lunes, 13 de junio de 2011

Y se acabó.


Plano, igual que el frío, el cielo está detenido en su azul indiferente. Hoy, templando la memoria, regreso a Los Suicidas, de Di Benedetto. Y confirmo la genialidad, otra vez, de los años que no roen las palabras, el estilo, la estructura. Todo. Nada.

Si en el epígrafe dice que: “Todos los hombres sanos han pensado en su propio suicidio alguna vez", citando a Camus, yo le agrego que: “Saber que es posible el suicidio, es en gran medida consuelo para seguir viviendo”. La vida que no es el sueño. A diferencia de la primera, en el sueño no hay salida, no existe esa puerta final que borra la memoria.Despertase no es morir, porque la pesadilla sigue, vuelve, se hace signo o síntoma.

Los Suicidas ostenta una precisión apabullante. Nos presenta una estructura diferente y nos obliga a meternos dentro de ella. Enseguida nos parece fácil porque entendemos, pero es tan complejo el estilo que eso mismo lo hace soberbio.

Quizás la historia no se destaque (ya casi ninguna trama ostenta originalidad). Quizás se arme alguna hondonada hacia la mitad del libro. Quizás desentone el tratamiento que se le da al sexo (no es una cuestión histórica, es poética, sea cual sea la época). Pero qué nimias las observaciones. Cuán débiles para horadar siquiera el nivel de una de las mejores novelas del siglo que pasó.

A lo de la famosa trilogía de Di Benedetto, repetida hasta el hartazgo, yo sólo agrego que no la considero tal, que Zama es tan genial como Los Suicidas precisa y El Silenciero asombrosa. Que los personajes masculinos pueden ser una versión urbana del lobo de Hesse. Que las mujeres se arman como sutiles materias del deseo y la desolación. Y algunas cosas más, está bien, pero no subscribo a tal serie. Por muchas más razones que las anteriores.

Las últimas líneas y la estocada final de Los Suicidas, constituyen, para qué discutir, uno de los mejores finales que he leído en mi vida, y que seguramente leeré.

¿Por qué Di Benedetto no está en el altar reservado a unos pocos? Probablemente porque los lugares los otorga alguna academia o editorial, y para variar, se han olvidado de uno de los más grandes escritores de todo el siglo XX. Pero eso lo sabe todo el mundo.

Over.

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