viernes, 7 de marzo de 2008

A candle for Cuqui

Cuqui era buena, me hacía el Nesquik y hablaba lento, como la caricia que subía a la cara y se demoraba hasta sentir el calor de la palma. Y tenía un empapelado horrible en el living, y se reía y encendía velas para Dios y María santísima. Le decía, Cuqui, encendeme una vela a ver si mi novia me da bola. Yo sé que lo hacía. Pero se fue antes de que terminara la película. Mientras hay tantos otros que la sobreviven y encima opinan. No se van los malos ni se quedan los buenos, eso ya lo aprendí. Por eso mismo no creo en los milagros. Y lo del Misterio, bueno, cambio de canal antes de que siquiera empieces a hablar. Ella creía. Yo no. Por eso, seguro que mucho antes de que le dieran la morfina, ella ya se sentía mucho mejor.

2 comentarios:

Mariana dijo...

Él le decía Cuqui... yo Kuky.
Le encantaba hacerle el Nesquik a Hernán porque era el amigo que más quería de su hija.
La hacia reir... la enternecía. Y las velas funcionaban.
Ahora no nos queda nadie que crea por nosotros. Gracias por prenderle una vela a Cuqui/Kuky. Creo que nadie lo había hecho porque era ella la que lo hacía por los demás. Gracias!

gasper dijo...

"Los milagros van a estar de tu lado cuando comiences a creer..." Si la vida es sueño, lo positivo es creer en las bondades de la vela, de la llama de la vela, de la cera derretida en el plato. Creer y creer y creer en todo lo que nos hace bien es de una inocencia tan simple y pura como la que tenemos cuando llegamos y nos vamos de este mundillo.