amada. Los últimos dos versos, precisos, condensan la entrega total a la mujer, y expresa el sentimiento del amor como atributo de la eternidad; un "hoy" que es siempre.

La segunda misiva, cuatro años más tarde, es feroz: "Cuando muera cada una de tus horas / cuando ya no puedas detener la noche de tus días / cuando el destierro de tu carne devore tu infiel resistencia / entonces volverás por el camino de las negras aves / Y mis ojos, tus ojos, serán lo último que verán".

El dolor se convierte en amenaza, pero en la amenaza fría del desamor, con la furia destemplada de la amargura que el tiempo no pudo borronear. Al parecer, Colbert cumplió su promesa, pero secretamente pagó su crimen anhelando que su amada Marie pudiera ver todos los logros que había conseguido para su país. A ella le dedicaba sus victorias, a la muerta que viva no lo deseaba. Como la canción que Sumner escribió hacia 1982, donde expresa la obsesión del amante que ante la negación de su deseo, prefiere acercarse a la ilusión de llegar a poseerlo por el simple propósito de perseguir a su amor. Y la advertencia refuerza aún más el plan.

Adolfo Carrillo murió en Pucusana, el 8 de enero de 1994. Según su esposa, Maria Elena Imaí Fuentes, todavía quedan muchos trabajos que el historiador jamás entregó a la imprenta.



Over.


Pd: Sting versionó Every breath you take de todas las formas posibles. La mejor sigue siendo la del disco. Qué buena canción.

Amit, apunte: “Toda literatura es testamentaria”, y si lo dice Derrida...

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