miércoles, 31 de diciembre de 2008

A. está mejor

Cuando trabajaba en el estudio Contable, cada mañana, el jefe me daba el dinero para que viajara todo el día visitando clientes o pagando cuentas A la tarde, me pedía los comprobantes de cada gasto y yo debía devolverle la diferencia. A los dos meses dejó de hacerlo así que yo simplemente le decía los gastos de viajes que había tenido y eso era suficiente.

Recuerdo que aquella noche me acosté pensando la cantidad de dinero que podía conseguir si inventaba viajes y en su lugar caminaba a todas partes. Sentí por primera vez que iba a tener mucho dinero. Y justo al otro día me encuentro con A. y le cuento sobre mi nueva empresa, que por poco me compraría una casa en menos de un año. Me acuerdo de que me miró, pero ella no estaba ahí, quizás a esa hora, en ese minuto, el mundo no era lo que tenía que ser, y eso le pesaba en los ojos y por eso me escuchó y no me dijo nada o a lo mejor qué bueno, buen plan, o algo así. Pasaron muchos años. En aquel trabajo duré seis meses, no me hice millonario y sé que A. está mejor.



Over.

No hay comentarios: